Dos: verdad innegable
Hace un año atrás...
Me despierto al alba, como todos los días de mi vida. Me dirijo al baño y tomo una habitual ducha fría. Me visto con mi uniforme de combate de la realeza y camino hacia la habitación continua donde el abundante desayuno me espera. Me siento en la silla que encabeza la única mesa de la amplia sala situada al centro de la misma. Sin prisa comienzo a comer solo, sin la compañía de nadie, no me molesta es mejor así. Todo es vacío y silencioso, siempre lo fue. Termino de comer el excelente desayuno, me levanto y camino hacia la puerta. Me detengo frente a ella posando mi mano sobre el picaporte y permito que un suspiro escape de mí deseando secretamente que el día fuera diferente. ¿Pero a quien engaño? No me espera más que entrenamientos, conquistas, soldados temerosos de mí implorándome piedad e insignificantes insectos que esperan anhelantes cualquier tropiezo de parte mía para tomar mi lugar. Me espera la constante rutina, la interminable soledad y la decepcionante verdad de que solo es otro día más.
Borro esos pensamientos de mi mente y decido finalmente comenzar el día. Abro la puerta y salgo de la habitación para recorrer un extenso y ancho pasillo cuyas paredes están adornadas con los emblemas del imperio saiayin. Durante el camino encuentro esclavos mirando hacia abajo con gran temor en sus ojos, temor inspirado por mi presencia. Ni siquiera les dirijo la mirada solo sigo caminando con la cabeza en alto sintiendo orgullo por el respeto infundido. Luego de unos minutos llego a la monumental sala principal del establecimiento donde soldados de primera clase y de las mejores elites se ejercitan arduamente para aumentar su poder, mejorar sus técnicas y ser mas eficientes en las batallas. Al verme inmediatamente todos detienen su entrenamiento y al mismo tiempo hacen una reverencia inclinando sus cabezas hacia el embaldosado. Disfruto el acto mirándolos con una nota de altivez.
-continúen- les ordeno con voz imperiosa y el seño fruncido. Todos hacen caso omiso y siguen combatiendo. Avanzo en mi camino pero soy detenido por mi principal soldado, mi leal colega, el único en quien confío.
-mi rey- me saluda llevando su mano derecha al corazón inclinándose, haciendo una reverencia al igual que los demás.
-kakaroto- lo nombro mientras asiento mi cabeza aceptando su saludo. Él vuelve a su pose normal y me sigue al cuarto personal del rey ubicado a un par de metros de la sala de entrenamiento. Mantiene su boca cerrada algo inusual en él pero no le doy importancia. Llegamos y entro primero seguido de él. Me dirijo a mi silla para sentarme, cierro mis ojos y asiento mi cabeza en ella olvidándome por un segundo de la presencia de kakaroto. Sino fuera por el bajo ruido de su garganta no habría percibido la incomodidad de mi compañero quien estaba de pie frente a mí. -habla- le ordeno invitándolo a tomar asiento, señalando la silla frente a él. Enseguida se sienta y mirando hacia el suelo empieza a jugar con sus dedos. Espero unos segundos para que comience a hablar pero no lo hace. -¿Qué sucede?- pregunto mas que intrigado fastidiado. Duda por otros segundos hasta que se atreve a levantar la mirada y verme a los ojos.
-vegeta yo...- nerviosismo se percibía en su voz.
-¿Qué sucede kakaroto?- pregunto nuevamente enojado perdiendo la poca paciencia que poseo.
-estoy enamorado de una esclava- respondió directo sin titubear. Su confesión me tomó desprevenido, traté de mantener la calma y que mi rostro fuera lo mas neutral posible. Estuvimos en silencio por varios segundos, mi mente trabajaba tenaz tratando de descubrir exactamente en que momento había sucedido esto y como pasó inadvertido. -la conocí hace 2 años en una de las exportaciones de esclavos de la tierra. La defendí del maltrato de un soldado, luché con él a muerte y gané. La tomé como mi esclava y con el tiempo fuimos llevándonos bien hasta enamorarnos. Fui precavido para que nadie notara su presencia ni su relación conmigo- habló con sinceridad y gran simpleza resumiendo su historia, respondiendo mis preguntas sin tener que pedírselo. Parecía que se había sacado un gran peso de encima pero aun algo faltaba por confesar.
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Eterno Lazo...bulma &vegeta
RandomHola les traigo aqui otra historia q me parecio hermosa
