Mi regalo

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El internet escaló muy rápido en el mundo de piedra luego de el viaje a la Luna para detener la amenaza de Whyman, y solo un par de años después ya había cosas como redes sociales, sitios de videos de entretenimiento, libros en línea, películas, música, videojuegos, foros de discusión, enciclopedias de ciencia, imágenes de todo tipo y tiendas online.

Las tiendas online fueron de las más tardías en aparecer, la economía apenas estaba reactivándose, pero últimamente Nanami Corp., de la mano del siempre avaricioso Ryusui, les estaba dando mucha publicidad y, como era el magnate mundial número uno indiscutible, las tiendas online estaban empezando a popularizarse muchísimo, dando mucho empleo a gente como repartidores, despachadores, conductores y demás.

Con la tecnología mejorando y avanzando a pasos agigantados cada vez más rápido, las tiendas online se modernizaron y algunas eran incluso mejores que las del siglo XXI.

Senku, que muchas veces solo salía del laboratorio directo a su casa a comer, dormir y jugar videojuegos, apreciaba mucho las tiendas online, en especial las de comida, las que entregaban componentes tecnológicos para sus experimentos caseros y las de ropa.

La tienda de ropa de Yuzuriha sin duda era la mejor, no solo por tener un amplio catalogo muy variado, sino porque hasta te daba opciones para personalizar ciertos detalles en algunas prendas y escoger medidas exactas de casi todos sus modelos.

Con esa opción la entrega no era tan rápida, pero valía la pena esperar un poco con tal de obtener toda esa personalización.

Senku visitaba la tienda online de Yuzuriha un par de veces a la semana, y una vez a la semana solía comprar algo, bajo nombre anónimo (una maravillosa opción aún no regulada por las lentas leyes que apenas estaban empezando a regir) pidiendo que lo entregaran por la escotilla de la puerta para no tener que salir y dar la cara.

Mantenía su dirección oculta de sus amigos para que no lo molestaran, lo cual a veces era molesto porque para que no insistieran tanto en saber a veces tenía que acceder a ser él el que los visitará, pero decidió tomar esa acción porque ya era hora de por fin tener algo de anonimato y privacidad después de años teniendo que ocultar... ciertas mañas que tenía.

Senku era un ser humano, después de todo.

Como todo ser humano, tenía sus secretos.

Por ejemplo, dormir con un peluche de Doraemon bajo la almohada, cosa que no había podido hacer durante toda la maldita odisea de despertar en un mundo de piedra, restaurar la civilización, generar una alianza con parásitos extraterrestres y bla, bla, bla. Ya por fin tenía su peluche comprado en anonimato y podía dormir mucho más tranquilo.

Otro secreto muy, muy oculto era que le gustaba practicar poses geniales y caras de indiferencia en el espejo... Sí, no lo juzguen, tanta genialidad no era casual.

Tenía más secretos, claro, pero el peor de todos era algo que cada vez le era más y más difícil disimular...

Verán, desde hace ya muchos años que Senku se admitía a sí mismo que Kohaku le gustaba, no era tan estúpido como para no darse cuenta de que fantasear con ella en ropa interior no era normal, menos en momentos tan serios como el estar en una cueva de la isla del tesoro buscando cómo recuperar las estatuas de sus amigos o momentos como tener que cruzar el Amazonas mientras los perseguía un militar sediento de sangre.

Sin embargo, que Kohaku le gustara no era como tal un secreto, no es que él estuviera buscando activamente que la gente no se diera cuenta. No, el secreto era algo peor, pero tenía que ver con ella.

De hecho, tenía varios secretos que tenían que ver ella que prefería llevarse a la tumba...

Pero el secreto que más le estaba costando controlar era uno mucho más raro.

One-shots SenHakuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora