23: Con toda su alma

3.8K 288 4
                                        



El primer día de clase de ella, Jorge tenía una reunión en la ciudad.

Clara pensó que él ya se había marchado cuando corrió al cuarto de baño para vomitar como de costumbre…

—Clara, ¿estás bien?

—Sí —dijo ella con voz ronca. Deseó que él no estuviera allí.

—¿Qué ocurre? —quiso saber él, abriendo la puerta del servicio.

—¡Márchate! —espetó ella justo antes de volver a vomitar.

Pero entonces él se arrodilló junto a ella y la agarró por los hombros.

—Sufres náuseas matutinas… ¿por qué no me lo habías dicho?

—Ahora ya lo sabes —dijo ella entre dientes, deseando a Jorge con todas sus fuerzas al sentirlo tan cerca. Quería apoyarse en él, quería que él la abrazara para siempre—. Tengo que lavarme la cara.

Jorge  la ayudó a levantarse y observó cómo se lavaba.

Estaba muy pálida.

—¿Te ocurre esto cada mañana? —preguntó.

—Tengo suerte. En cuanto vomito se me pasa. No debería durarme mucho más tiempo… compré un libro sobre el embarazo y eso es lo que dice.

—¿Estás segura de que estás bien? —Dijo Jorge—. Yo debería marcharme; tengo una reunión con un analista de mercado japonés. ¿Pero por qué no retrasamos la fiesta hasta que no te encuentres mejor?

Clara se acercó a besarlo en la mejilla y se percató de cómo reaccionaba el cuerpo de él.

—No tenemos que hacerlo. Tengo muchas ganas de conocer a tus amigos. ¿Nos vemos a las seis y media? Le he pedido a Marcel que prepare estofado de carne.

Cuando Jorge fue a buscar su abrigo al salón para marcharse, vio que en la mesita del café estaba el libro del que le había hablado Clara. Lo agarró y salió de la casa, esperando que las enseñanzas sobre el embarazo que éste le ofreciera lo ayudaran a quitarse de la cabeza la imagen del delicado cuello de Clara…

En cuanto Jorge se marchó, Clara se dirigió a ducharse. Una vez lo hubo hecho y ya más relajada, se dirigió al dormitorio de él envuelta en una toalla roja.

Impulsivamente se tumbó en la cama y presionó la mejilla en la almohada.

Todavía olía a él y se sintió embriagada por su perfume…

No era tan tonta como para pensar que si hacían el amor todo iba a estar bien entre ellos, pero por lo menos tendría la certeza de que la deseaba. Pero desde la boda, él no le había dado ninguna señal de que siguiera atraído por ella, lo que le hacía sentirse muy sola.

Entonces se levantó ya que tenía que acudir a clase; no quería llegar
tarde el primer día.

Cuando Clara llegó a casa al día siguiente por la tarde, se sintió muy
nerviosa. Era ridículo ya que no había razón alguna para tener miedo.

Había comprado algo muy lógico… y con su dinero.

Esperaría hasta después de que hubieran cenado para mostrarle a
Jorge el regalo que había comprado con la esperanza de que se acercara a
ella de nuevo.

Ardiente DeseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora