Capítulo 3

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Me despierto en la habitación de Theo, acostada del lado derecho con las cobija cubriéndome la cintura.
Miro a mi alrededor, estoy sola. No hay rastro de mi padre, ni de Theo, ni de Rosa.
Intento levantarme pero no puedo, un dolor punzante en la cadera me lo impide.

Recuerdo lo que pasó y me pongo a llorar. ¿Cómo mi propio padre puede hacerme algo así? ¿Cómo pudo Theo permitir algo así? Me llena de dolor recordar que toda mi vida ha sido así, con golpes de parte de mi padre, de gritos, de insultos y me pone aun peor, saber que jamás terminará.

Rosa entra a la habitación.

-¿Cómo te sientes, linda?-Me pregunta acercándose con un vaso con agua en las manos.

Ella me mira como si tuviera lástima de mí... Bueno, hasta yo misma me tengo lástima.

-Me duele la cadera... Y el abdomen... Y la mejilla-Murmuro entre sollozos.

-No te preocupes más... Ese maldito ya se fue-Es bueno saberlo-Te traigo pastillas para el dolor, el doctor dijo que no era nada grave, solo tienes que descansar un largo, largo rato-Me sonríe y me guiña un ojo.

Bueno...

-Gracias...-Le digo-¿Me llevaron al hospital?-Ella niega con la cabeza y me da las pastillas y el vaso.

Aun estoy temblando... Que horror.

-No, Theo trajo a un amigo suyo para que te revisará-Me quedo callada-Vamos, tomate las pastillas-Me sonríe.

Yo no protesto, justo ahora necesito algo que calme ese dolor punzante que siento en la área del estómago y en la mejilla.

-Gracias-Le entrego el vaso-Voy...-Me quito la cobija de encima-Voy a mi habitación-

-Estas en tu habitación-La voz de Theo hace presencia.

Rosa camina a la salida.

-No te vayas, por favor, no me dejes sola-Le pido desesperada. Ella me mira con tristeza y luego a Theo... Se va.

Claro, como es él quien le paga...

Rosa nos deja solos. Yo entro en pánico.

Ya no quiero, por favor ya no.

De mis ojos comienzan a salir lágrimas y todo mi cuerpo estremece del miedo.
No puedo dejar de mirar a Theo, estoy pendiente de cada movimiento que hace.

Se acerca a la cama del lado derecho, pero yo necesito que se aleje de mí, así que me arrastro al lado izquierdo de la cama provocándome dolor.
No puedo creer que esto haya vuelto a pasarme, por unos días pensé que estas clases de momentos en los que me quejaba de dolor habían quedado en el pasado, en casa de mis padres. Ahora veo que hice mal en creer eso.

-No te muevas-Me dice tomandome de los hombros y acomodando me de la misma manera que cuando me desperté.

-¡No me toques!-Le digo alejando sus manos de mí.

Theo se sienta a mi lado, suspira mirándome cansado y un poco enfadado.

¿En qué pensará? ¿Le parezco irritante? ¿Mi dolor le parece irritante? Porque claro que a mí también. Es horrible no poder caminar ni moverme cómodamente por ese maldito dolor. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Cómo es que pudo permitir algo así?

-Lo siento-Lo miro extrañada-No pensé que tu papá te fuera a golpear de esa manera, pensé...-

-¿Pensaste que me iba a hablar bonito? ¡Te pedí que no lo llamarás y me ignoraste! ¡No tienes escusa!-Le grito llena de dolor y tristeza-¡Me humille frente a ti para que no le llamaras y aun así me ignoraste!-Mis ojos parecen cascadas, las lágrimas no dejan de salir-¡Te odio! ¡Te odio tanto!-Me cubro el rostro con las manos y sigo llorando.

Te odio... Con amor IHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora