27: Pesadilla

3.7K 267 2
                                        



Ultimos Capitulos



Jorge se planteó la vida sin Clara… y era inconcebible.

—La última vez que mi madre se marchó yo tenía ocho años.
Vivíamos en una pensión en una mala zona de Bs As. Antes ya se había ido, por tres o cuatro días cada vez, y yo había aprendido a cuidarme solo.
Las drogas, Clara. Estaba enganchada a las drogas. Cada vez que se drogaba y veía el mundo de color rosa, me prometía que las cosas iban a cambiar. Me decía que no iba a permitir que la pandilla de Bruno me diera más palizas, que me iba a llevar a comer pescado y papas fritas y que se iba a quedar en casa por las noches.

—¿Que no te diera más palizas? —balbuceó Clara.

—Yo no quería estar en su pandilla, ni en ninguna otra. Ya por aquel entonces era un solitario.

—¿Y tu madre no te protegió?

—Sus promesas duraban el tiempo exacto que la dosis de droga. La última vez que se marchó no me preocupé hasta que no pasaron cuatro o cinco días. Pero entonces pasó una semana y Bruno me dio una nueva paliza, por lo que no acudía al colegio. Tenía hambre y robé unos plátanos en una frutería. Había un policía en la esquina de la calle y me vio… así que terminé en el reformatorio. Días después encontraron a mi madre en un callejón. Había muerto de una sobredosis.

—Oh, Jorge…

—Casas de acogida de las que me escapaba, hurtos, juzgados juveniles. Hice de todo. Pero entonces me mandaron a un convento durante diez meses. Allí conocí a la hermana Pilar. Ella me salvó de mí mismo… quise mucho a aquella mujer.

—¿Ella también está muerta?

—Murió hace siete años. Ella fue la que me habló de la importancia de los orfanatos. No le gustaba mucho la vida que llevaba, pero estaba contenta de que ayudara a que los niños abandonados tuvieran un lugar seguro al que acudir.

—Me alegro mucho de que la conocieras —dijo Clara, emocionada.

—Si no hubiera sido así, tú y yo no estaríamos aquí ahora mismo.

—Yo jamás abandonaré a nuestro hijo… ni le haré promesas que no pueda cumplir.

—Lo sé —dijo él, mirándola a los ojos.

—Siento mucho que tuvieras que crecer de esa manera. Ningún niño
debería verse expuesto a la clase de cosas que sufriste tú.

—Nunca hablo sobre mi pasado y no comprendo por qué lo estoy haciendo contigo.

—Porque yo tenía que saberlo

—Después de heredar la residencia Correa y descubrir cosas sobre Lucia y sobre su manera de vivir, supuse que mi madre tenía buenas razones para rebelarse. ¿Quién sabe? Quizá las drogas le dieron algo que siempre había negado. No me dio la impresión de que Lucia supiera mucho de amor… echó a su única hija a la calle por un solo error

—Ahora soy yo la que está embarazada —dijo Clara sin alterarse.

—La historia se repite, ¿verdad? ¿Estás planeando marcharte?

—No —contestó ella—. Es lo último que quiero hacer.

—¿Ni siquiera ahora que sabes la verdad? Tu marido es un ladrón que
tuvo a una drogadicta por madre.

Ardiente DeseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora