15: Nueve Senanas

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Jorge dio un portazo a la puerta de su ático, se quitó la corbata y la chaqueta.
Era el momento de hacer una lista. No iba a volver a tener más citas ni con Leticia, ni con Mariana, ni con Berenice, la modelo más requerida en aquel momento, que era muy guapa pero extremadamente aburrida.
Se preguntó por qué no simplemente dejaba de tener citas; quizá de aquella manera mejorara su carácter. Recordó a Clara y lo agradable que era. La echaba de menos, tanto en la cama como fuera de ella.

Los números cuatro, cinco y seis de su lista establecían que no debía pensar en Clara, que no debía seguir despertándose por la noche buscándola y que no debía quejarse porque ella no estuviera allí.
No la había sustituido en la cama. No había tenido ni ganas de hacerlo.

Hacía exactamente nueve semanas desde que Clara había abandonado la isla…
El día después de que ella se hubiese marchado, él había telefoneado al hospital de Mendoza, desde donde le habían informado de que Gael Anselmo ya había sido dado de alta.
Así que no había sido necesario que ella rompiera su promesa.

Realizando un par de acertadas llamadas telefónicas, se había enterado de que la casa de los Anselmo había sido vendida. Y de que Clara había sido admitida en la escuela de arte.

Pero ella no había hecho ni el más mínimo intento de ponerse en contacto con él.
Se preguntó si sería por eso que estaba de tan mal humor. Estaba acostumbrado a que las mujeres lo persiguieran.
En realidad, ella no podía haber entendido la importancia de la promesa que le había hecho. La razón era simple; él nunca le había contado nada sobre su madre ni sobre sus promesas incumplidas. No le había hablado del dolor, físico y psíquico,
que ello le había causado de pequeño.
Pensó que quizá ella hubiera visto la fotografía de Mariana y de él en el periódico, eso explicaría su silencio… Él mismo se había enfurecido al haberla visto al día siguiente.

Suspirando, miró por las ventanas de su ático, desde las cuales había unas magníficas vista. Se preguntó por qué demonios tenía que estar la escuela de arte en Buenos Aires, prácticamente frente a su edificio…

Nueve semanas después de haber salido de la Isla de Mexico para ver a Gael, Clara pasó la primera noche en el carísimo apartamento que había alquilado en Buenos Aires. Estaba cansada y necesitaba dormir.

También echaba muchísimo de menos su casa y a sus hermanos. Pero, por lo menos, no echaba de menos a Jorge. Al insensible,
dominante e infiel Jorge.
Suspirando, se dio la vuelta en la cama. Había vendido su casa y la mayor parte de los muebles. La última entrevista en la escuela de arte iba a realizarse en dos días, aunque ya sabía que había sido aceptada.
Pero si tenía que ser sincera tenía que admitir que sí que echaba de menos a Jorge. Lo echaba muchísimo de menos. Y por las noches era cuando peor lo pasaba.
Se dijo a sí misma que lo que echaba de menos era el sexo y no a él.

Pero si eso era cierto… ¿por qué se encontraba tan sola?

El silencio de Jorge contribuía en gran medida a aquella sensación de soledad. Durante los días que había pasado con él en la Isla, Jorge se había convertido en un amigo para ella. Habían mantenido interesantes conversaciones, habían reído juntos, habían nadado y jugado…
Pero entonces Daniel había telefoneado y Jorge le había dejado claro que no era su amigo. Y que no tenía decencia.

Al poco rato se quedó dormida.
Cuando se despertó a la mañana siguiente, oyó el ruido del tráfico. Se preguntó si iba a ser capaz de vivir en una de las ciudades más ruidosas del mundo. Entonces comenzó a sentirse mal y se dirigió al cuarto de baño, donde vomitó.
Pensó que había agarrado la gripe y se dijo a sí misma que era lo último que necesitaba.
Con cuidado se levantó, se echó agua en la cara y se lavó los dientes.

Ardiente DeseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora