La camilla era igual de incómoda que la última vez. Regina estaba recostada, con el vientre al aire, sintiendo cada movimiento de su hija como un eco de su propia ansiedad. La bebé no paraba de moverse, y no era el movimiento rítmico de siempre. Era algo más urgente. Más inquieto.
La doctora movía el ecógrafo con sus manos frías y precisas, observando la pantalla con atención. Frederic estaba de pie junto a Regina, su mano en la de ella, su presencia tan sólida como siempre.
- Todo está bien - Dijo la doctora, apartando el ecógrafo con un gesto profesional - La bebé está perfecta. Ritmo cardíaco normal, movimientos normales, líquido amniótico en niveles óptimos. Usted está bien, señora Mills. La presión ha subido un poco, pero dentro de lo normal.
- Entonces, ¿Por qué me siento tan mal? - Preguntó Regina, y su voz sonó más aguda de lo que pretendía - Llevo toda la noche sin dormir. La bebé no para de moverse, y no es como siempre. Es... diferente.
La doctora la miró con simpatía.
- Los últimos días del embarazo son así, señora Mills. El cuerpo se prepara, la bebé se prepara. Los movimientos pueden ser más intensos, más erráticos. Es normal.
- Pero yo...
- Regina - La interrumpió Frederic con suavidad - Escucha a la doctora. Todo está bien.
Ella lo miró, y en sus ojos había algo que no podía ocultar. Miedo. No el miedo racional al parto o al dolor. Era algo más profundo. Una sensación de que algo no estaba bien, de que su cuerpo le estaba diciendo algo que las máquinas no podían leer.
- ¿Segura que todo está bien? - Insistió, dirigiéndose a la doctora - ¿Segura que no hay nada... raro?
La doctora sonrió con paciencia profesional.
- Segura. Su bebé está sana, fuerte, lista para nacer en cualquier momento. No hay signos de sufrimiento fetal, no hay complicaciones. Usted tiene que confiar en su cuerpo y en su bebé. Y en nosotras.
Regina asintió, pero no estaba convencida. Algo en su interior, en ese lugar profundo donde la maternidad se encontraba con el instinto, le decía que no todo estaba bien.
- ¿Quiere que le recete algo para dormir? - Preguntó la doctora - Algo suave, para ayudarla a descansar.
- No - Respondió Regina, con más firmeza de la que sentía - No quiero tomar nada. Solo quiero... que ella estésegura.
- Está asegurada - La doctora anotó algo en su tableta - Pero si quiere, puede venir mañana otra vez. Para tranquilizarse.
- ¿Puedo?
- Claro - La doctora sonrió de nuevo- Es mejor que venga y nos diga que todo está bien a que se quede en casa preocupada. La tranquilidad también es parte del embarazo.
Regina asintió, aliviada. No era una solución, pero era algo.
Salieron del consultorio con una cita para el día siguiente. Regina caminaba despacio, apoyada en el brazo de Frederic, sintiendo cada paso como un recordatorio de que su cuerpo ya no le pertenecía del todo.
- ¿Estás bien? - Preguntó Federico, en voz baja.
- No lo sé - Regina se detuvo en la acera, dejando que el aire fresco de la tarde le despejara la mente - Es una sensación rara. Como si algo estuviera a punto de pasar. No sé cómo explicarlo.
- ¿Crees que es el parto?
- No. No es eso. Es... - Buscó las palabras, no las encontró - Es como si la bebé estuviera peleando contra algo. Como si estuviera inquieta por algo que yo no puedo ver.
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Happiness
Fiksi PenggemarCon la aparición de Emma Swan, la madre biológica de Henry, sus intentos por quedar embarazada cada vez la frustraban más gracias a Cora, su madre. Y su hijo asegurando que era la "Reina malvada", comenzaba a existir una grieta en la maldición que n...
