El estudio estaba a rebosar de cajas de luz, discos duros externos y carpetas abiertas.
El suelo crujía bajo mis botas cada vez que me movía entre los ordenadores y los paneles de corcho con muestras de impresión.
Aquel lugar siempre había sido mi pequeño refugio creativo, el sitio donde podía esconderme detrás de una cámara o perderme en la edición sin pensar en el mundo exterior, pero ese día, era todo menos eso.
Habían pasado tres días desde que Billie decidió cortar de raíz el tema Sasha, aunque todavía no lo había hecho oficialmente, pensaba darle una última oportunidad y de eso se estaba encargando de gestionarlo con su equipo, con delicadeza, para evitar titulares incendiarios si al final pasaba.
Yo, por mi parte, necesitaba estar lejos de todo ese ruido, así que me ofrecí a acompañar a mi hermana al estudio, aunque más por necesidad de distraerme que por verdadero entusiasmo.
La idea era simple: revisar facturas, confirmar presupuestos, comprobar pagos de varios clientes —uno de ellos, irónicamente, el propio equipo de Billie, que había decidido contratar a mi hermana para las fotos oficiales del tour—, sabía que esa colaboración haría que algunos de los artistas del cartel pasaran por el estudio en distintos días, lo que no esperaba era que Sasha coincidiera justo el mismo día que yo.
La vi apenas entrar, estaba junto a mi hermana, revisando algunas capturas en una pantalla grande, con su actitud de sobrada de siempre, llevaba el pelo recogido en dos moños torcidos, la camiseta recortada y unos pantalones de cuadros rojos que parecían gritar soy punk, mírame.
Fingí no verla, saludé con una sonrisa rápida a mi hermana, me acerqué a la mesa de administración y me puse con los papeles, pero aún así, podía sentirla.
Miradas fugaces, esa sonrisa de medio lado cuando yo pasaba, esos comentarios demasiado altos para ser casuales, como quien quiere que la oigas sin hablarte directamente.
Durante casi una hora me mantuve ocupada, ayudé con una edición, revisé los reportajes de una boda, firmé un par de documentos, pero necesitaba aire, salí por la puerta trasera, encendí un cigarro, y me apoyé contra la pared de ladrillo, mirando al cielo gris, como si fuera a llover.
No pasaron ni dos minutos cuando escuché la puerta abrirse.
—¿Me das uno? —preguntó la voz de Sasha detrás de mí.
No contesté, saqué otro cigarro y se lo tendí sin mirarla.
—Gracias —dijo, como si estuviéramos en una charla casual, entre amigas.
Se quedó de pie, a mi lado, a una distancia incómodamente cercana, fumamos en silencio unos segundos, sentí cómo me escaneaba de reojo, como si intentara leerme sin preguntar.
—¿Sabes? Me sorprendió que tú y Billie siguierais después de todo —dijo, por fin—. No porque crea que no te quiera, pero... tú pareces tan cuerda, tan equilibrada y ella, bueno...
No respondí.
Seguí fumando.
—Es como un cóctel molotov —continuó Sasha, con una sonrisa torcida—. Bonita, sí. Explosiva, también, ¿No te cansa estar siempre apagando fuegos?
—¿Has salido solo para decirme eso? —pregunté, sin mirarla todavía.
—No, solo... me cuesta entenderlo, pensé que estarías con alguien más estable, más sano.
—¿Sano como tú? —dije, girándome al fin para enfrentarla.
Sasha arqueó una ceja.
—No me refiero a mí, pero tú sabes a lo que me refiero.
ESTÁS LEYENDO
𝕆𝕟𝕖 𝕊𝕙𝕠𝕥'𝕤 (𝔹𝕚𝕝𝕝𝕚𝕖 𝔼𝕚𝕝𝕚𝕤𝕙)
FanfictionLa relación entre Mía y Billie tanto en el presente como en situaciones y momentos en el pasado (+ mensajes de WhatsApp, Instagram...).
