Entonces Clara se colocó a su lado y el clérigo comenzó a hablar.
Daniel la dejó allí y Gael agarró el ramo de novia. Bautista le levantó el velo.
La belleza de ella, aunque ya le era familiar, provocó que le fallara la voz
al emitir los votos.
Entonces tomó su dedo y le puso el anillo de oro que había comprado
en el pueblo.
El clérigo dio la bendición y Jorge la besó levemente en los labios.
Concepción y su marido, Mario, firmaron como testigos, tras lo cual se
retiraron a la cocina para servir las copas de champán y la comida.
Clara, mirando a su recién estrenado marido, se dirigió a él.
—Será mejor que comas mucho. Concepción ha estado toda la noche
cocinando.
Jorge pensó que el hecho de que ella le estuviera sonriendo, aunque sabía que era una actuación, era digno de admirar.
—A Concepción le caes bien —comentó—. Me dijo que ya era el momento de que encontrara una mujer de verdad.
Clara se dio la vuelta para abrazar a sus hermanos y a Rico, que le dio dos besos en las mejillas. Tras el pequeño banquete, Jorge y ella acompañaron al clérigo, a los hermanos de Clara y a Rico al aeropuerto.
Entonces regresaron a la villa.
Y en aquel momento en el que por fin estaba a solas con Jorge, no sabía qué decir y pensó que debía haber huido cuando había tenido la oportunidad.
Concepción y Mario les estaban esperando en el porche para brindar por los recién casados. Los comentarios de él provocaron que su esposa se
ruborizara y que Jorge riera.
—¿Qué estaba diciendo Mario? —le preguntó Clara a su marido una vez estuvieron a solas.
—Estaba comentando la anchura de tus caderas y mi virilidad.
—Oh —dijo ella, forzándose en sonreír—. ¿Virilidad, uh? ¿Me lo vas a
demostrar?
—Es tarde, Clara, y debes estar cansada. ¿Por qué no te vas a la cama y yo voy después?
—No estoy tan cansada —dijo ella, parpadeando.
—Si comes por dos, también deberías
descansar por dos.
—Jamás haría nada que le hiciera daño al bebé —dijo ella sin alterarse.
—Bien —dijo él al llegar a la puerta del dormitorio de ella. Le dio un beso en la punta de la nariz—. ¡Que descanses! Te veré por la mañana — entonces se dio la vuelta y se marchó.
Pensó que aunque se había tenido que casar no quería perder todo el control de la situación.
El sexo con Clara le volvía loco, pero le daba a ella demasiado poder, por lo cual decidió que si tenía que vivir sin sexo para mantener el control lo haría.
No necesitaba a Clara. No necesitaba a nadie.
La luna de miel terminó.
Pero en realidad nunca había comenzado.
Clara estaba tumbada en la cama, en su propia cama, en su propia habitación. Estaba en el lujoso ático de Jorge. Oyó cómo su marido se vestía, su marido… que apenas la había tocado desde el día de la boda. La noche anterior, cuando habían regresado a Buenos Aires, él le había enseñado su dormitorio, que estaba separado del suyo. Entonces había desaparecido para comprobar sus correos electrónicos.
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Ardiente Deseo
Fanfiction¿Aquel matrimonio sería alguna vez algo más que pasión y deseo? Después de cuidar de sus hermanos pequeños durante años, Clara Anselmo había conseguido por fin la libertad... y tenía intención de disfrutarla. Por eso cuando el millonario Jorge Corre...
