26. ◇

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Me siento triste. Vacía.
Desde que me dejo sola ante mi cabaña, no hago otra cosa más que pensar en él.

Los cometarios de Sariel dejaron abierta una herida punzante. Se que no debería, pero me destroza por dentro el sentimiento de abandono, como si una profunda tristeza me abordara y carcomiera todo a su paso, consumiendo la estabilidad que me queda.

Mi corazón se acelera, el zumbido comienza en mis oídos. Las cosas se vuelven borrosas y me cuesta respirar, camino unos pasos y me tambaleo, caigo en precipicio, me rompe el corazón.

Lo siento fracturarse, duele, lastima y me lacera de alguna forma.

Mis lagrimas pican por la necedad de mantenerlas dentro, todo se vuelve caos, mi garganta se aprieta, impidiendo el paso del aire o la salida de este, siento el gemido de la desesperación en el sonido ahogado que escapa de mis labios.

Quiero correr, pero los pies no me responden, quiero gritar, pero mi garganta me lo impide. Huele a tierra mojada y hace frio, el viento helado me congela el cuerpo, pero no hago el esfuerzo por hacer algo y detenerlo.

Todo por lo que pase se aglomera. Todo. Absolutamente todo sale a la luz. Estoy mareada, la cabeza me da vueltas.
Camino a la puerta con pasos torpes. Necesito aire.

Y entonces... sucede. Me quiebro en cientos de pedazos y cada uno me corta la piel, mis lagrimas salen sin contenerse y por fin grito. El dolor abandona mi cuerpo en un sonido espantoso, el eco del dolor retumba en mis adentros. Puedo sentir que se lo lleva el viento y se pierde entre el denso bosque.

Veo el pestillo de la puerta y me aferro a él, mis manos tiemblan sin parar, mi vista sigue siendo borrosa por las lágrimas que aún se derraman y mi respiración se hace irregular..

Que se detenga, que pare el dolor.

Por favor.

Sariel no tiene la culpa de nada. Pero lo culpo de todos modos por recordarme lo que duele y lo que perdí.

Me sigue desgarrando. ¿Acaso es que no merezco ser feliz?, ¿Por qué todo lo que quiero me abandona?, ¿no soy digna de ser amada? ¿siempre debo de sufrir por quien quiero?, ¿Qué tan miserable tengo que ser?

Perdí a todos, a mi madre, a mi familia, no conozco a mi padre y se con entera certeza que no pertenezco aquí. Pero tampoco allá, alejó a quienes me quieren y sigo sin saber por qué.

Debieron tragarme los lobos cuando pudieron. Y luego, esta él. Compruebo su existencia, lo encaro y... desaparece, llevo días sin saber de él. Me abandono.

No lo siento por ninguna parte.

Y esos malditos sueños lucidos. Se hacen más recurrentes.

— ¡Ven por mí! — mi voz se quiebra y caigo en el fango del jardín. — no lo soporto.

Mi cuerpo flaquea, mis emociones se derraman, sólo quiero consuelo.

Ven por mí.

No sabía si quería que viniera a sostenerme y que me llevara con él, o que terminara con mi vida de una vez, con sosiego.

La voz de Sariel hace eco en el fondo de mi mente. "No deje que el dolor la consuma" "no llame su atención"

—Se que estás ahí. Se que me observas. Se que hablas. Se que deseas algo de mí. ¡Maldito seas!
Por no estar aquí... cuando te necesito...

Grito de nuevo, clavando las manos en la tierra, arrancando hierva, sintiendo la tierra meterse entre las uñas de mis dedos. Pequeñas gotas de agua inician un llanto silencioso. Cierro los ojos. Respirando profundo.
Dejando que la lluvia me cubra el rostro, que se lleve mis lagrimas.

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⏰ Última actualización: Jun 25 ⏰

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