He estado algo extrañado desde hace algún tiempo, no sé, si es por esa extraña neblina que consume todo impidiendo la visibilidad al punto que ya no puedo distinguir, si es de día o de noche, de momento sólo puedo ver sombras o imágenes difusas a la distancia caminando por las calles. Aunque eso de no poder distinguir a la gente por género o apariencia no es lo que me inquieta, lo que sí lo hace, es que se me hace muy complicado es poder acercarme a quienes encuentro en mi camino, ni siquiera puedo tocarlos.
Trate de... No sé cómo describirlo exactamente, pero, últimamente he estado encontrado algunas sombras en medio de la neblina a las cuales he podido tocar, si aunque a sido por un segundo, he podido sentir la piel y un extraño sudor frío recorrer su rostro antes de desvanecerse entre mis dedos. Pero sólo bastó esa sensación para sumergirse rápidamente en el recuerdo, si ese que recrea este lugar detalladamente; empezando por el extraño rechillido que emite la puerta al abrirse, así como el extraño aroma a formol que es dueño del lugar y en cierta forma no podríamos olvidarnos de la mesa de operaciones que está debajo de esas grandes luces, el bisturí, la sierra, el martillo, así como las demás cosas que necesitó para tratar a mis pacientes están correctamente ordenados en su lugar esperando a ser usados una vez más, sé, que aún guardan esa pasión de su trabajo dentro de ellos.
-¡AYUDENME!
Puedo verlo retorcerse en la aquella mesa tratando de soltarse - Cálmate, todo saldrá bien - susurré a su oído, tratando de calmarlo.
-¡POR FAVOR, SUÉLTAME!
-Silencio, por favor - susurré a su oído, mientras me alejaba a acomodar los instrumentos para realizar mi trabajo.
Al ver a mi nuevo paciente de reojo, una sonrisa se dibujó en mis labios llevándome a recordar cómo por primera vez, después de mucho tiempo pude ver a alguien tan nítidamente que pude tocarlo, golpearlo y traerlo hasta aquí.
- DIOS, POR FAVOR, PERDÓNAME.
Porque el gusto de gritar -silencio, nadie te va a escuchar en este lugar - dije mirandolo desde el lugar donde acomodaba mis instrumentos para la operación...
-¿QUIEN DIJO ESO?
La sorpresa, me hizo sonreír - ¿no puedes verme? - dije haciendo haciendo caer el martillo en el piso.
El miedo consumió su rostro rápidamente - ¡¿QUIÉN ANDA AHÍ?! - grito mirando hacia todos lados tratando de soltarse.
La sonrisa burlona se apoderó - esto parece que será muy divertido - dije mientras acerca mi mano a su cabeza; un sinfín de imágenes violentas recorrió mi mente.
-PERDON, PERDONAME DIOS POR MIS PESCADOS.
Luego de la rafagas de imágenes -¡CALLATE! - grite cortando sus insulsas súplicas, mientras cogía el bisturí para empezar a trabajar.
-"El camino al infierno, está lleno de buenas intenciones"- dijo una sombra que se paró cerca de la puerta.
Mi sonrisa sádica fue opacada por el silencio sumergiéndose en el recuerdo de una sala de emergencia, una donde las semanas pasaban rápidamente así como los cuerpos mutilados de un asesino en serie el cual no podía ser detenido por la policía. La impotencia y la ira consumían al doctor que no podía hacer nada para salvar a sus pacientes, hasta que él mismo buscó al criminal haciendo pagar por cada una de sus víctimas del pasado, con el más cruento dolor. Y sin decir nada se volví a dibujar una sonrisa y continúe con mi trabajo....
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HISTORIAS EXTRAÑAS
HorrorAquí encontraras mis creaciones espero que sean de su agrado.
