XI

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Crucé de forma monótona la calle cuando la señal del semáforo me lo indicó, justo como todos a mí alrededor. Por ambos lados se cruzaban personas, haciendo que unos chocáramos con los otros, pero le resté importancia a los leves golpes, realmente no eran gran cosa.

Continué mi camino; sería una gran noche e incluso caminar ocho cuadras lo valdrían bastante.

Nicolás había organizado una pequeña reunión en su apartamento, no paraba de hablar de lo divertido que sería y lo felices que sus amigos estarían al encontrarme allí, sin embargo, a mi sus colegas eran lo último que llamaban mi atención de la situación, pero Nicolás que iba a saber.

Al parecer, él no dejaba de hablarles acerca de mí, o al menos eso era lo que Gasper me había contado aquella vez que llegó al hospital para recogerlo.

Gasper era amigo de Nicolás, uno muy cercano, por lo que me había comentado; físicamente era bastante llamativo, pero no se le definiría correctamente diciendo que tiene un atractivo único, porque realmente no lo tenía. Siempre estaba sonriendo y es que le era imposible pasar desapercibido con la cantidad de tinte que su cuerpo absorbía, tatuajes por todos lados.

Ya cerca de la dirección establecida en el pequeño trozo de papel que mis manos sostenían, doblé a la izquierda en una de las calles más tranquilas por las que nunca había vagado y me sorprendía bastante que una zona tan oscura, pudiese sentirse tan segura, ya que Boston no era precisamente caracterizada por ser una ciudad segura.

Pronto me encontraba ya frente a un edificio que conjuntaba varios apartamentos; a simple vista eran muy bonitos y seguramente bastante caros también.

Ingresé al lugar por la puerta y confundida miré al recepcionista, quien sólo asintió y señaló el ascensor. No cuestioné su forma de trabajo, solo me adentré al pequeño espacio de acero y oprimí el botón del piso que la hoja indicaba.

Una vez frente a la puerta, di golpecitos contra ella y esperé respuesta.

El sonido de la música se escuchaba desde el exterior, haciendo que me sorprendiera considerablemente y las dudas sobre si era realmente una pequeña reunión, fueron aclaradas.

La puerta fue abierta y mi vista pasó de estar sobre el piso, en donde unas botas cafés de gamuza se introdujeron en mi campo de visión, hasta su rostro y el sentimiento de confusión se arraigó en mi interior.

—¿Lester? —podía sentir el movimiento en mi entrecejo.

—Vaya sorpresa, Athenea —una sonrisa burlona se pintó entre sus labios, haciéndome sentir aún más desconcertada—. Quiero decir, Dra. Ledger.

—¿Qué haces aquí?

—Disfrutando de un viernes por la noche, ¿no es lo que todos venimos a hacer? —una pequeña risa brotó desde su garganta y negó con la cabeza—. No vivo en un hospital y tampoco la paso encerrado en una habitación oscura, al menos no yo, pero no sé tú.

Sus brazos se alzaron de manera divertida, al menos para él; estaba consciente de que acababa de hacer un chiste, pero en mi cabeza solo eran concretas las imágenes de ese mismo chico con un rostro débil y una mirada apagada. —¿No vas a pasar?

Entonces las imágenes se desvanecieron y fui consciente de que me había quedado ida por algunos segundos.

Alcé nuevamente la mirada y me encontré con un par de ojos esmeralda, pero estos parecían haber retomado su brillo, sin embargo, la oscuridad permanecía en ellos.

Asentí caminado en su dirección; cuando estaba cerca de entrar, su cuerpo parecía que no cedería en moverse, pero no obstante, sus piernas comenzaron a moverse, retirándose a un lado para permitirme el paso.

Dentro había gente bailando al ritmo de la música o al menos eso intentaban algunos. Los muebles habían sido acomodados en las orillas de los espacios amplios, para poder dar mayor comodidad a la hora de moverse.

—¡Athenea! —Nicolás se acercó hasta mí con una cerveza en la mano, parecía contento—. Pensé que no vendrías, después de las diez me rendí, juraba que nunca aparecerías por aquí.

—Te dije que vendría, una profesional nunca cancela.

Nuestros brazos se extendieron y me recibió con un abrazo, mientras que besábamos cada uno la mejilla del otro.

—Ven, tengo que presentarte a unos amigos.

Giré un poco para ver si encontraba a Lester, pero este ya no estaba ni cerca.
Mi brazo fue jalado sin brusquedad y Nicolás me guío hasta un grupo de personas que se encontraban sentados en uno de los sofás.

—Aquí viene la mujer que nos ha causado dolores de cabeza por días —un chico de cabellos rubios se puso de pie e inmediatamente reconocí que era Gasper— juramos que nos dejarías plantados hoy.

Besó mi mejilla y le devolví el gesto mientras una sonrisa tímida estaba dibujada en mis labios.

—Hola, Gasper.

Inmediatamente todos los que acompañaban a Gasper en el sillón, se levantaron y se acercaron con sonrisas amigables y relajadas.

—Vaya, ya era hora de conocerte. Nicolás no para de hablar sobre ti.

Uno de ojos azules estrechó mi mano y sonrió, pero no logré distinguir que clase de sonrisa está dedicándome, evadí el hecho de que sé de antemano que no intentaba ser amable, ya que parecía más sarcástico y falso, y me enfoqué en lo que realmente importaba. Nicolás no para de hablar sobre ti.

Lo busqué con la mirada, pero él no parecía para nada avergonzado por lo que sus amigos me decían, simplemente se encogió de hombros mientras reía y bebía de su cerveza.

—¿Qué tanto les has dicho sobre mí?

—Que admiro bastante tu inteligencia y que nunca había conocido a una mujer que lograse conseguir algo tan grande, en tan poco tiempo y sin papeles de terminación en la carrera. Eres realmente increíble, me siento orgulloso de poder considerarte como amiga cercana del trabajo.

Entonces lo que comenzaba a hacer que mi corazón se acelerase, se detuvo por completo y pude sentir un filo de decepción pasearse por el interior de mi cuerpo.

Ambos me habían presentado a su grupo de amigos y aun que realmente eran agradables, también dejaban bastante visible la pesadez con la que llevaban su amistad y yo nunca había sido esa clase de personas, por lo que terminé alejándome del grupo.

No había dejado de pensar en el pequeño sentimiento de emoción que se paseó por mi cabeza en aquel momento cuando pensé que Nico había estado hablando maravillas de mi con sus colegas, fue entonces cuando caí en cuenta de que estaba comenzando a desarrollar un gusto por él, algo más que solo interés y eso hacía más frustrante la realidad, ya que estaba bastante claro que él no correspondía o al menos no era lo que buscaba.

Podía sentir un par de miradas y no les juzgaba, porque realmente estaba consciente de lo mal que podía estarme viendo; parecía que era la única sentada y que estaba sin compañía.

Me puse de pie y caminé un poco en búsqueda del baño, mientras que soltaba la liga de cabello que cargaba en mi muñeca y comenzaba a hacerme una coleta, debido al calor que provocaba la aglomeración de cuerpos en un espacio tan reducido. En el momento que mis dedos intentaron agarrar el elástico, este se resbaló y terminó en el suelo.

—Maldición.

Murmuré para mí misma y traté de visualizar el material de cabello, forzando un poco también la vista, para mi mala suerte, era negro y se perdía con la poca iluminación.

Agaché mi cuerpo y me puse de rodillas para comenzar a buscar, hasta que en ese momento alguien se agachó frente a mí y tomó algo del piso, para estirar su mano y entregármelo.

—Creo que es una mala costumbre tuya.


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