-Universo alterno-
¡Sálvense quien pueda, ahora no juegan voleibol sino que hacen magia!
Serie de historias que siguen la vida de los diferentes personajes de Haikyuu en sus años en Hogwarts mientras se enamoran. Entre magia, pociones, besos, celos...
NA: ¿Les he dicho que me encanta leer sus comentarios? Así que por favor, no sean tímidas. Un nuevo capitulo, espero les guste.
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Osamu llegó al Gran Comedor con paso tranquilo, una leve sonrisa bailando en sus labios y el sabor de Suna aún en la comisura de su boca. Sus dedos jugaban con el dobladillo de su túnica como si intentara esconder un secreto a medias. Cuando se sentó en la mesa de su Casa, su mirada, casi sin intención, se desvió buscando entre las mesas. No tardó en notarlo: Yaku no estaba.
No era sorprendente. Solo... confirmaba lo que ya sabía.
—¿Dónde estabas? —preguntó Keiji, apenas Osamu se dejó caer a su lado.
Osamu giró la cabeza lentamente hacia él, una ceja alzada y esa sonrisa de medio lado que tanto irritaba como divertía.
—Vaya... ¿Un poco controlador, no? —respondió con tono ligero, casi inocente—. Lo siento por no enviarte una nota detallada con mi ubicación exacta y los eventos minuto a minuto. Supongo que mi lechuza se perdió en el camino.
Keiji rodó los ojos con una exhalación que decía más que cualquier frase. Volvió a enfocarse en su comida sin dignarse a seguir la línea de conversación.
—Ni siquiera sé por qué pregunto —murmuró mientras giraba los fideos en su tenedor con resignación.
—No me malinterpretes, Akaashi —Osamu soltó una risa entre dientes, mientras comenzaba a escanear el banquete dispuesto frente a él como si fuera una obra de arte—. Es conmovedor saber que te preocupas por mí. De verdad. Me hace sentir especial. Casi querido.
—Es un hábito —gruñó Keiji, sin molestarse en levantar la vista. Metió un bocado generoso de fideos a la boca y masculló con total falta de delicadeza—. Un mal hábito
—Oh no, no, para nada —Osamu fingió escandalizarse mientras se servía con lentitud una montaña ridícula de arroz, seguida de un puñado excesivo de vegetales asados y un trozo de carne como si se estuviera preparando para una batalla—. Es el ángel que habita en ti, ese ser de luz que nos ilumina con su bondad. Tan puro, tan bueno. Eres una bendición viviente, Akaashi. Francamente, no te merecemos.
La voz de Osamu, perfectamente modulada entre sarcasmo y drama exagerado, resonó lo justo para que algunos estudiantes en la mesa cercana lo escucharan. Shirabu soltó una carcajada ahogada, tapándose la boca, mientras Taichi rió abiertamente.
—No le digas esas cosas —intervino Taichi con una sonrisa divertida—. Puede que finja que los odia, pero se le suben a la cabeza más rápido que la mantequilla al pan caliente.
Akaashi le dirigió una mirada aburrida, esa típica de "por favor, deja de respirar cerca de mí", y siguió comiendo sin dignarse a responder. Pero justo cuando Taichi volvía a meter la cuchara en su sopa, Akaashi murmurro aburrido pero con aire de vehemencia: