⸾ SEMANAS DESPUÉS ⸾
Bajé rápidamente las escaleras para caminar hacia el despacho de Daryl y entrar sin ni siquiera llamar antes.
-Quiero el divorcio.
-¿Qué?
-Que quiero el divorcio. –Repetí más alto cruzándome de brazos frente a él.
-No me diriges la palabra durante estas dos últimas semanas, y cuando lo haces, ¿solo vas a decirme boberías?
-Esto no es ninguna bobería... –Dije encogiéndome de hombros.
-Claro que lo es. Sabes de sobra que no te lo daré.
-¿Por qué?
-¿Por qué? –Bajó la pantalla de su portátil para mirarme mejor. –¿Es que quieres verte en la ruina o qué? Porque te recuerdo que te casaste conmigo para no estarlo.
-No puedo seguir así... –Salí corriendo del despacho nuevamente para dirigirme directamente hacia el garaje en busca de mi coche.
Iría a casa de Zach en busca de su consuelo como había estado haciendo estas últimas semanas, pero mi sorpresa fue encontrarme con la persona menos esperada al tocar el timbre y abrirse la puerta.
-Oh, hola. –Mandy sonrió atrevidamente. –Supongo que buscas a Zach, ¿no? Qué pena, acaba de meterse en el baño...
-Yo... –Me di la vuelta para bajar las escaleras de la misma manera que llegué.
¿Cómo pude ser tan idiota de creerme todo lo que me había dicho?
Conduje lo más rápido que pude hasta aquel descampado, sabiendo que no habría nadie allí, para bajarme del coche y comenzar a gritar como una loca.
-¡¿Qué creías que pasaría, idiota?! ¡¿Qué me pediría matrimonio y viviríamos felices para siempre?! Eres una idiota, Alanna. ¡Idiota! –Golpeé numerosas veces mi cabeza con mis manos intentando sentir más el dolor físico que el sentimental.
Era una idiota y una completa inútil. Si es que no servía para nada, ya lo decía mi madre...
"Quédate con la inútil de tú hija, que es una buena para nada."
¡Y solo tenía tres años! ¿Qué se supone que tenía que hacer con tres años para no ser inútil?
¡La odiaba!
Odiaba con todas mis fuerzas a esa mujer que me había dado la vida...
De repente, un fuerte mareo invadió mi cuerpo y pronto sentí que todo se volvía negro.
⸾ ⸾ ⸾
¿Habéis sentido alguna vez la sensación de estar dormidos y de pronto despertar con un sobresalto por haber soñado o imaginado que caíais a algún sitio? Pues eso era exactamente o que había sentido en estos instantes.
Me incorporé abriendo los ojos rápidamente y cogiendo una buena bocanada de aire completamente asustada y desorientada.
¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado?
Observé todo a mí alrededor percatándome de que estaba en una habitación de hospital. ¿Pero qué hacía allí? Lo último que recordaba era...
De pronto, la puerta de la habitación se abrió y el doctor de la familia, Spencer, apareció por ella seriamente.
-Oh, veo que ya despertó, Alanna.
-¿Qué hago aquí?
-Creo recordar que la última vez que nos vimos te había dicho que no podías coger demasiados nervios o estresarte porque tu problema respiratorio se agravaría mucho más rápido para alguien de tu edad.
-Y-yo... –Intenté decir, pero el doctor me cortó con una fea mirada.
-Puedes ahorrarte las excusas. –Lo miré incrédula mientras me cruzaba de brazos. –Tienes que tener más cuidado, Alanna. No me gustaría que fueras por el camino de tu padre...
-¿Quién me trajo? –Pregunté cambiando totalmente de tema para que no siguiera hablando de ello. Sí, mi padre había empeorado a raíz de los problemas con la empresa y el abandono de mi madre, pero no creía que eso fuera a pasarme a mí.
-No lo sé. Tu marido está esperando fuera con otro chico. –¿Otro chico? Zach... –Te daremos el alta en cuanto acabemos de hacerte unas pruebas que considero necesarias para tu estado de salud.
-Quiero hablar con Zach primero.
-¿Con quién? –Preguntó por encima de sus gafas de vista anticuadas.
-Es el chico que está junto a Daryl.
-En ese caso, tendrás media hora para hablar con quien quieras. Luego vendré a buscarte para las pruebas. –Asentí con la cabeza antes de que el doctor volviera a dejarme a solas en la habitación.
El doctor Spencer estaba totalmente familiarizado conmigo y mi familia debido a que había sido él el encargado de tratar a mi padre. Había sido Daryl el que nos lo había presentado y debía decir que papá había mejorado mucho entando bajo su supervisión.
La puerta volvió a abrirse sacándome de mis pensamientos, pero esta vez no fue el doctor quien apareció, sino la persona que precisamente estaba buscando.
-Ally... Me tenías muy preocupado... –Me agarró la mano en cuanto se puso a mi lado, pero yo enseguida la aparté ofendida. –Lo siento... –Su mirada parecía sincera. –Pero todo fue un malentendido, Alanna. Mandy solo fue a casa a por unos apuntes de la universidad.
-Pues no lo parecía. Dijo que te estabas bañando.
-Eso no es verdad. Fui a mi habitación a buscar la mochila cuando escuché el timbre sonar. No le di importancia porque creí que sería cualquier persona menos tú.
-No te creo...
-Digo la verdad, Alanna. –Algo en su mirada cambió. –Te dije que podrías cambiar tu destino, ¿no? ¿Por qué tendría que cagarla ahora?
-No hemos hablado desde hace dos semanas.
-Pero eso no significa que ya me haya olvidado de ti, o que ya no me gustes porque lo sigues haciendo.
-Zach, yo... Lo siento... Estaba mal, y ver a Mandy allí me destrozó el alma...
-Lo sé, y el que debe de pedir disculpas soy yo. –Vi que su intensión fue acercarse aún más de lo que ya estaba, pero el sonido de la puerta lo detuvo.
-Se acabó el tiempo, Alanna.
-Te veo después. –Terminó diciendo antes de dejar un beso en mi frente para salir de la habitación.
-¿Algún familiar? –Preguntó curioso el doctor mientras que yo me encogía de hombros sin querer responder. –Bueno, es hora de hacer tus pruebas.
ESTÁS LEYENDO
Dime Lo Que Sientes
RomanceAlanna Mayer siempre había tenido una vida fácil y adinerada, por lo que no había dudado ni un segundo en sacrificarla a cambio de la de su padre en cuanto este enfermó y las deudas lo ahogaron por todas partes. Se casó, salvó la empresa familiar y...
