Me había despertado la mar de relajada y a gusto por unos rayitos cálidos de sol que anunciaban un esplendido día.
Zach y yo aún seguíamos recostados sobre la manta del suelo de aquel descampado, por lo que las imágenes de la noche anterior haciendo el amor con él habían sido ciertas y no un mero sueño de mi cabeza.
-¿Cómo estás? –Preguntó al percatarse de que lo estaba observando.
-Fenomenal. –Respondí sonriéndole de manera cómplice. –Me apetece comer algo. ¿Y si vamos a desayunar?
-Me parece bien. ¿Te apetece luego ir a darte un chapuzón en la playa?
-Hmm... ¿Por qué no? –Ambos nos sonreímos antes de ponernos manos a la obra con nuestra ropa.
Hacia mil años que no iba a una playa, y que me lo propusiera me había alegrado un poco. Además, me encontraba energética y tenía ganas de demostrarle al mundo mi pequeña felicidad.
⸾ ⸾ ⸾
Tras desayunar, nos dirigimos a la playa donde enseguida busqué una tienda playera de la zona en la que pudiera adquirir un bikini para la ocasión.
No pensaba bañarme en ropa interior, y mucho menos hacer nudismo en una playa que no estaba hecha para ello mismo.
Al salir de la tienda con el bikini puesto ya, regresé a donde Zach me esperaría sentado en la arena con intención de taparle los ojos para sorprenderlo, pero mi jueguito se quedó en parón en cuanto me percaté de cómo tenía de roja la espalda.
-¡Dios mío! ¿Fui yo?
-¿Qué? –Preguntó dándose la vuelta para mirarme confundido. –No te había oído. ¿Te compraste al final un...
-Sí, sí, ¿pero lo de la espalda fui yo?
-¿Qué espalda? ¿De qué hablas?
-Tú espalda, Zach. Tienes muchos arañazos... –Le di la vuelta para poder mirarlo mejor.
-¿En serio? –Dijo mientras que intentaba verse la espalda. –Pues sí...
-Lo siento...
-No, no, mejor así. –Lo miré confundida. –Así todos sabrán que ya estoy con alguien.
-Zachy... –Sonrió antes de pegarme a su cuerpo para besarme.
-¿No es la verdad?
-Eso hay que hablarlo primero...
-Vamos al agua mejor. –Sin pensarlo, me cogió en brazos para ir corriendo hacia la orilla del agua.
-¡Zach! ¡Suéltame!
-Tus deseos son órdenes. –Me soltó de repente haciendo que el agua me calara hasta los huesos.
-¡Está congelada! –Grité cuando salí a la superficie para abrazarme a mí misma.
-Ven aquí, nena. –Hizo que le rodeara la cintura con mis piernas antes de abrazarme. –Estás temblando.
-¡Porque hace frío! –Dije algo alto haciendo que varias personas a nuestro alrededor nos miraran.
-Déjalo, Alanna... Todos nos miran...
-¿Te da vergüenza?
-Un poco... –Murmuró provocando mi risa.
-Por cierto, ¿cuándo es tu cumpleaños?
ESTÁS LEYENDO
Dime Lo Que Sientes
RomanceAlanna Mayer siempre había tenido una vida fácil y adinerada, por lo que no había dudado ni un segundo en sacrificarla a cambio de la de su padre en cuanto este enfermó y las deudas lo ahogaron por todas partes. Se casó, salvó la empresa familiar y...
