Christian.

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Cuando me subí al carro de Chris me sentía muy incomoda, y rara; como si estuviera haciendo algo muy malo. Ah, joder... Sólo quiero salir un rato, no veo el problema, vamos como amigos.

—Chris, ¿No deberías estar descansando? —Pregunté preocupada. —Estas muy golpeado y quieres salir.

—Exactamente, quiero salir... Además, no estoy tan mal, ¿O sí?

—Si.

—Eso no importa, yo no me siento mal.

Yo iba molestando con Chris, contaba chistes, historias y la pasé bien. Llegué con él a un mirador, subimos caminando y vimos el mar. El mar es muy hermoso, azul cristalino y brillante, no se compara con nada.

—¿No crees que es hermoso? —Le pregunté a Chris.

—Sabes, he visto tantas cosas hermosas con el paso de mi corta vida... Unas más que otras, pero, sólo una que sobrepasa a todas.

—¿El mar?

—Hm... —Hizo una risa sarcástica. —Si.

—Lo sé, es tan relajante verlo, me hace sentir cómoda después de todo.

Miraba el mar fascinada, y miraba de reojo que Chris me miraba y no dejaba de mirarme; yo volteaba la mirada, evitando la suya, era raro.

Cuando bajamos del mirador, Chris me invitó al mar, para que pudiera verlo de cerca. Yo no me negué, así que fui con él. 

Con ropa y todo me metí al mar, era aún más genial de cerca, pero... Mi fascinación no me hizo olvidar lo más importante. Mientras estaba jugueteando como niña en una bañera, me acordé de Jack... Jack... ¿Dónde estará? ¿Qué estará haciendo? ¿Estará pensando en mi? ¿Se encuentra bien?

Salí y me senté en la arena, estaba pensativa, y sólo miraba perdida el atardecer. Recordé su sonrisa, esa que se quebró, su mirada... Joder, ni siquiera un día puede pasar sin querer estar con Jack.

Chris al verme también salió y se sentó al lado mio. Su cabello estaba mojado y su camisa también. Cuando lo vi, tenía los ojos raros, sus ojos azules estaban apagados, se notaba que no estaba bien, su cabello le medio tapaban la cara.

—Chris, ¿Qué te pasa?

—Nada, ¿Qué me podría pasar si estoy viviendo un momento feliz? —Sonrió de manera fingida, se le notaba. —Sólo me duele un poco la cara.

—Te lo dije, debiste quedarte en casa.

—¿Y perder esta oportunidad? No.

—¿Oportunidad?

—Ah, olvídalo.

Ya se había puesto el sol, Chris y yo nos fuimos, pero no a casa, él me llevó otra vez al mirador. Ya casi no habían personas, La única luz que teníamos era la del faro.

Estaba un poco raro, se veía muy deprimido, pero quería hacerme creer que estaba feliz. 

—Sé que te pasa algo, Chris. —Volví a insistir. —Lo sé.

—Ya te dije que me duele la cara, es todo. 

—Pero también te pasa algo emocionalmente.

—Ana, dame un abrazo. —Bajó la cara. —No preguntes por qué.

—Chris...

—Lo siento, no lo hag...

Le di un fuerte abrazo, interrumpiéndolo, y en el momento en el que lo abracé, el me tomó a mi y me apretó aún más, pero no bruscamente.

—Ana, te quiero. —Dijo Chris, con una voz muy quebrada.

—Yo también Chris, mi amigo.

Chris me soltó, se recogió su cabello y sonrió mirando al cielo, sus ojos azules relucían.

—¿Amas mucho a Jack? —Preguntó Chris.

—Si, o bueno, eso creo...

—Vaya... —Volteó la cabeza.

—Chris, ¿No tienes novia?

—No, nunca he tenido.

—¿Y quieres a alguien?

—Pues, sí, quise y quiero. —Respondió. —Quise mucho a mi hermana, ella era mi todo prácticamente, ella siempre estuvo conmigo, me ayudaba, cada vez que me sentía triste salía conmigo a caminar y me compraba dulces, era mayor por dos años. Era la mejor de todas, nunca creí tener una hermana tan maravillosa, pero la droga me la arrebató... La alejó de mi, para siempre.

—¿Tu hermana?

—Si...

—Vives casi la misma historia que yo.

—Y quiero... A una mujer que está fuera de mi alcance, supongo que no lo sabe aunque le he dado muchas pistas.

—¿Y por qué no le dices que la quieres?

—Ya lo hice, pero no me correspondió...

—Qué mal.

—Lo sé.

—Oye, creo que está un poco tarde, y ¿Si me acompañas a mi casa para darle de comer a mi perro y luego te llevó a la tuya? —Dijo Chris.

—Si, vamos.

Volvimos a subir al carro, Chris me llevó hasta su casa, su hermosa y genial casa... Parecía un castillo, un palacio, tenía una piscina muy grande y un lindo y gran jardín con una fuente; todo era muy lindo.

—¿Quieres entrar o me esperas aquí?

—Aquí te espero, Chris.

Me quedé admirando la gran casa que cada vez me dejaba más asombrada. Tenía otro jardín con muchos animales. Caballos, guacamayos, loros, conejos y muchos más... 

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Cuando terminó, que no se demoró nada, me llevó a mi casa; le agradecí por el paseo que me dio, y entré, mi madre ya estaba dormida y mi padre también también pero en el sofá. Traté de no hacer tanto ruido para no despertarlo y lo logré. Cuando entré a mi cuarto y descargué el morral me acosté en el piso y miré el techo.

Recordé que tenía que cambiarme la ropa porque estaba mojada y me iba a resfriar, así que fui a bañarme y a cambiarme. Prendí mi computador y coloqué música para quedarme dormida y así sucedió, no sin antes tomar mis pastillas.

Ana Moon #Wattys2016Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora