Llevaba las gafas de sol puestas aunque no hiciera sol, no por estilo, sino porque tenía unas ojeras que ni el mejor corrector habría salvado y no me apetecía fingir que me importaba.
Encendí un cigarro al salir del autobús y lo fui fumando mientras caminaba hacia la cafetería donde había quedado con Finneas, el humo era lo único que me hacía sentir que seguía dentro de mi cuerpo.
Habían pasado solo dos días desde el último drama, pero en internet era suficiente para que te volvieran a enterrar.
Más fotos. Más vídeos. Esta vez no eran solo miradas o una conversación tensa. Era Billie bailándole a Odessa en una fiesta. Pegadas. Sonrientes. Intensas.
No sabía qué dolía más: si la posibilidad de que me hubiera mentido en la cara o el hecho de que ya no sabía ni qué versión de Billie era real.
Decidí dejar el móvil en modo avión desde la noche anterior. Detox digital. Detox emocional. Intento de desintoxicación de ella.
Pero al girar la esquina y ver su coche aparcado frente a la cafetería, algo se revolvió en mi estómago, pánico primero, después... una especie de determinación helada.
No me vas a volver a romper.
Aceleré el paso, sin mirarla, como si no estuviera ahí, pero ella me vio, por supuesto que me vio y no tardó en bajarse del coche.
–Mía.
Su voz, esa voz, siempre sabía decir mi nombre como si tuviera derecho a él.
No me detuve, pero ella se acercó, cortándome el paso.
–Solo un momento, Finneas ya está dentro, lo traje yo, pero quería hablar contigo antes de que entraras.
Me crucé de brazos.
No contesté.
–Sobre los vídeos... –empezó, pero le corté.
–No, no otra vez.
–Mía, por favor, no pasó nada, estaba borracha, Odessa se acercó, estábamos en un grupo, está fuera de contexto...
–¿Sabes qué pasa? –me bajé lentamente las gafas de sol, y sus ojos se encontraron con los míos, vacíos de energía– Que tu oportunidad ya no existe, no hay nada que recuperar porque lo destrozaste tú solita.
Ella dio un paso hacia mí, desesperada.
–No, espera, no me hagas esto, ¡Estoy intentando cambiar! ¡Estoy intentando demostrarte que te elijo a ti!
–¿Y así me eliges? ¿Bailándole a Odessa como si fuera un videoclip de reguetón? ¿Dejando que salgan vídeos cada dos días donde pareces enamorada de todo el mundo menos de mí?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Me odió por un segundo, lo vi, pero también me quiso y esa contradicción me hizo aún más daño.
–Te he bloqueado de Instagram. De TikTok. De todo. –Continué, sin pestañear–. No te he bloqueado de los mensajes porque no me considero una mierda de persona, pero si me vuelves a molestar, lo haré.
–Mía, no...
–Haz tu vida, de verdad, sal con quien quieras, báilale a quien quieras y cuando puedas mirar a alguien como me miraste a mí la primera vez... quédate con esa persona, a ver si consigues volver a sentir lo que perdiste conmigo.
Ella se quedó ahí. Parada. Temblando. Prácticamente llorando.
Y yo simplemente me giré. Crucé la calle. Entré a la cafetería sin mirar atrás.
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𝕆𝕟𝕖 𝕊𝕙𝕠𝕥'𝕤 (𝔹𝕚𝕝𝕝𝕚𝕖 𝔼𝕚𝕝𝕚𝕤𝕙)
أدب الهواةLa relación entre Mía y Billie tanto en el presente como en situaciones y momentos en el pasado (+ mensajes de WhatsApp, Instagram...).
