Capítulo 24: Los restos de lo que fue

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Me encontraba mirando el techo, mirando el polvo de aquel lugar cayendo. Sentía mi cuerpo tan liviano como una pluma; tan ligera, pero a la vez tan frágil que no sabía si era algo bueno o malo.

Unos golpes en la puerta hicieron que mi mente dejara de divagar.

—Javier, ¿estás despierto? —escuché la voz de Susana al otro lado.

—Sí, ¿Qué pasa?

—Mi madre hizo el desayuno, ¿gustas venir?

Me quedé meditando unos segundos, lo que de verdad quería era estar con mis padres. Ese abrazo que Susana y sus padres se dieron ayer, se sintió tan íntimo y lleno de amor que tenía envidia, deseaba algo así pero no sabía si era capaz de volver a tenerlo.

—Sí, ya voy. Gracias

Dije respondiendo sin saber si de verdad tenía ganas.

Cuando baje al comedor, podía notar a Susana con cierta incomodidad. Parecía que se debatía algo dentro de ella. Me senté al lado de ella mientras su madre me servía un par de huevos y una tostada con mantequilla.

Mientras comíamos, me percaté que Susana no era la única. Sus padres también se encontraban dudosos, mirándose entre ellos y ocasionalmente me veían a mí, pero realmente no sabía si era por su plática de ayer o era otra cosa.

—¿Y qué tal descansaste? —preguntó su madre tratando de hacer platica para evitar el silencio.

—Muy bien gracias, tenía tiempo sin poder descansar bien.

—Me da gusto.

Pero ahí estaba, nuevamente el silencio. Parecía que no tenían tema de conversación o si de verdad les incomodaba que estuviera yo con ellos. Me estaba limitando a solo comer y guardar silencio cuando Susana fue la que tomó la batuta para hablar.

—Omega vino esta mañana junto con Alexander —me dijo con cierto temor en su voz.

Giré a mirar a sus padres quienes pude notar ahora reflejaban algo de miedo en el rostro.

—¿Omega? ¿Qué quería?

—Bueno... —dijo mirando a sus padres quienes vi que negaron con la cabeza—, algo pasó y necesitan tu ayuda.

Asentí mientras dejaba un vaso de jugo que me había servido la mamá de Susana.

—¿Y no te dijeron que?

Vi que Susana miro a sus padres, quienes parecían no comprender el código secreto que teníamos

—¿Es algo muy malo? —pregunté al ver a sus padres.

—No, pero es que no quieren que me involucre, aunque ya les di mis opiniones.

—Es que no logramos comprender, ¿qué tienen que ver ustedes con los temas de los cazadores? ¿Rompieron alguna regla o algo? —dijo su madre con verdadera curiosidad y preocupación.

Mire a Susana esperando que ella me ayudará a contestar, no podía decirles simplemente "es que soy el heraldo y su hija me está ayudando a limpiar el desastre que hice" pero Susana claramente opina lo contrario.

—Javier, bueno él tiene MUCHO que ver en esos temas y yo, simplemente me involucré.

—¿Qué tendría que ver un recién retornado en algo así? —dijo el padre de Susana juzgándome con la mirada y con confusión en la voz.

—Es que, bueno, yo...

Estaba tratando de hallar las palabras para decirlo sin ser tan directo o sin que pensaran que era el mal encarnado al revelárselo, pero Susana no tuvo tacto.

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