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¿Amor o deseo?

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Hay sentimientos que parecen amor… pero en realidad son deseo desordenado que termina destruyendo todo.

La historia de Amnón y Tamar, en Segundo libro de Samuel 13, es incómoda de leer y fácil de ignorar. Pero si miras el texto hebreo con cuidado, todo cambia.

El texto dice que Amnón “amaba” a Tamar. La palabra es “ahav” (אָהַב). Pero no todo “ahav” habla de amor sano. A veces describe un deseo intenso, egoísta, que no busca cuidar… sino consumir.

Amnón se angustia hasta enfermarse. La palabra tsarar describe presión interna, obsesión, ansiedad. No es paz, no es entrega. Desde el principio, su “amor” estaba enfermo.

El amor verdadero no destruye. Te da claridad, calma, te lleva a proteger, no a dañar. Pero Amnón escucha a Jonadab, y las decisiones equivocadas aparecen cuando alguien justifica lo que sabes que está mal.

Cuando actúa, el texto no suaviza nada: violencia, pecado, daño. Sin romanticismo. Y lo más terrible: después de obtener lo que quería, lo aborrece. “Sane” (שָׂנֵא), odio profundo. Más fuerte que su supuesto amor. Eso nunca fue amor: solo deseo egoísta disfrazado. Y el deseo sin amor deja vacío, culpa y rechazo.

Tamar no es solo víctima; es voz que muchos necesitan escuchar. Ella advierte: “No hagas tal vileza…” Reconoce el mal, intenta detenerlo… y nadie la escucha. Queda desolada (shamem): devastación emocional, espiritual y profunda.

Esta historia no es antigua. Sucede hoy. Personas confunden intensidad con amor, insisten, presionan, manipulan… y lo llaman “amor”. No lo es. Es egoísmo, vacío y falta de control.

Y también hay Tamar hoy: personas que dijeron “no”, que intentaron detener algo, y que fueron ignoradas… con heridas que nadie ve.

Y el silencio duele. David se enoja… pero no actúa. A veces duele más lo que otros no hicieron que lo que alguien hizo.

El amor verdadero nunca fuerza, nunca destruye. Cuida, honra, respeta. Si no hay respeto, no hay amor.

Esta historia no solo señala a otros, también cuestiona nuestro corazón. Porque no todos somos Amnón… pero todos podemos tener deseos desordenados. No todos somos Tamar… pero todos sentimos el dolor de una herida.

La pregunta no es solo qué sientes… es qué haces con eso. No todo lo que nace en ti debe obedecerse.

¿Estás llamando amor a algo que solo quiere tomar… sin importar a quién destruya?

1 Corintios 13

Reina-Valera 1960

La preeminencia del amor

13 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

Estás enseñanza fue tomada de la página Dato Curioso, creditos a quien corresponda.

¿COMO DIOS ME AYUDA?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora