La confesión.

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Dios, se llama Christian... Wow. Él es más alto que Jack, además de ser hermoso.

—Jack. -También le contestó a Christian. —Un gusto.

—Bueno, iba de salida. —Comentó Jack. —Adiós, Ana.

—¡Adiós!

Jack y sus amigos se fueron, debo admitir que fue un momento bastante incomodo. en realidad. Cuando Jack se fue, Christian se acercó a mi de nuevo.

—Yo también me iré, que te vaya bien.

—Gracias.

Caminé hasta donde estaciono mi moto, y caí en cuenta. ¡Joder, mi moto! Se me había olvidado. Christian todavía no se había ido, me imagino que estaba esperando a que me fuera, pero quería que se fuera.

—¿Por qué no te vas? —Preguntó Christian.

—Ehm, es que...

—Tu moto no está. —Interrumpió. —Lo sé.

¿Cómo es posible que adivinara? Bueno, a no ser porque mi espacio está vacío y que no tengo casco, joder.

—Así es, pero cogeré un taxi, ya me voy.

—Si quieres puedo llevarte...

—No, que pena, sí apenas te conozco.

—No lo malinterpretes, sólo quiero hacerte el favor.

Lo pensé un tiempo, bueno... En realidad casi no tengo dinero, así que será mejor aceptar la ayuda de él, no creo que haga algo malo, se que estoy loca, pero es mi única opción.

—Bueno, está bien.

Entré a su carro y me fui.

Mientras el iba conduciendo hablaba conmigo, es muy carismático, un rasgo bueno, además de ser bien interesante.

—Y bueno, ¿Por qué estudias ciencias económicas? —Preguntó Christian.

—Pienso que es una buena carrera, me gusta mucho... —Respondí.

—Vaya... Yo sólo por estudiar algo, no me agrada ninguna carrera, pero esa medio me llamó la atención.

—¿Tienes dinero? o algo así. —Pregunté.

—¿No se nota?

Miré a mi alrededor, una linda camioneta, él iba vestido muy bien y sí, que pendeja...

—Bueno sí, no lo noté.

—Hahaha... Listo, estamos por donde me dijiste, ¿Cuál es tu casa?

—Esa. —Señalé. -Gracias por todo Christian.

—Dime Chris. -Respondió con una linda sonrisa. —No hay de que.

Bajé de su carro y me despedí, cuando él se fue cogí mi bolso buscando las llaves de la casa y sé me acercó alguien por detrás, me tocó la espalda y aterrada volteé a mirar.

—¿Jack?

—Ana... ¿Qué hacías con ese chico en ese carro?

—Solo me trajo a mi casa, eso es todo... Mi moto está de nuevo en un taller.

—Me hubieras dicho, yo podía haberte traído en un taxi... Supongo que ni lo conoces.

—¿Y tú por qué me reclamas?

—Me... Me preocupé. —Respondió. —Cuando salimos del parqueadero y vi que te quedabas sola con él, me separé de mi grupo y me quedé viendo que pasaba, cuando te montaste en su carro tomé un taxi y los seguí, no quería dejarte sola.

—¿Y por qué haces eso?

—Ay, no lo sé...

—Ven, entra a mi casa te ofreceré un poco de café, hace frío.

Saqué las llaves y pasé... Mi madre ni mi padre estaban, ¿Que raro, no? Le serví un poco de café y lo invité a pasar a mi habitación.

—Perdona mi despelote, pero no recibo invitados hace... Nunca.

—Já, no importa, tu cuarto es muy decente al lado del mio.

—Y bueno... Sigamos, Cuéntame como va tu relación.

—Ah, de eso te iba a hablar... ¿Te acuerdas que yo me fui con ella a cine? Pues sí, estuvimos viendo una película y volver a los tiempos de antes. Cuando la dejé en su casa fui a la universidad y luego volví, pero la encontré en su casa besándose con otro tipo, yo no soy estúpido, le terminé en ese preciso instante, y además de eso, estaba drogada hasta el pelo, no... Simplemente no quiero eso para mi vida.

—O sea... que ¿Todo terminó?

—¿No lo crees?

—Si, si... pero tú la querías.

—Yo la amaba, pero... Todo cambió cuando conocí a la persona indicada, y Michelle ya no me quería, así que me dio oportunidad. —Respondió Jack acercándose a mi. —Esa chica indicada está tan cerca pero a la vez tan lejos.

—¿Y quién es? —Pregunté, quedando en ridículo.

—Ay, Ana... Así eres aún más tierna. —Respondió Jack, y poco a poco se acercó a mi hasta que me robó un beso, desprevenida... Y cuando terminó puso una sonrisa mirándome fijamente a los ojos. Yo veía sus hermosos ojos verdes... Esos ojos. —¿Qué pasa? ¿Te incomodé? Perdóname... No era mi intención, fue un impulso.

—... —Permanecí en silencio.

—¿Ana?

—No, para nada... —Suspiré. —O sea que esa chica indicada soy yo... ¿Cierto?

Sólo bajé la mirada, no lo miré a los ojos... Estábamos los dos solos.

—¿Enserio, Ana? —Preguntó irónicamente. —Si.

—Vaya... -Me paré de la cama. —Te gusto.

Él también se paró, tomó mi mano muy suavemente y me acercó a él, me abrazó muy fuerte, su loción era encantadora, abrazarlo me hizo sentir muy bien, porque yo también siento algo por él, era raro.

—¿Soy correspondido? —Preguntó Jack, yo me separé él y lo miré.

—¿A qué te refieres? —Pregunté, como siempre de pendeja, haciendo preguntas bobas.

—¿También te gusto?

Yo no dije nada, sólo lo abracé, y Jack también lo hizo, sé dio a entender muy bien.

Jack miró su reloj.

—Es tarde, Ana... Creo que debo irme. — Comentó. —Créeme que desearía que esta noche sea eterna, para no soltarte nunca, pero mi bella princesa, está noche debo irme.

—Comprendo... Tranquilo, sé que debes irte, pero espera. —Lo abracé aún más fuerte. —Es bonito sentir que alguien me quiere.

Cuando lo solté el se despidió de un beso en la mejilla, tomó su chaqueta y salió de mi casa. Juro que esta noche no la olvidaré, jamás.

Ana Moon #Wattys2016Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora