1
Las estrellas adornaban el cielo y junto con la luna llena, nos brindaban la única luz natural que había en el lugar.
Estábamos en el bosque, militares y cazadores se encontraban buscando leña seca.
Yo me encontraba sentado abrasándome las rodillas y meditando lo que había pasado el día de hoy. Nadie me hablaba, Mario se había llevado el cuerpo de Alexander para prepararlo e incinerarlo.
Otros cazadores habían hecho lo mismo con los cadáveres de los que asesinó mi otro yo, por lo que se habían perdido en el bosque.
Y el cielo estrellado parecía el que veía en el mundo de las almas, no había nubes y el firmamento se veía tan irreal que me sentí en un sueño.
Omega había aparecido mal herido y al ver lo sucedido no dijo nada, se limitó a pedirme que lo sanara y empezó a ayudar a recolectar la leña.
Susana fue la primera en acercarse, aunque pude ver como discutió con sus padres primero y se sentó a lado mío en silencio, sentí cuando me abrazó y como niño pequeño buscando consuelo, recargue mi cabeza en su cuerpo.
—Hiciste lo que pudiste.
La escuché decir para romper el silencio.
—Y aun así... no sirvió de nada.
Se notaba que estaba tratando de buscar palabras de aliento, pero hasta ella sabía que era verdad.
—Sabíamos que era una trampa, todos cometieron errores no solo tú.
—Y porqué parece que soy el único que no salió herido.
—Bromeas, ¿verdad? —dijo separándose brevemente para mirarme fijamente—, tú sobre todo fuiste él más herido. Lo tuyo no fue solo una pelea física, fue una pelea moral y psicológica. No creo que nadie más hubiera podido soportar lo que te pasó a ti.
—Pero...
—Basta, Javier. Todos cargaron en ti una responsabilidad gigante. No te destroces por eso. Alexander lo entendió al final y ni él te quiso culpar.
Ahí estaba el tema que no quería tocar, a pesar de que Alexander ni Susana me culpaban. Todos los demás sí, incluido yo.
—Fue mi error Susana, yo lo maté.
—No —dijo con firmeza—, y escúchame bien Javier. Este error no es solo tuyo, es de todos. Incluido Alexander, no dejes que te culpen solo porque eres diferente.
Se levantó.
—Yo no veo en ti a ese monstruo Javier... no dejes que la culpa te convierta en él.
Se marchó para dejarme nuevamente solo, cerré los ojos meditando lo que me había dicho. Pero ella no me había visto sacrificando a esas personas inocentes para ganar tiempo, no solo para curarme, sino para ganar poder.
Lo había disfrutado, fue mi decisión. Y para mi estaba tan claro que lo volvería a hacer que me dio miedo saber en lo que me estaba convirtiendo, lentamente esa línea entre lo que creía que era y lo que todos los demás veían en mí estaba borrándose.
Pasó una hora aproximadamente cuando Mario llegó cargando un cuerpo envuelto por varias mantas. Parecía una momia o como se veían estas en las películas cuando las embalsamaban y vendaban por completo.
Los otros cuerpos ya se encontraban acomodados en una pila de varios troncos y ramas dispuestos para prenderle llamas. Pero el que le correspondía a Alexander se encontraba vació aún.
Mario acomodo con delicadeza a Alexander y el resto le ayudo a acomodar la leña encima de su cadáver. Cuando todo estaba listo, todos se reunieron alrededor de los tres pilares que habían construido.
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Seacorroz
FantasyJavier creía que los problemas de la adolescencia eran aburridos, repetitivos y demasiado pequeños para preocuparse por ellos. Pero todo cambia tras un accidente que le revela un mundo oculto que siempre había existido frente a sus ojos. Ahora, rode...
