Ya sé que la organización fue algo descabellada, a ¿quién se le ocurre organizar una reunión? Lejos de tu lugar de origen, bueno que retirarse por separado al finalizar la reunión de copas con viejos amigos de escuela, caminaba por las lóbregas calles de la ruidosa ciudad, entre la semioscuridad de aquella calle angosta, “atajo a la calle peral” decía un pequeño cartel en una de la paredes. La luz de luna era cegada aquella noche por las nubes que pronosticaban una tormenta, al entrar a aquella calle se podía oír el silbido del viento que con ayuda de las hojas de los viejos árboles de lugar oscuro, producían armoniosas y a la vez tenebrosas melodías.
Al caminar por aquella calle tuve que emplear mi celular como linterna aunque la luz que emitía era muy tenue, pero luego de una rato pude darme cuenta estaba rodeado de un silencio paralizante, el silencio que me rodeaba era tanta que podía escuchar mi propia respiración, el palpitar de mi acelerado corazón, hizo que mi piel se ponga como el de las gallinas, a cada paso el silencio era más perturbador aunque ese silencio fue roto por los feroces ladridos de perros callejeros, empeorando mi situación mucho a un punto que de forma intuitiva mi cuerpo empezó a correr sin prestar mucha atención al camino y el poco apoyo que mi móvil brindaba, hizo que entre a una zona oscura, al cual llegué por un agujero que había en una de las paredes de aquella calle, al primer paso, pude sentir la caída. Caí en oscuridad total, un lugar donde sólo podía sentir los golpes de mi cuerpo contra las piedras de aquel piso y que decir de aquellos arbustos que estaba cerca, si, esos que desgarraron mi ropa junto con algunos fragmentos de mi piel.
No sé, cuánto tiempo pasó para despertar sobre las dóciles hojas del pasto salvaje de aquel lugar, que era iluminado por la luz de la luna llena dando la impresión de un día oscuro, uno de eso donde puedes ver todo pero no tu sombra fue en ese momento en el cual; un intenso dolor se consumió todo mi cuerpo en fracción de segundos, pero desapareció casi inmediatamente para ser reemplazado por el miedo más puro existente, ese que se originó luego de oír los gritos desgarradores de auxilio que venían de las profundidades del bosque. La luz de luna cambio, se encendió aún más de lo habitual iluminando todo, creando así un falso día, uno que se convertía en oscuridad pura a los bordes del bosque; aunque en mi interior me decía que corriera desesperadamente en sentido contrario a aquel aterrador lugar, pero los aullidos de unos perros salvajes que venían de la dirección contraria al bosque, esos ladridos combinado con los aullidos me hizo dudar de mi decisión, y ahora ¿qué camino debería tomar? Ir hacia los perros salvajes o hacia el bosque donde provienen los gritos.
Recuerdo la fría brisa que golpea duramente todo mi cuerpo, qué decir de mis heridas que aún sangraban y que decir de mi ropa rasgada; la parálisis del miedo que me pedía que corriera se va desapareciendo, aunque mi corazón seguía latiendo fuertemente, aunque mis pasos llevaban duda caminaron fervientemente hacia al bosque, ya que había más probabilidades de esconder en un árbol para esquivar a la muerte, que escapar de esa jauría de perros salvajes que estaban en la llanura, el bosque cada vez era más denso pero luego de avanzar cuidadosamente esto se hizo más despejado, fue en ese momento que el viento decidió crear melodías tétricas al compás de los golpes de las hojas de aquellos grandes árboles y eso no era todo ahora es melodía era acompañada de unos grito de piedad que venían de todos lados por culpa del viento, lo cual hizo que avance más rápido hacia adelante ya que, no sabía de dónde venía exactamente aquellos gritos. Camine hasta llegar a un lugar despejado donde había una cabaña con unas fogatas alrededor (tenía la apariencia de un campamento).
