En una de tantas noches, donde la luna camina por el cielo nocturno con el glamur de la reina blanca que pasea por su reino iluminándolo a cada paso; Una de tantas noches y ya aburrido por esa absurda monotonía, cerré mis ojos para sumergirme en los profundos reinos de ese antiguo dios del sueño, si, a ese que algunas conocieron como Morfeo. Al pasar por toda la oscuridad, pude ver la ilusión de los campos elíseos, lugar donde yacen aquellos viejos escritores, poetas, filósofos y artistas que no conocieron al último dios conocido, un lugar rodeado de grandes cataratas llenas de esplendor mágico, campos verdes iluminados de un radiante sol fervientemente, creando así una belleza absurda de algo placentero que nunca existirá en una realidad, pero aun así el golpe de viento perfumado por la esencia de las rosas de que florecen a la distancia son tan reales, que, que aun embriagado por la esencia de esos perfumes, caí hipnotizado en el césped lugar donde pude ver un pequeño agujero oscuro en medio de toda esa belleza así que me sumergí en aquel lugar.
He caminado por la oscuridad total en línea recta sin desviarme, hasta llegar a un tipo de cueva iluminada por el brillo de miles de ventanas casi juntas en todas las paredes de aquel largo camino que seguía sin desviase; esas ventanas mostraban los absurdos sueños de miles de personas que aún tenían fe en ser algo en sus vidas muy fácil de suponer ya que todos desean triunfar en todo lo que hacen, la monotonía de las escenas era absurdamente aburrida al punto que por evitar verlas, me percate de esos extraños seres que con el simple acto de tocar la imagen de la ventana transformaban los sueños en interesantes pesadillas, la burla de esas cosas que se escondían en la oscuridad de los bordes de las ventanas, esas asquerosas criaturas que se callaban cuando pasaba cerca y otros que al acercarme a ellas me blasfemaban incoherencias combinadas de maldiciones absurdas, (lo digo porque no entendía nada de lo que decían, pero todo lo que vociferaban parecían insultos) mi travesía era inacabable ya que aquel túnel era inmensamente extenso, a pesar de eso seguí caminando hasta que el blanco resplandor fue cambiado por un rojo intenso. Los seres ya no se escondían en las sombras de los bordes de las ventanas, ahora andaban libremente transformando cualquier intento de sueño en pesadillas muy peculiares y divertidas (bueno según yo).
Perdido en la creatividad de aquellas pesadillas - ¿Quién eres? - dijo la extraña voz rechinante de uno de esos seres que caminaba detrás de mí.
Aun perdido en las imágenes de las ventanas - Que te importa - respondí sin tomarle importancia.
- Lo que digas, al final no saldrás de aquí...
Al escuchar esto, seguí caminando tratando de no perder de vista un par de ventanas - ¿Que dices idiota? - Respondí mientras observaba, como una de esas sombras cogía los sueños de una niña y transformaba en unas pesadillas muy violentas, todo para burla de estos - ¿Qué es este lugar?
-Que te importa- respondió, para luego empezar a reír a carcajadas.
Al verlo de reojo pude saber cómo era ese ser humanoide que trataba de imitar mi postura erguida ―pobre basura... ― susurre mientras seguía avanzando.
Mientras avanzaba mas sádicas y grotescas eran las pesadillas, no importaba la edad ni nada, porque podría ser un recién nacido o algún abuelo que deficiencias cardiacas en este lugar todos eran tratados por igual, ya que ninguno de ellos podía despertar de su estado de coma. Hasta donde logre ver este lugar se divides en tres bloques, los sueños normales, los sueños en estados de coma y finalmente los sueños eternos, el cual conoceré al pasar este rojo intenso a ese rojo oscuro, una oscuridad tentadora para mi gusto.
-Yo que tú, no entraría ahí - dijo otra vez la voz que se quedó riendo detrás de mí.
Continúe avanzando - ¿qué quieres decir? - dije mientras volteaba a verlo directamente.
Un ser humanoide hecho de algún tipo de barro mucoso - Mira, no es que me agrades, pero si te dejas devorar por nosotros estarás bien - respondió sonriente, mientras muchos de seres repulsivos tomaban una forma similar al primero y se le acervan a él con sonrisas siniestras llenas de malicia.
Sonreí ante la propuesta -Púdrete imbécil - dije antes de empezar a correr.
Las risas fueron múltiples aunque la respuesta fue solo una- ¡no vez, que ya lo estoy haciendo...! - grito uno mientras empezaba a correr desesperadamente para alcanzarme. - No corras, no te pasara nada - decía una y otras mientras reía.
El silencio reinante fue invado por los lucíferos gritos de aquellos seres que corrían de forma desesperada tratando de atraparme, a pesar que mi avance era imparable por que repartía golpes y empujones para poder avanzar hasta que logre pasar el límite de ese lugar por una larga pendiente. El olor putrefacto inmundo inmediatamente mis fosas nasales causándome lagrimeos y vómitos inmediatos, el olor nauseabundo eran insoportables y el asco fue mayor al ver muchos cuerpos mutilado alrededor, mis pies estaban sumergidos en un charco de sangre.
