A su manera

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Senku no entendía qué estaba pasando.

Como era costumbre, ese día, veinticuatro de diciembre, ya tenía todos los regalos que habían enviado sus amigos debajo de su árbol, esperando al veinticinco para abrirlos en familia con Byakuya, Lillian y sus hermanos como acostumbraba.

Pero... ¿dónde estaba el regalo de Kohaku?...

Se arrodilló junto al árbol de navidad, llevándose una mano a la barbilla, pensativo.

No entendía... desde que se conocieron en secundaria con doce años, Kohaku fue la que inició esa tradición de todos sus amigos de enviarle regalos a la casa de Senku ya que él nunca quería ir a la fiesta de navidad que organizaba Ryusui y donde el resto de sus amigos intercambiaban regalos entre sí en cuanto llegaba la medianoche, para luego desvelarse bebiendo desde que tenían edad para beber y algunos incluso antes.

¿Por qué este año todos sus amigos enviaron el regalo normalmente y Kohaku no?

Senku se congeló de repente, recordando cierto detalle de una semana atrás.

Ese fin de semana, habían salido a hospedarse en un hotel de lujo de la familia de Ryusui en las montañas para disfrutar el paisaje, esquiar y demás, y Senku fue prácticamente obligado por Kohaku, ya que tenía que estudiar para un examen de su universidad, aunque todos sabían que iba a pasarlo sin mucho esfuerzo, pero... le gustaba estudiar ¿ok?

Los bastardos de Gen y Ryusui no habían dejado de burlarse de Senku por lo fácil que se dejó convencer por Kohaku.

—Tsk, no me deje convencer fácilmente. —Bufó—. Ella es más fuerte que yo, me arrastro, ni que pudiera contra la fuerza de esa leona.

—¿Olvidas que todos estábamos ahí? —Ryusui se carcajeó—. Ella te dio el jalón de mano más suave del mundo, tú, con lo débil que eres, no te moviste ni un poco.

—No hasta que ella te puso esos lindos ojitos suplicantes, ¿eh, eh?~ —Gen meneó las cejas—. Entonces empezaste a caminar como cachorrito obediente.

Senku rodó los ojos.

—Eso solo pasó en la imaginación de ustedes.

—¿Por qué no solo admites que están saliendo? —dijo Ryusui con otra de sus risotadas increíblemente molestas—. El mes pasado no quisieron salir en grupo con todos nuestros amigos porque ustedes dos ya tenían planes solos. —Meneó las cejas.

—Y eso lo vienen haciendo desde hace años, pero este año empeoró aún más, realmente no pueden ni disimularlo más, ¿eh?~

—Ustedes dos necesitan madurar, ya no estamos en preparatoria. —Senku volvió a rodar los ojos—. Kohaku no me interesa como nada más que una amiga, ¿qué no entienden? No hay nada entre ella y yo. Las relaciones amorosas no me interesan, y mucho menos con ella, es más una leona salvaje que una chica que pueda ser novia de cualquier tipo. No siento nada por ella, simplemente no la quiero. —Bufó.

Para cuando dejó de mirar amargamente al techo y volvió a mirar a Ryusui y Gen, los vio pálidos, no mirándolo a él, sino mirando detrás de él.

Senku volteó lentamente, encontrándose con el rostro en blanco de Kohaku.

Ella le dedicó una mirada cansina.

—No soy una leona —le dijo simplemente, para luego tenderle su celular—. Olvidaste esto, y tu padre te estaba llamando. —Dicho eso, le dio el celular y se retiró a paso apresurado.

Senku se quedó pensando si acaso escuchó todo lo que dijo o no.

Volviendo al presente, a su árbol de navidad con regalos de todos menos de Kohaku, era bastante seguro admitir que, efectivamente, ella lo había escuchado.

One-shots SenHakuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora