-Venga... Alanna, por favor. Abre los ojos. –Sentí una presión en mi boca antes de abrir los ojos rápidamente cogiendo una gran bocanada de aire que pronto me hizo toser incontrolables veces. –¡Por fin! Respira, respira tranquila... –Agitó el inhalador antes de destaparlo para ponerlo en mi boca. Aspiré el aire que salía de él calmadamente notando como poco a poco todo volvía a la normalidad.
-¿Q-qué...
-Te desmayaste de pronto y tuve que socorrerte. –Cerré los ojos apoyando la cabeza en el espaldar del sillón mientras que inhalaba y exhalaba lentamente.
-Gracias...
-De nada, pero me asustaste mucho, Alanna. –Abrí los ojos dirigiendo mi vista a las ventanas que habían por allá del sillón. –Las abrí en cuanto me di cuenta de tu problema.
-Gracias. –Volví a decir dándome cuenta que estaba medio desnuda. Mi bufanda y chaqueta habían desaparecido y los botones de mi blusa estaban todos desabrochados relevando por completo mi sujetador negro de encaje.
-Siento eso, pero era lo que...
-No te preocupes. –Abroché los botones rápidamente antes de volver a mirarlo.
-¿Por qué no me dijiste que padecías de problemas respiratorios?
-Porque no es algo que vaya contándole a la gente así por así. –Respondí encogiéndome de hombros antes de ponerme de pie para guardar el inhalador que Zach había rebuscado en mi bolso.
-¿Desde cuándo...
-Por favor... –Lo miré suplicante. –Solo tienes que mantener aireada la habitación la próxima vez. Con una ventana abierta para que entre el aire es suficiente.
-Está bien... –Murmuró cabizbajo evitando mi mirada.
-Oye, tampoco hagas eso.
-Disculpa...
-Y mucho menos te disculpes porque nada de esto es culpa tuya, Zach.
-Pero lo fue en este caso. Fue mi culpa tener las ventanas cerradas y... –Sus mejillas se sonrojaron haciéndome fruncir el ceño. ¿Y ahora qué? –Y haberte besado así...
-¿Estás sonrojándote?
-Claro que no...
-¡Sí! –Reí altamente sin creerlo. –¡Te da vergüenza decir que nos besamos!
-Que no, Alanna...
-¡Claro que sí! –Seguí riendo hasta que Zach me miró seriamente. –Vale, ya. Ya paro... –Reí por lo bajo acercándome a él para sentarme con mis piernas sobre las suyas. –La próxima vez solo tienes que ir más despacio...
-¿Significa que habrá próxima vez?
-Quién sabe... –Moví la cabeza de un lado al otro indecisa haciéndolo reír.
-Bueno, ¿qué quieres hacer ahora?
-¿Dormir?
-Ah, ¿qué dormirás aquí?
-Pues claro. –Recogí los zapatos del suelo para dejarlos junto a la puerta de la entrada. –Pero mañana vas a tener que llevarme a casa de Addy.
-¿De quién?
-Addy es mi amiga. –Respondí abriendo la primera puerta del pasillo dándome cuenta de que era el baño. Upss...
-Ah... –Murmuró pensativo. –Mi habitación es la segunda puerta.
-Gracias. –Abrí la segunda puerta del pasillo con una sonrisa en la boca antes de entrar mirando todo curiosamente. –¿Dormirás en la cama?
-Hombre, no me voy a ir al sillón.
-Deberías. Te recuerdo que soy una mujer casada.
-Bueno... –Dijo Zach alargando la "o" irónicamente mientras caminaba hacia la ventana para abrirla.
-Vas aprendiendo... –Me guiñó un ojo antes de quitarse la blusa por la cabeza y sentarse en la cama cómodamente. –¿Qué haces?
-¿A ti que te parece?
-Me parece que estás invadiendo mi espacio personal.
-Oh, bueno... –Frunció el ceño levantándose rápidamente.
-¿A dónde vas?
-Al sillón...
-No lo decía en serio, Zachy. –Reí al ver su cara de incomprensión. –Ven aquí, bobo. –Sonrió de lado antes de volver a tirarse a la cama junto a mí.
-¿Puedo hacerte una pregunta?
-No...
-¿Por qué te casaste con ese tipo?
-Ya dije que no iba a contestar. –Dije metiéndome debajo de las sábanas para darle la espalda.
-¿Por qué? –Sentí su brazo rodearme la cintura y como su aliento cálido chocaba en mi mejilla haciéndome sonreír. ¿Cómo podía ser tan lindo y pesado a la vez?
-Porque son asuntos míos, Zachary.
-¿Estás enamorada de él? –No respondí, pero creo que no le izo falta una respuesta concisa para averiguarlo. –¿Entonces?
-Por favor, Zach...
-Está bien, vale. Ya me callo... –Lo oí suspirar antes de dejar un beso en mi mejilla para alejarse. –Buenas noches.
-Buenas noches, Zach.
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Dime Lo Que Sientes
RomanceAlanna Mayer siempre había tenido una vida fácil y adinerada, por lo que no había dudado ni un segundo en sacrificarla a cambio de la de su padre en cuanto este enfermó y las deudas lo ahogaron por todas partes. Se casó, salvó la empresa familiar y...
