Salir a la calle con Billie se ha convertido en una especie de experimento social, desde que publicó aquellas historias en Instagram con nuestras fotos, hay una energía distinta en el aire, no sabría explicarlo bien, no es miedo, pero tampoco es tranquilidad, es más como andar bajo una lluvia fina de miradas: constante, leve, inevitable.
Quedamos para comer en un sitio pequeño, un restaurante de esos que te recomiendan porque es "discreto", pero que claramente todo el mundo conoce, Billie se presentó con gorra, gafas oscuras y una chaqueta demasiado grande para junio.
—Pareces un agente encubierto del FBI —le solté, riéndome.
—Es mi look post-confesión pública —me dijo, encogiéndose de hombros—. Ojalá me confundieran con alguien irrelevante.
La tomé del brazo mientras caminábamos hacia la mesa, a pesar del disimulo, ya había un par de personas con el móvil en la mano, no grababan, todavía, solo susurraban entre ellas, como si dijeran: "¿Es ella?", "¿Esa es la chica del lago?".
Me senté frente a Billie, y ella pidió agua sin gas, yo pedí vermut, porque me sentía valiente o torpe, no lo tengo claro.
Todo iba bien, de verdad, comimos, reímos, Billie me pasó un trozo de su burrito diciendo que sabía a infancia en Los Ángeles y le robé una patata cuando no miraba, como en los viejos tiempos, como si los focos nunca se hubieran encendido.
Pero entonces ocurrió.
Una chica se acercó a nuestra mesa, tendría unos veinte, llevaba una camiseta con el logo de Happier Than Ever y las manos le temblaban como si llevara un terremoto por dentro.
—Perdón... ¿puedo...? —nos miró, nerviosa—. Es que... os admiro mucho. A las dos. Desde hace años. Y... solo quería decir que me hizo muy feliz veros juntas otra vez.
Yo me quedé en shock, Billie sonrió, un poco torpe, un poco emocionada.
—Gracias —dijo ella, suave—. ¿Cómo te llamas?
—Lara.
Billie le firmó la funda del móvil, yo no sabía si debía quedarme quieta o sonreír o desaparecer bajo la mesa, pero entonces la chica se giró hacia mí y me cogió las manos.
—Gracias a ti también, porque sé que no debe ser fácil estar con alguien tan expuesta, pero los que te conocimos por ella, te recordamos y te queremos.
Me entraron ganas de llorar, pero me limité a apretar sus dedos y sonreír.
—Gracias, Lara, de verdad.
Cuando se fue, otras dos personas más se acercaron, una pareja, nos saludaron, pidieron una foto desde lejos, nada invasivo, todo fue... increíblemente respetuoso.
Cálido. Humano, en el fondo, creo que Billie esperaba lo contrario.
Ya de vuelta en mi piso, mientras dejábamos las chaquetas sobre el sofá, noté el silencio denso de Billie a mi lado, se sacó las gafas, se frotó la cara y se quedó sentada en el borde del sofá como si le pesaran los huesos.
—Lo siento —dijo de pronto—. Por hoy, por haber salido, por exponerte así.
Me giré para mirarla, confusa.
—¿Estás de broma?
—No, Mía... no quiero que esto te agobie, no quiero que sientas que no puedes salir a la calle conmigo sin que alguien te reconozca o te mire o te juzgue y menos si es por mi culpa.
Me acerqué despacio, me senté a su lado y le tomé la mano, la tenía fría, como si llevara horas caminando bajo la lluvia, supe que no era por el día de hoy, era por todos los días anteriores, por todo lo que arrastraba desde que decidió volver a mirarme como antes.
ESTÁS LEYENDO
𝕆𝕟𝕖 𝕊𝕙𝕠𝕥'𝕤 (𝔹𝕚𝕝𝕝𝕚𝕖 𝔼𝕚𝕝𝕚𝕤𝕙)
FanfictionLa relación entre Mía y Billie tanto en el presente como en situaciones y momentos en el pasado (+ mensajes de WhatsApp, Instagram...).
