Segundo libro de Inmune.
"Te protegeré, aunque eso signifique mancharme las manos de sangre."
- El cambio de Leo es cada vez más notorio por los dones que está despertando, a causa de eso, la están buscando y se tiene que preparar rapidamente. Pero...
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Observé una ultima vez a los ojos de toda la mesa, como esas almas de los guerreros y de los guías de la cueva, estaban detrás de ellos esperando su última palabra. Una pequeña punzaba me atravesó la cabeza pero me trague el dolor, siendo lo más paciente que podía.
-Esta bien - dije con voz ronca -. Si no es como yo pienso, lo matare yo misma...
-Bien - suspiró el abuelo Quil más relajado -. Te daremos el voto de confianza, pero tenemos condiciones. Una de ellas es que cuando eso sepa hablar, tener una audiencia y juzgar si estas en lo cierto o no.
Solo moví mis ojos en dirección a Billy y por último a Sam el cual ya algo más recompuesto se acercó a mi cruzándose de brazos, al menos ya no tenía cara de pocos amigos.
-Estaremos vigilando a la distancia - comenzó a decir -. Los únicos que pueden salir sois tú y tus hermanos. Ni los Cullen ni la manada que se separó pueden salir del límite que pongamos, en caso de que lo hagan atacamos.
-Atacareis a los vuestros? - mi voz sonó bastante sería al oírle decir eso. ¿Cómo se le podría ocurrir atacar a su propia familia? Al ver la seriedad de sus ojos pero también la pizca de pena me lo confirmó, mire al resto - Es enserio?
-Sabemos que harías algún trueque - la voz incómoda de Billy pasó a primer plano, dejando a todos en silencio y la cabeza baja de Sue -. No atacaremos hasta dañar a nuestros hijos - eso último lo dijo mirando a Sue la cual se veía realmente mal -, pero un castigo tendrán. Solo atacaremos a los Cullen y mataremos a Bella con el mestizo dentro.
Solo me quedo observable a los ojos, intentando controlar mis emociones como mi respiración. Lo veía justo.
Debemos irnos, murmuró con voz gruesa detrás de mi Lyall dejándome la piel de gallina.
Empecé a retroceder bajando la mirada mientras asentía con la cabeza.
-Gracias por el voto - murmuré antes de girarme y caminar hacia la puerta.
-No nos falles - fue un simple susurro, pero lo pude escuchar perfectamente de Sam.
Estaba en un modo automático. Subir al coche, conducir hasta la casa de los Cullen. Mi mente no daba tregua, la conversación pasaba por mi cabeza una y mil veces, como también la voz de Lyall diciendo que era imposible, las conclusiones de Carlies, las de mi hermano, Nakomi! Debía haber un modo. Un modo tiene que ver para salvar a todos!
Leo, frena!
Vi pasar algo rápido delante de mí y después la cabeza de Lyall agarrando el volante, girando hacia afuera de la carretera hasta que pise el freno. Rápidamente miré hacia el otro lado de la carretera viendo cómo un jabalí pasaba corriendo hasta adentrarse en el interior del bosque.
Enterré las manos en mi cara y me dejé caer en el asiento con el corazón en la boca.
Tienes que centrarte en la carretera! ¡Casi nos matas niña estupida!, los regaños de Lyall se oían bien fuertes en mi cabeza provocándome un dolor inmenso pero también rabia. No puede ser que continúes con esta actitud! Tienes que controlarte de una vez! Das vergüenza!