El aire que me golpeaba era frio contaminado por el olor a azufre, y combinado con el aroma de la putrefacción de los cuerpos mutilados, al tratar de avanzar los géminos de dolor eran evidentes a cada paso que daba, cada pisaba hacia que algún cuerpo emitiera un alarido de dolor a pesar de estar mutilado cosas que traba de ignorar, mientras buscaba una posible salida de aquel asqueroso lugar, y en mi búsqueda logre ver una gran muralla hecha con partes de cuerpos que aun sangraban, creando en la base de la muralla un pequeño rio de negro carmesí, todo este caótico lugar era iluminado por una luna roja. Si, una gran luna roja podría jurar que sonreía mientras avanzaba por oscuro cielo como toda una reina victoriosa luego de una gran masacre.
Luego de muchos intentos lograr pasar la gran muralla, ya arriba pude escuchar los ladridos de grandes bestias que corría detrás de personas que trataban de escapar en todas direcciones pero sus intentos eran inútiles ya que terminaban siendo desgarrados en el acto, como si fueran simples juguetes ya que no se daban la molestia de rematar a sus víctimas; a pesar de mi precaución al avanzar, fui descubierto por una de esas criaturas mitológicas aunque logre esquivar a duras penas uno de sus ataques el simple rose hizo que sintiera un dolor inimaginable aunque solo fue solo un rose, un simple roce.
Al levantarme corrí como alma que lleva el diablo, corrí desesperadamente tratando de ignorar el dolor que me consumía cada vez más, regrese al lugar donde inicie tratando de buscar refugio entre los cuerpos mutilados de ese lugar, una de las fieras me había seguido aunque no pudo ver donde me oculte, emitió un grito para llamar a más de esas quimeras. Grandes criaturas de ojos negros, pelaje espinoso en todo el cuerpo, sus patas llevaba garras tan brillantes como el oro, sus colas era como grandes cobras que miraba hacia todas partes como si me buscaran algo desesperadamente, la criatura buscaba desesperadamente junto a sus compañeros pero no lograron encontrarme y un grito desgarrador se escuchó a la distancia y estruendoso sonido hizo que esas cosas se retiraran hacia esa dirección.
Al ver a la luna roja retirarse por el horizonte junto a las quimeras y otras criaturas gigantes de tres cabezas; mientras más se alejaban, las personas que estaban descuartizadas empezaron a rearmarse otra vez, frente mis ojos vi como su piel, sus huesos y sus entrañas se juntaban para sanar completamente. Ya curados totalmente estas personas caían de rodillas y empezaban a llorar desconsoladamente al ver el amanecer de un día gris, muchos de ellos complemente curados solo cayeron al suelo sin emitir más sonido que el silencio.
- ¡Corran, corran y cojan palos y piedras y defiéndase! - grito un joven de los armadura oxidada que corrían hacia todos lados tratando de animar a luchar a los que yacían en el piso.
- Huyan, que ya llegan los diurnos ―grito un viejo que estaba de rodillas en el piso cogiéndose la cabeza.
El miedo me consumió inmediatamente, haciendo que mi corazón se acelere violentamente al ver con mis propios ojos a esas grandes seres mitológicos, hombres fieros con cuerpos de caballos junto con ellos iban sátiros, basiliscos y otras criaturas comandadas por una gran bestia de seis brazos adornado por joyas de todo tipo y en cada una de sus manos llevaba una espada de oro puro. Los más jóvenes y los que llevaban armaduras atacaban las criaturas siendo en vano sus ataques, ya que las criaturas los terminaban destrozándolos de un solo golpe, los gritos de los viejos y niños inundaban el lugar al ser asesinados y destrozados a golpes.
- ¡Cuidado! - Grito una mujer que peleaba cerca de mí.
Al voltear vi como una espada dorada me hacía un corte en el hombro, aunque pude esquivarla el corte hizo que derrame mucha sangre ― mierda... ― dije antes de caer al suelo gire varias veces para levantarme mientras cogía mi hombro sangrante aun perturbado por lo ocurrido, mire hacia todos lados y mi sorpresa fue mayor al ver que estaba en mi habitación y mi hombro tenía un profundo corte.
Luego de ese día puedo ver a la reina de la monotonía recorrer el cielo, y me llega el recuerdo de su hermana, así como cuando veo al sol que impide que olvide a su hermano, ese que se oculta detrás de las espesas nubes, y como olvidarme de su comándate esa criatura que manejaba las seis espadas dorada ese "hijo de p..." que me dejo la cicatriz en el hombro, el problema es que por par más que recorro los campos elíseos no encuentro ese mendigo agujero negro.
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HISTORIAS EXTRAÑAS
TerrorAquí encontraras mis creaciones espero que sean de su agrado.
