1
El resto de la noche me la pase sentado en la cama sin haber podido conciliar el sueño. No dejaba de repasar en mi mente lo que había ocurrido.
Cada vez que cerraba los ojos para parpadear, veía ese rostro desgastado sonriéndome. Y sus palabras no me las podía sacar de mi cabeza.
«No esperaba menos» lo escuchaba cada vez que recordaba. «Lo somos Javier... Lo somos»
¿De verdad ya estaba condenado a convertirme en eso? Tenía que haber algo que pudiera hacer. Pero no sabía qué, me sentía impotente y culpable. Yo traté con todo mi ser no hacer lo que me pedía, pero prioricé a mis seres queridos ¿eso hubiera hecho cualquiera no? O quiero creer que sí, que eso no me hacía un monstruo.
Cuando habían llegado a mi auxilio, y tras contarles lo que sucedió Alexander y Mario quisieron justificarlo.
—No podías evitarlo, iban a morir de igual forma —dijo Mario tratando de calmarme.
—Pero no me esforcé lo suficiente, quizá sí...
—Javier, basta —me interrumpió Alexander—, tú mismo lo dijiste, no podías hacerlo.
—Para ti es fácil decirlo, tu no viste a ese ser. Tú no eres al que todos desprecian y que miran como un monstruo.
—Tienes que calmarte, eso es lo que quieren hacer contigo... quieren quebrarte para lo que sea que estén planeando —me dijo Mario apoyando su mano sobre mi hombro.
—Si sirve de algo, buscaste hacer el menor daño posible, eso no haría alguien malvado, eso haría cualquier ser humano.
—Ese es el problema, tú mismo lo dijiste cuando nos conocimos. Ya no somos humanos.
Sentí que no lograban entenderme aunque, pensándolo en retrospectiva, definitivamente eran los que mejor me entendían. En tantos siglos de experiencia definitivamente habrían pasado por algo similar, pero yo en ese momento no pensé que me lo decían desde la empatía para evitar que me terminará de derrumbar.
Salí para intentar despejarme mejor y para evitar ver los cadáveres de aquellos hombres. Necesitaba que algo me aterrizara de nuevo a este mundo, y el frio de la noche me ayudo.
—No debes de culparte tanto, Javier —me dijo Mario quien se acercó.
—Quiero estar solo.
—Sí, lo sé —dijo poniéndose a lado mío—, pero eso no es lo más sensato en estas situaciones.
Deje de insistir sabiendo que no se iría. Me quedé mirando el cielo estrellado o lo que las nubes dejaban ver. Y la luna que me brindaba una vista que me hacía recordar lo bello que a veces es el mundo. En ese momento deseaba no haber sido nunca un Seacorroz o el heraldo, deseaba volver a la normalidad por muy rutinaria que fuera, lo anhelaba.
—¿Alguna vez has deseado no ser un Cazador? —dije con ese pensamiento en mi mente.
—Por bastantes siglos —soltó un suspiro.
—¿Cómo lo has soportado por tanto tiempo?
—Bueno he conocido a buenos amigos y...
—Eso no —dije negando con la cabeza—, lo de Martha. Lo vi en sus recuerdos, supongo cuando salieron de mí, pero lo pude ver y sentir.
Vi a Mario alzar la vista como si la respuesta estuviera ahí. Por un momento no hubo respuesta y pensé que no quería hablar del tema, por lo que me limite a hacer lo mismo, volviendo a ver aquella vista.
—No ha sido fácil, cuando morí siendo torturado y me informaron que sería un cazador. No entendía nada de heraldos ni retornados, simplemente introdujeron toda esa información en mi mente y sentí —hizo una pausa mientras la voz se le quebraba—, miedo por lo que era ella.
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Seacorroz
FantasiaJavier creía que los problemas de la adolescencia eran aburridos, repetitivos y demasiado pequeños para preocuparse por ellos. Pero todo cambia tras un accidente que le revela un mundo oculto que siempre había existido frente a sus ojos. Ahora, rode...
