A la mañana siguiente, Clara estuvo durante tres horas pintando con acuarela y tratando de capturar el movimiento del mar.
No iba a disfrutar de mucho tiempo con Rico y éste la estaba presionando para que
aprendiera mucho. Ella estaba encantada.
-Ya es suficiente -dijo Rico finalmente-. He traído un picnic para que comamos aquí en la playa. He estado observando a Jorge... se siente muy atraído por ti.
-Él se siente atraído por muchas mujeres -dijo Clara tras dar un trago a su cerveza.
-Le gustan las mujeres, pero eso no es a lo que me refiero. Esto es... es muy diferente.
-No me cuenta nada sobre su pasado, Rico -dijo ella, sintiendo el corazón revolucionado.
-Su niñez fue muy difícil. Cuando sólo tenía catorce años podía haber terminado en la cárcel. Es un mérito que no lo hiciera... y ha conseguido muchas cosas.
-¿En la cárcel? -susurró ella-. ¿Cuando tenía catorce años?
-Ya te he contado demasiado. Por favor, ayúdame a comerme esta deliciosa piña.
Clara pensó que cuanto más tiempo pasaba con Jorge más enigmático se volvía éste. Comió en silenció y estuvo pintando durante una hora más, tras lo cual regresaron a la villa.
Jorge no estaba y se sintió muy sola. Telefoneó a Daniel.
-Hola -dijo cuando su hermano contestó-. ¿Cómo estás?
-Hola, hermana. Analizando la anatomía del tobillo. ¿Sabías que...?
-comenzó a decir su hermano.
Ella escuchó con detenimiento, asombrada por la pasión que Daniel reflejaba en la voz. Se iba a convertir en un médico estupendo.
-¿Y tú qué tal? -preguntó su hermano.
-Estoy de vacaciones -dijo ella, tratando de parecer natural.
-¿Dónde?
-En una pequeña isla en México -contestó, explicándole rápidamente el trabajo que había realizado para Jorge-. Así que he pagado la matrícula para la escuela de arte e incluso me queda un poco de dinero extra.
-¿Estás sola?
-No. Estoy con Jorge. Él es el propietario de este centro vacacional.
-Estás volando alto, Clara. He leído acerca de él. Crea dinero muy fácilmente y es muy mujeriego. ¿Te has acostado con él?
-Sí. Pero no se te ocurra decírselo a nuestros hermanos.
-Antes solías irte de fiesta... pero te perdiste muchas cosas al tener que cuidar de nosotros. Será mejor que él se porte bien contigo. No está casado, ¿verdad? ¿Has conocido a su familia? ¿Cuántos años tiene?
Sintiendo cómo le daba un vuelco el corazón, Clara se percató de que no sabía la edad de Jorge.
-El sólo es una diversión, Daniel -dijo-. No necesito conocer la historia de su familia.
-Así que no sabes mucho sobre él, ¿no es así? Ten cuidado, hermana. Él es muy poderoso...
-Voy a acudir a la escuela de arte y ni diez hombres como Jorge Correa me van a detener.
-Pásalo bien y no te enamores de él.
-No hay peligro de ello. Te voy a dar un número de teléfono donde podes llamarme -ella le dio el número-. Ahora voy a nadar en la piscina... y después quizá pida piña con papaya.
-Una mujer tiene que hacer lo que tiene que hacer.
-Ten cuidado con esos tobillos -dijo ella, riéndose-. Te quiero, Daniel.
-Yo también te quiero.
Al colgar el teléfono, Clara pensó que lo que tenía que hacer era disfrutar de aquella lujosa villa. Nadar en la piscina la relajó y después se dirigió al centro vacacional vestida con un sarong y una camisa de lino blanca sobre su bikini. Allí se enteró por la recepcionista de que Jorge había salido de la isla aquella mañana por cuestiones de negocios. Se esperaba que regresara por la tarde y se encontraría con ella a las ocho en el restaurante.
Él ni siquiera se había molestado en decirle que se iba a marchar durante el día y ello la enfureció. Pero bajo el enfado se escondía dolor...
ella le había dado el poder de hacerle daño.
Entonces se dirigió a andar por la playa y comenzó a agarrar caracolas y fragmentos de coral.
Media hora después se quitó el sarong, la camisa, y se metió en el agua. Cerró los ojos y dejó que su cuerpo flotara de espaldas.
-Pareces una ninfa...
Al oír aquello abrió los ojos y vio que Jorge se estaba acercando a ella.
-Has vuelto.
-Hace una hora -dijo él.
-Me enteré de que te habías ido por la recepcionista y me he sentido muy mal.
-Yo sabía que iba a regresar antes de la noche. No tenía nada que ver contigo.
-¡No me trates como si no existiera!
-¿Es eso lo que hago cuando estamos juntos en la cama?
Jorge llevaba puesto un pequeño bañador que dejaba ver lo musculoso y masculino
que era.
-No -contestó ella-. Hablo del resto del tiempo.
-Pero ése era el acuerdo.
-El acuerdo no era obligatorio. Y, mientras estemos juntos, me gustaría que me informaras de dónde estás.
-Te pones muy guapa cuando te enfadas -dijo él con dulzura, tomándola en brazos. La besó en la boca y se excitó de inmediato.
-¡No quiero seguir con el acuerdo! -dijo ella, empujándole el pecho y echando la cabeza para atrás.
-Si tengo que volver a salir de la isla te lo haré saber antes de marcharme. Has pegado fuerte, señorita.
-¿Cómo se supone que voy a llegar a ti si no?
-¿Todavía no lo sabes? -dijo él, sonriendo-. ¿Dónde has estado los últimos días?
Clara puso la mano sobre la parte más vulnerable del cuerpo de él.
-Eso es tener confianza -dijo Jorge.
-O ser estúpida -dijo ella, sintiéndose invadida por el deseo.
-Prefiero mi versión -con la alegría reflejada en los ojos, la tomó en brazos y la sacó del agua.
Entonces la llevó al lugar donde había colocado una toalla sobre la
arena a la sombra de las palmeras.
-Nunca hemos hecho el amor al aire libre -dijo, tumbándola de espaldas.
Con el corazón revolucionado, Clara se quitó ambas partes del bikini.
Una vez desnuda, abrió los brazos ante él.
Jorge se quitó a su vez el bañador y se echó sobre ella. La besó y le acarició el cuerpo hasta que ella se sintió consumida por él. Entonces la levantó para que se sentara a horcajadas sobre él. Clara aceptó la erección de él y comenzó a moverse y a gemir intensamente.
Entonces ambos se perdieron en un paraíso de placer.
Jadeando, ella se derrumbó sobre el desnudo y sudoroso pecho de él.
Eran sólo uno...
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Ardiente Deseo
Fanfiction¿Aquel matrimonio sería alguna vez algo más que pasión y deseo? Después de cuidar de sus hermanos pequeños durante años, Clara Anselmo había conseguido por fin la libertad... y tenía intención de disfrutarla. Por eso cuando el millonario Jorge Corre...
