1
Abrí los ojos lentamente, la luz del sol que entraba por la ventana me deslumbro de golpe y el eco del sonido de un violín llamó mi atención. Parpadeé momentáneamente intentando enfocarme en el lugar donde me encontraba, no era mi cuarto y por un momento me sentí confundido.
Me incorporé en la cama y lo primero que vi fue a Susana, con violín en mano y con los ojos cerrados mientras tocaba. Sonaba algo melancólico lo que Susana tocaba, era como un vals y aunque a veces llegaba a escuchar que desentonaba porque Susana no veía las cuerdas, sonaba precioso.
Aquella melodía me hizo sentir una paz temporal que al igual que ella, cerré los ojos para disfrutar. Estaba perdido en la melodía que cuando se detuvo de golpe abrí los ojos para ver qué había pasado.
—Perdona —dijo Susana apenada—, no quería despertarte.
—No, está bien no pasa nada —dije con la voz aún adormilada—, ¿Cuánto me dormí?
Susana miro el reloj en su celular.
—Cuatro horas ¿quieres seguir descansado?
—¡No! —dije con cierto pánico.
La verdad no había tenido los mejores sueños de mi vida.
En mi sueño me encontraba en el baño de mi casa alistándome para salir a algún lugar y al mirarme al espejo el reflejo me devolvió fue el de mi otro yo. Esa visión monstruosa con la carne casi inexistente y con los ojos brillándole de rojo.
Yo me asustaba y pegaba un grito mientras me caía al piso, mis padres llegaban a ver qué había pasado y se horrorizaban al ver.
—¿Quién eres tú, monstruo? —decía mi padre mientras se interponía entre mi madre y yo.
Al mirar a ver mis manos estaba cubierto de mi fuego negro y mis manos tenían esas heridas que dejaban ver mis huesos.
—¿Qué le hiciste a nuestro hijo? —decía mi madre.
Las paredes empezaban a escurrir sangre y todo cambiaba de golpe, toda la habitación parecía estar hecha de músculos y la sangre escurrida de todos lados y en el piso había cientos de cadáveres dispersados por todo el pasillo.
No quería volver a soñar con eso, a pesar de que Susana decía que no me quebrara por esto. Sentía que poco a poco me estaba consumiendo.
—¿Una pesadilla? —me preguntó Susana volviéndome a concentrar en el presente.
Asentí como un niño pequeño asustado.
—¿Quieres contármela? —preguntó con verdadera curiosidad.
—Quisiera escucharte tocar otra vez.
Susana rio mientras acomodaba el violín en su hombro.
—No me hago responsable de tímpanos reventados.
Volvió a tocar, esta vez una melodía que me transmitía alegría. Sentí que la vibración de aquellas cuerdas llegaba al fondo de mi ser, haciendo eco y lograba que mi alma se moviera al mismo ritmo. Llegué a escuchar a Susana tararear ocasionalmente mientras tocaba, como si aquella melodía llevara algo extra que intentaba compensar.
Pero sentí que no hacía falta, el mero sonido me transmitía paz. Tenía los ojos cerrados y por poco me vuelvo a quedar dormido cuando el sonido de golpes en su puerta, hizo que ambos despertáramos del trance en el que la música nos había impuesto.
Susana dejo con mucho cuidado su violín y su arco y atendió al llamado.
—Te dije que quería la puerta abierta —sentenció su padre en cuanto se asomó por la apertura total de la puerta.
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Seacorroz
FantasyJavier creía que los problemas de la adolescencia eran aburridos, repetitivos y demasiado pequeños para preocuparse por ellos. Pero todo cambia tras un accidente que le revela un mundo oculto que siempre había existido frente a sus ojos. Ahora, rode...
