31. No siempre será así

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Advertencia: contenido sexual

El regreso de las vacaciones fue muy duro para la pareja, pero ambos debían de cumplir con sus obligaciones debido a la ausencia de ellas en todo el verano. James pasaba de junta en junta, mientras que Alexis se la pasaba de sesión en sesión y desglosando más su investigación sobre los componentes químicos que existían, con una gran teoría sobre un elemento que aún le faltaba por definir.

Para mediados casi finales de Septiembre por fin tuvieron una cena decente en un restaurante exclusivo de la ciudad. Ambos estaban demasiado ocupados en sus ramas laborales, James enfocado en que su imperio creciera, Alexis en que su nueva investigación diera resultado y de con el descubrimiento de un nuevo elemento químico, todo eso en zapatillas de no menos 15 centímetros.

—Cariño, siento que no te he visto en meses—. Se queja Bucky, mientras toma la mano de su chica.

Alexis portaba un vestido plateado totalmente estilizado a su figura, su cabello castaño recogido luciendo su nuca y su espalda al aire, James no paraba de verla, deseaba con ansias terminar la cena, ir al penthouse y quedarse ahí para siempre con ella.

—Lo sé, jamás pensamos en las consecuencias de nuestro viaje, pero mi mente siempre se va a Italia y me da mucha paz—. Dice Alexis con una sonrisa mientras sostiene la mano de su hombre arriba de la mesa.

Los paparazzi atacándolos como siempre, debido a que estuvieron muy ausentes estos meses y estaban los rumores de una posible ruptura, pero al parecer con la panorámica de unos idiotas sonriendo con las manos enlazadas las dudas estaban por completo disipadas.

—Oye, tu invernadero ya quedó arreglado con las especificaciones que implementaste en tu lista—. Dice James, cambiando de tema y recordando los pendientes que tenía por platicar con su chica.

—Perfecto, ya quiero ir, ese lugar es demasiado magnífico James, gracias—. Agradece su novia mientras se para de su lugar y le da un beso en la mejilla a su novio.

James se queda estático, el clásico olor a Dior que desprendía su novia lo dejaba por completo fuera de la jugada.

—Muñeca, no hagas eso, me volverás loco—. Dice James mientras hace un pequeño puchero que duró un microsegundo ya que nadie debía de observar como es que el imponente empresario mostraba tanta debilidad.

—De acuerdo—. Sonríe Alexis de manera coqueta. —Pero llegando al penthouse no habrá opción para no salir de ahí, al menos hasta el lunes—. Dice la castaña de manera segura.

James sonríe con satisfacción, las intenciones de Alexis eran las mismas que las de él así que no había objeciones de ninguna parte.

—Cambiando de tema, el aniversario luctuoso de mamá es el último domingo de noviembre, no sé si aún quieras venir y poner los lirios que están ahora en el invernadero llevárselos a su tumba, como habías dicho...—. Menciona James de manera titubeante, el tema más personal ya que no hablaba de eso con nadie.

Para Alexis significaba todo, la confianza, el respeto y la forma en la que solo podía abrirse con ella sobre ese tema sabía que lo era todo, así que sonrió con ternura a su novio, recordando el momento de cuando estaban en el invernadero y no olvido la promesa que ella le había sugerido.

—Por supuesto que sí James, es una cita, nos vemos el último domingo de noviembre—. Dice Alexis, con una seguridad en su voz.

—Perfecto, es una cita, ahora ya vámonos de aquí nena, necesito demostrarte cuánto te extrañé—. Dice James mientras se para del restaurante, tomando la mano de Alexis y saliendo del lugar directamente hacia el penthouse.

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