Mis ojos se abrieron hasta no poder, mi corazón casi se paralizó y mi cuerpo aún muy herido maldecía aunque se mostraba cansado quería salir de ahí y enfrentarse a los perros, porque las fogatas estaban rodeadas por charcos de color carmesí, si un rojo tan intenso que provenía de los cuerpos mutilados que estaban por todos lados alrededor de círculos algunos perros arrastraban los cuerpo de pequeños campista que gritaban de dolor por la violencia con los que los mordían para arrastrarlos, el viento siguió golpeándome con fuerza, aun con su siniestra composición aunque esta vez escuche, extrañas risas sádicas acompañas de los gritos desesperados que salían de la cabaña.
Mis pasos trataron de ser lo más sigiloso posible, si lo sé, sabía que lo más lógico sería huir de ese lugar pero mi cuerpo avanzó solo hasta llegar a una ventana, ahí pude observar a cuatro personas semidesnudas siendo golpeadas sin ninguna piedad; cada patada era acompañada por una carcajada de su verdugo.
―clemencia por favor, clemencia ― imploraba la víctima dentro un charco de sangre.
Juro que mis puños estaban cerrados por irá, impotencia, de ver como cuando de la nada, uno de los que está atrás alzó la mano y empezó a andar lentamente, pronunciando palabras en un idioma inentendible, como si hablase de cosas sin sentido, él se acercó al rehén que está siendo golpeado para cogerlo del cabellos, y luego sacar un cuchillo que puso el cuellos del rehén que lloraba mientras pedía clemencia; aquel sujeto ignoro todo y empezó a recitar versos y poemas extraños pero que llevan la oscuridad en cada línea que emitía, cuando termino uso el cuchillo primero cortándole el cuello y continuo hasta separar su cabeza de su cuerpo ante la risa de los ante la risas de sus cómplices la mirada atónita de los demás rehenes.
Consumido por el miedo di un salto por aquella atrocidad, sin querer golpe algunas madera las cuales un ruido que se escuchó adentro, corrí no volteé a ver si me seguían, sabía que lo hacían, en el camino encontré un machete que cogí antes de entrar al bosque y no voltee, corrí como alma que es perseguida por el diablo, aun con mi prisa lograba escuchar el sonido del bosque que sonaba diferente esta vez el sonido de los gritos de dolor eran cambiado por gritos de atrápalo y mátenlo, los gritos eran cada vez más lejanos pero los ladridos de los perros mezclaron y se acercaban rápidamente; al cabo de un momento uno de ellos me alcanzó lanzándose con una dormía fuertemente, mi brazo izquierdo se levantó instintivamente protegiéndome, con ayuda del machete que tenía en la otra mano pude librarme de esa fiera que quedó tendido en el suelo, pero consiguió el tiempo suficiente para que el otro me alcance, fue algo más difícil líbrame del otro pero pude dejarlo atrás sin que aquellos tipos me alcancen, aunque mi cuerpo estaba cansado mi cuerpo seguía corriendo desesperadamente.
―¡Maldita luna! ― grité mientras corría; nunca pensé odiar diosa de la noche a aquella que es el origen de bellos poemas e inspiración, si, en ese momento ella era mi peor enemiga, ya que la luz era tan radiante, un día en medio de la noche, uno que me impedía esconderme en cualquier lugar corrí hasta ya no poder más, corrí hasta llegar al borde de un abismo aunque saque gran ventaja no tengo salida de este lugar...
Por eso escribo esto, esto es para que sepan que mi desaparición no fue un accidente, fui forzado, forzado por aquella calle que me llevó a esos perros, maldigo a esos perros que me empujaron a caer en la oscuridad, maldigo ese momento en el que entre a aquella calle, maldito atajo y todo por ser un turista que no conoce esta ciudad. Ciudad en la cual estoy destinado a morir puedo oírlos acercarse…
Adiós
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HISTORIAS EXTRAÑAS
HorrorAquí encontraras mis creaciones espero que sean de su agrado.
