40. Bucky, come on!

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Alexis:

—Maldita sea, no puedo volar a Nueva York, estoy en Los Ángeles—. Decía Nat a través del micrófono del teléfono.

—Tranquila Nat, no necesito que estés aquí de apoyo moral, tú has tu trabajo, estoy bien—. La calme lo más que pude.

—Tengo que cambiar de tema porque sino no podré estar bien—. Decía Nat cada vez más molesta.

—Dime nena, creo que lo mejor es cambiar de tema—. Argumente de manera calmada, sabía que me iba a maldecir pero al menos no quería seguir tocando el tema de James.

Estaba realmente cansada.

Las pesadillas fueron constantes, así que no pude realmente descansar en el avión que me trajo de nuevo a Nueva York, aún ni siquiera analizaba lo que había pasado con la compra de la mansión.

En cuanto aterrice y pude devolverle la señal a mi teléfono, fue bombardeado por mi mejor amiga. Así que iba en el auto de regreso a casa con Natasha en el teléfono.

—No puedo ahorcarte porque estás en el maldito teléfono Parker, pero bueno dejaré pasar eso, porque tal vez a la que ahorques es a mi, en cuanto me di cuenta que Peter venía para Nueva York, supe que rechazarías al equipo de Selvig, así que—. Dice Nat, de manera misteriosa.

—Habla de una vez, Romanoff—. Siempre odiaba que me dejara con la duda.

—Me puse de acuerdo con Banner y le conté sobre que estás en depresión y necesariamente buscas una distracción para que tu cerebro no se oxide—. Decía Nat de manera apresurada.

—No puedo creer que me busques de excusa para hablar con él—. Le dije de manera irónica.

—Tienes una cita de trabajo el primero de enero—. Decía como si terminara de contar un chiste.

—Sabes perfectamente que no voy a trabajar con tu ex—. Le recordé a Nat. —Además la rama de Bruce y la mía es muy diferente a mis investigaciones—.

—No trabajarás con él, te conseguí una cita con un amigo de él, tu tranquila, te doy más detalles cuando esté por ahí—. Dice Nat. —Por último, mandaré a mi último recurso, sé que lo estás pasando de la mierda, lo siento, pero debes de parar. Bye, bye—. Dice mi mejor amiga mientras me cuelga la llamada.

—Bye—. Musité bajito.

Sabía que había cortado la llamada cuando enuncié la despedida a mi amiga, pero aún así lo mencioné. No tenía ni la menor idea de que era lo que me había arrastrado nuevamente aquí, una causa, una necesidad de querer buscar una manera de poder conectarme a él.

Mi instinto me decía que debía de luchar por saber algo de él, una razón, un motivo para intentar saber que era lo que pasaba por su cabeza, que fue lo que provocó que tomara la decisión de terminar lo nuestro como si no fuera nada.

Quizá para él lo es ahora.

Pero sé perfectamente que ese verano marcó algo en los dos, y me lo recordó en las malditas cartas.

Solo que ahora no sé ni en qué momento de mi vida me encuentro, volé en vano, dejé mi familia por intentar buscar respuestas que terminaron abofeteándome la cara, no tengo ningún empleo, ni estabilidad.

Soy simplemente yo: Alexis.

Pero una parte de Alexis Parker se fue con él, a donde quiera que haya ido.

Al llegar al departamento se sintió tan vacío, nada había cambiado, todo estaba en completo y total en orden como se había quedado. Deje que Alphine deambulara por el lugar mientras yo me sentaba en el sofá que daba la vista de Nueva York, otra vez.

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