—Mi cama ha sido como un desierto sin ti —dijo con la voz quebrada.
Clara le estaba desabrochando la camisa y, una vez lo hizo, le acarició el pecho y el estómago.
Estaba recordando, disfrutando…
Entonces Jorge la volvió a besar apasionadamente y ella le devolvió la
misma pasión.
Él le quitó el abrigo y después comenzó a subirle el jersey. Al sentir frío en su desnuda piel, Clara dio un grito ahogado.
—La puerta…
—Nadie me interrumpe cuando estoy en mi despacho, no son tontos.
Jorge se sintió invadido por la lujuria al presionar ella sus caderas contra su dureza. La empujó contra la pared, le desabrochó el botón de los pantalones y le bajó la cremallera.
Entonces cubrió con su mano el húmedo centro de su feminidad. Como si aquella caricia hubiese sido todo lo que había estado esperando, Clara se arqueó, momento en el que él le quitó el jersey por encima de la cabeza.
Tras hacerlo, le quitó el sujetador y lo tiró al suelo. Los pechos de ella, firmes y carnosos, tenían los pezones muy endurecidos y pensó que parecían más grandes de lo que él recordaba. También se percató de que tenía la cintura más ancha.
Continuó acariciándola hasta llevarla al clímax…
—Clara, ¿estás embarazada? —preguntó una vez ella hubo
disfrutado.
Ella se quedó helada y se sintió aterrorizada.
—Sí.
—¿Soy yo el padre? —preguntó él, aunque en realidad sabía que así era.
—Sí, el bebé es tuyo.
—¿Y cuándo pretendías decírmelo?
—Me enteré ayer.
—Quizá debería haberlo preguntado de otra manera… ¿me lo pretendías decir? —dijo Jorge, enfadado.
—¡Desde luego que sí! Decidí que tenía que hacerlo —entonces se atrevió a decir algo—. Tú creciste sin tu padre, ¿verdad?
—Jamás lo vi. Ni siquiera sé quién es.
—Yo quería darte la oportunidad de participar en la vida de tu hijo —dijo ella, mordiéndose el labio inferior.
—En la Isla dijiste que probablemente no serías capaz de concebir.
—Eso fue lo que me dijeron y lo que yo creí.
—¿Y cuándo tenías planeado contármelo?
—¡Ya basta! —gritó Clara, agachándose para agarrar su sujetador y su jersey. Se los puso apresuradamente—. Te creí cuando dijiste que no te habías acostado con Mariana… pero tú no me crees cuando te digo que te iba a contar lo del embarazo, ¿verdad?
—Un hijo no aparecía en mi lista —dijo él con dureza.
—Tampoco en la mía.
—¿Vas a abortar?
—¡No! Ni se me ha pasado por la cabeza.
Algo dentro de él se relajó.
—¿Lo saben tus hermanos? —quiso saber.
—¿Estás de broma? —Dijo ella, esbozando una irónica sonrisa—. Será
mejor que tengas cuidado cuando te encuentren.
—¿Tan mal están las cosas?
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Ardiente Deseo
Fanfiction¿Aquel matrimonio sería alguna vez algo más que pasión y deseo? Después de cuidar de sus hermanos pequeños durante años, Clara Anselmo había conseguido por fin la libertad... y tenía intención de disfrutarla. Por eso cuando el millonario Jorge Corre...
