Cinco: prejuicio

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¿Cómo se atrevió pedirme a mí, el rey, que tome a una insignificante humana como esclava? Pero lo que mas me indigna es ¿Cómo logró convencerme? ¿Por qué acepté? Cuando entré a la habitación observé a una mujer dándome la espalda y como se oponía a inclinarse, mostrar respeto por mi autoridad. Que irrespetuosa y descortés. Pero al voltear finalmente la vi y todos mis deseos de enseñarles modales y matarla desaparecieron. Nunca antes en mi vida había tenido la oportunidad de presenciar tan extraña belleza. Sus ojos azules al igual que su cabello eran únicos y excepcionales. Increíblemente hermosa. ¿Pero en que estoy pensando? Me reto a mi mismo y me ordeno controlar los pensamientos. También observé su mirada de odio que me lanzó al elevar su rostro luego de saludarme. Apenas la conozco y ya siente odio hacia mí. ¿Qué le he hecho para que tome tal postura, cuando nunca antes la había visto? Otra vez me reto, no puedo creer que me este cuestionando por la tonta mirada de una esclava.

Durante el discurso del saiayin veo de reojo a la mujer y un par de veces la encuentro observándome. Me da gracia el ligero rubor ascender por sus mejillas. Cuando kakaroto me llamó para hablar en privado nunca imaginé que fuera a pedirme tal cosa. Inmediatamente debí negarme rotundamente y aun así no lo hice. Con la excusa de que ella debía trabajar junto con los científicos terminé accediendo a su petición. Me retiro de la habitación lo antes posible y me dirijo hacia la sala de entrenamiento. Me enfrento contra un grupo de unos 10 soldados. No estoy concentrado ni interesado en la pelea, solo esquivo golpes, rayos y bolas de ki que me lanzan, de vez en cuando despido unos golpes y utilizo alguna de mis técnicas.

En este momento algo mas ocupa mi mente, otra cosa capta toda mi atención y una pregunta absolutamente me molesta. ¿Por qué acepté? ¿Acaso detrás de mi condición se ocultaba una superficial ilusión de la gran posibilidad de tenerla cerca mío? Tal vez no solo acepté porque fue un pedido de kakaroto, un favor sino también por un recóndito deseo. Estoy tan absorbido en mis pensamientos y cuestiones que me toma totalmente desprevenido la bola de ki que me arrojó un soldado y sin ninguna defensa estalla directamente en mi brazo derecho. La sangre lentamente comenzó a emerger de la herida. La furia empieza a desencadenarse dentro mío y solo encuentro un culpable por tal accidente: ella. Si no hubiera estado pensando en ella no me hubiera distraído y por ende herido.

-lo lamento mi rey- me suplica perdón inclinando su cabeza el mismo soldado que me disparó.

-no se detengan. Sigan entrenando- ordeno furioso a todos los presentes. Los mismos obedecen. Salgo de la sala y camino por el pasillo.

-señor debería ir al medico a curar su herida- me recomienda un anciano al ver la sangre manchar mi uniforme. No respondo solo sigo caminando, me dirijo a mi cuarto para acabar con el problema. Ella debe estar allí. Por un momento dejo a mi mente divertirse con la imagen de la mujer suplicando piedad, rogando que la deje con vida. Me detengo y nuevamente una pregunta me molesta ¿Por qué actúo así? En realidad soy el único responsable de no estar concentrado en la pelea y resultar herido. ¿Por que vuelco toda la culpa en ella cuando ni siquiera me ha hablado aun? ¿Por qué estoy tan molesto y enojado con la mujer sin aun conocerla? Vaya sabia que algún día el poder y los asuntos del reino terminarían percutiendo negativamente en mi vida pero no creí que fuera tan pronto. Río ante la idea y lo paranoico que me puse por unas sencillas preguntas y sus posibles respuestas. Había perdido la razón sin causa pero al fin la recuperé.

Finalmente llego al cuarto y entro sin miramientos. Aunque esperaba encontrarla en mi habitación me resulta extraño y hasta me sorprende su presencia. Está en mi cuarto con una pequeña maleta en su mano, debe de haber llegado apenas unos minutos antes que yo y se dirigía a su cuarto. Me detengo frente a ella y la miro como a todo sirviente y esclavo de este palacio. No hay temor en su mirada pero si asombro, tal vez no me esperaba tan pronto. Sus ojos se desvían hacia mi herida que hasta el momento no se detuvo con el sangrado. Observo que titubea y luego habla:

Eterno Lazo...bulma &vegetaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora