53. Dudas

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A veces me pregunto si soy idiota.

No en plan dramático, sino... honestamente. ¿Quién vuelve con la persona que le rompió el corazón en pedazos? Pues yo. Mia Howland, la romántica empedernida, la tonta que creyó en las segundas oportunidades. En las terceras, si contamos mentalmente todas las veces que me prometí no volver a confiar y luego lo hice.

Llevamos un año juntas otra vez. Un año intentando recalibrar todo lo que se rompió cuando Billie decidió acostarse con ese tío —todavía ni puedo decir su nombre sin sentir un pinchazo bajo las costillas. Dos años separadas, yo intentando rehacer mi vida, ella apareciendo cada tanto como si todavía tuviera derecho a asomarse a mi ventana emocional.

Y ahora... ahora estamos otra vez en este bucle nauseante. Billie diciendo que Nat Wolff es solo un amigo. Billie riéndose demasiado con él. Billie desapareciendo entre bambalinas después del concierto con él "porque necesitaba desahogarse de la adrenalina". Billie y Nat, Billie y Nat, Billie y Nat.

Y yo, con una sonrisa congelada mientras estoy de gira con ella.

No sé si vine como novia o como groupie de las que se pegan a la barandilla de una barricada emocional.

Hoy ha sido Berlín. Mañana será Londres. Y yo sigo aquí, mirando cómo ella le pasa el móvil a Nat para enseñarle un meme mientras yo finjo que contesto un correo importante.

La verdad: estoy respondiendo a Lea.

Mi salvavidas irritante.

Lea: Te lo dije, Mi. No tenías que volver con ella.

Yo muerdo el labio, tecleo despacio para que Billie no note que estoy a punto de desbordarme.

Yo: No empecemos, por favor.

Lea: No estoy empezando, estoy continuando lo que llevo avisándote desde hace un año. ¿Qué esperabas?

Cierro el móvil, lo dejo boca abajo en la mesa. No necesito más lecturas de mi conciencia con nombre y apellidos.

El autobús de la gira vibra bajo mis piernas. Billie ríe al otro lado, esa risa tan suya, con aire, con brillo, con vida. Así reía conmigo antes. Así me miraba a mí cuando yo era su universo y no su opción cómoda.

Se acerca un técnico con unos cascos, Billie los prueba, hace una mueca adorable. Nat se los coloca bien y le acomoda el flequillo con la mano. Con la mano. Como si tuviera derecho a tocar algo mío. Algo que llevo intentando proteger desde que decidí perdonar lo imperdonable.

Mi estómago se revuelve.

Me levanto. Voy al baño del bus, me encierro, me miro al espejo.

Tengo cara de agotada. No del viaje. Del miedo.

—No seas paranoica —me susurro, aunque la paranoia suele ser la hermana nerviosa de la intuición. Y mi intuición está chillando como si viera fuego.

Respiro hondo, saco el móvil otra vez.

Yo: No sé si estoy exagerando. Pero le toca el pelo. Y ella le mira como... como antes me miraba a mí.

Tardo cinco segundos en recibir respuesta.

Lea: Estás volviendo a donde estabas hace tres años. Sal de ahí antes de que te haga trizas otra vez.

Cierro los ojos.

Lo que más me irrita es que lo dice porque me quiere. Y lo peor es que puede que tenga razón.

Escucho a Billie fuera, llamándome:

—Mi? ¿Estás bien, bebé?

Qué ironía —ahora se acuerda.

𝕆𝕟𝕖 𝕊𝕙𝕠𝕥'𝕤 (𝔹𝕚𝕝𝕝𝕚𝕖 𝔼𝕚𝕝𝕚𝕤𝕙)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora