Dalit Settman
—. Me comporté como un imbécil hace rato en la galería... y también quiero disculparme por lo que dije la última vez. Fui cruel. No porque lo sintiera, sino porque me dejé consumir por el rencor... por el odio acumulado de todo lo que no entendía de usted.
Elisa intentó hablar, pero él levantó una mano con suavidad.
—¿Puedo hablar primero? No vine a reprocharle nada. Vine porque necesito decirlo, y si no lo hago ahora, siento que voy a perderme de nuevo.
Tomó aire, sus palabras salieron despacio, pero con el filo de quien ya no quiere callarse.
—Te amé, Elisa. Te quise de una forma torpe, ciega... pero auténtica. Me dolió que no confiara en mí. Que no me mostraras quién eras de verdad. Pero ahora entiendo que yo tampoco lo hice, quise que te abrieras, que me revelaras tus heridas... pero nunca te ofrecí un lugar seguro para hacerlo. Solo exigí... porque tenía miedo de quedarme atrás otra vez.
Bajó la mirada. El viento helado le quemaba la cara, pero no se cubrió.
—Pasé semanas odiándola. Buscando formas de justificar por qué me dejó fuera. Y sí, me hizo daño, pero también me di cuenta de algo que me dolió aún más... fui yo quien dejó sola a Ainara. Fui yo quien también te dejó sola, aunque estuviera frente a ti. Me perdí tanto en mí mismo que no supe sostener a nadie más, ni siquiera a mí.
Elisa lo miraba sin palabras, como si el suelo se abriera debajo de sus pies.
—No soy la víctima de esta historia —continuó, la voz más rota—. Solo soy alguien que necesita aprender a amar sin miedo, sin poner a los demás como refugios. No sé en qué momento me convertí en eso que juré no ser... pero lo fui, es más aun lo soy.
Se llevó una mano al pecho, como si le costara respirar.
—Hace rato... quería hacerle sentir la mitad de lo que yo sentía, pero eso no es amor, eso es una herida. Herida que vengo cargando desde antes de ti. No sabía cuánto me dolía sentirme reemplazable. No por Joseph. Por cualquiera. Solo quería que alguien se quedara. Y lo grité todo mal.
El silencio los envolvió por un momento, hasta que él alzó los ojos otra vez.
—Te veo ahora... y no creo que esto se puede reparar. Pero necesitaba que supieras esto: me estás viendo por primera vez en meses, como soy, sin pena, sin timidez, sin orgullo, sin máscara, sin ese enojo que usaba como escudo. No soy el hombre que esperabas, ni el que merecías. Pero estoy intentando cambiar... por mí.
Hizo una pausa, dolorosamente sincera.
—Voy a trabajar en mí. No para que me quieras de nuevo. Sino para poder quererme, aunque tú ya no estés.
Las palabras quedaron flotando entre ellos. Y por primera vez, no se sintieron como un final... sino como el primer acto de algo que, aunque no fuera amor, podía ser libertad.
Tragó saliva. Se le nublaron los ojos por un instante, pero no parpadeó.
—Me culpé por semanas —comenzó, con la voz baja, quebrada, pero firme—. Pensé que si hubiera dicho lo correcto... si no me hubiera callado tanto, si no me hubiera perdido en mi rabia, tal vez... tal vez no te habría perdido.
Su mirada cayó al suelo húmedo.
—Pero no te fuiste por eso, ¿cierto? Te fuiste mucho antes. Solo que yo tardé en darme cuenta.
Hizo una pausa larga, como si cada palabra pesara toneladas.
—Entendí que no era por una pelea, ni por lo que dije en la galería... que fue cruel, lo sé. No hay justificación para haber soltado todo ese veneno de golpe, como si tú llevaras la culpa de todo mi infierno. Me dejé llevar por un rencor que no entendía... por sentir que te fuiste sin mirar atrás, cuando en realidad, ambos nos soltamos mucho antes.
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Mio
RomanceElisa es una chica misteriosa que le gusta estar con una sonrisa escondida y ademas es muy buena para aparentar y ser la persona mas altruista . Pero todo se cae cuando Dalit interfiere en el camino de Elisa y sus varios espejos de cada mentira...
