-Universo alterno-
¡Sálvense quien pueda, ahora no juegan voleibol sino que hacen magia!
Serie de historias que siguen la vida de los diferentes personajes de Haikyuu en sus años en Hogwarts mientras se enamoran. Entre magia, pociones, besos, celos...
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Nishinoya llegó tarde a la clase de Pociones, algo que ya no sorprendía a nadie. Al cruzar la puerta con su característica sonrisa radiante, el profesor Norimune apenas levantó una ceja, poco impresionado. Sin inmutarse, el chico se deslizó hasta su asiento junto a Tanaka, acomodándose como si nada.
—Nishinoya Yuu, llegas tarde. Veinte minutos, para ser preciso —señaló el profesor, acercándose con los brazos cruzados.
—Sí, lo siento mucho —respondió Nishinoya con voz distraída, sin siquiera mirarlo. Su atención estaba fija en el techo del aula, como si en cualquier momento fuera a ver algo fascinante aparecer entre las piedras.
Sus compañeros de Gryffindor fruncieron el ceño, incómodos por la actitud de su casa perdiendo puntos tan descaradamente. Tanaka, por su parte, le dio un codazo, intentando devolver a su amigo a la realidad.
El profesor, demasiado acostumbrado a sus excentricidades como para molestarse, simplemente resopló con cansancio antes de girarse hacia el caldero más cercano.
—Veinticinco puntos menos para Gryffindor —anunció con voz aburrida.
Nishinoya no reaccionó. En lugar de eso, suspiró con una sonrisa tonta en los labios y apoyó la barbilla en su codo, mirando el caldero frente a él como si fuera la cosa más fascinante del mundo.
—Hoy es el mejor día de mi vida —declaró con un suspiro soñador.
Tanaka lo miró de reojo, completamente incrédulo.
—Y probablemente el último —murmuró, echando un vistazo a sus compañeros de Gryffindor, que los observaban con evidente molestia. Yamamoto parecía listo para saltarle encima a Nishinoya en cualquier momento, y Narita seguramente los reprendería en cuanto salieran de clase.
—Cuando Daichi se entere de los puntos que perdimos, nos va a matar. Ya llevamos más de setenta y cinco esta semana —añadió, bajando la voz.
Nishinoya parpadeó, confuso.
—¿Qué puntos?
Tanaka entrecerró lo ojos, esperando que en cualquier momento Noya le dijera que estaba bromeando
—¿Qué diablos te pasa? Estás completamente fuera de sí esta mañana. ¿Qué mosco te picó?
Pero Nishinoya solo sonrió aún más, ignorando por completo la reprimenda. Sin pensarlo dos veces, comenzó a lanzar ingredientes al caldero sin preocuparse por el orden, la cantidad o siquiera la receta. Entre risitas tontas, dejó caer un puñado de escarabajos triturados y murmuró con felicidad absoluta:
—Asahi aceptó ir conmigo al baile...
Tanaka parpadeó sorprendido, pero su desconcierto se desvaneció al instante, reemplazado por una sonrisa enorme. Se olvidó por completo de los puntos perdidos y le dio una fuerte palmada en la espalda a Nishinoya.