Mientras cenaban, Jorge y Clara hablaron de temas triviales, como el
postmodernismo o la temporada de jockey. No hablaron del embarazo ni
de sus planes.
Una vez terminaron de cenar, se montaron en la limusina que les
esperaba a las puertas del restaurante.
Clara se sentó y reposó la cabeza en el hombro de Jorge.
—Uno de los síntomas es que estoy cansada todo el tiempo —
murmuró, cerrando los ojos.
Cuando los abrió, la limusina estaba aparcada frente al avión privado
de Jorge en la pista de aterrizaje.
—Pensaba que íbamos a ir a tu casa.
—Y lo vamos a hacer. A mi casa de la Toscana.
—No puedo…
—Te traeré de vuelta antes de que comiencen tus clases. Dijiste que
siempre habías querido ir a la Toscana.
—Si hubiera dicho París… ¿habrías preparado un viaje allí también?
—Lo hubiera hecho. Planearemos lo que hacer en el porche bajo los olivos en vez de en tu apartamento. Hay una cama preparada para ti en el avión.
—Ya estás manejando mi vida de nuevo.
—Aparte de bella eres inteligente… eres increíble.
Clara frunció el ceño. Podía negarse a ir o simplemente montarse en el avión.
Bajó del coche y subió al avión de Jorge, donde durmió durante varias horas.
Cuando se despertó sintiendo náuseas matutinas, se encerró en el lujoso cuarto de baño y dio gracias de que Jorge estuviera en la cabina con el piloto.
Al aterrizar en el aeropuerto de Florencia, Jorge la guió fuera, donde les esperaba un coche de su propiedad, un Maserati color rojo.
Hacía calor.
Él se percató de que ella se quedó mirando el coche.
—Me encanta este coche.
—Entiendo por qué.
—Lo compré hace dos años —dijo, abriendo el maletero y colocando
en él las maletas—. Se tardan dos horas en llegar a la villa. La ciudad más próxima es Cortona. Te gustará, ya verás.
Clara pensó que tenían que hablar de temas muy serios. No iba a ser fácil para ella criar sola a su hijo y quizá sí que debían planear algo juntos, decidir cómo hacer las cosas. Estuvo tan ensimismada en sus pensamientos que tardó en percatarse de que habían salido del aeropuerto.
—Los árboles están llenos de hojas —dijo, maravillada—. No me dijiste que aquí sería primavera. Oh, mira, ¿es eso un olivar? Las hojas tienen color plateado. ¡Y mira aquel pueblo tan bonito!
Cuando por fin llegaron a la villa de Jorge, ella pudo ver que tenía unas puertas de hierro que daban a un jardín renacentista. La villa era del mismo estilo, estaba construida con ladrillos color rosa pálido. Frente a ella había una elegante fuente de delfines.
—Todavía no es la época de las rosas —señaló Jorge—. Te volveré a traer en mayo cuando las praderas estén llenas de amapolas y de margaritas. O en agosto, cuando los girasoles hayan florecido… a van Gogh le hubiera encantado.
—En mayo estaré en clase —dijo Clara lacónicamente.
—Tus clases terminan los viernes por la mañana y no se reanudan hasta el lunes al mediodía —dijo él, sonriendo—. Hay tiempo para hacer
un viaje rápido… Vamos dentro.
Concepción tendrá el desayuno preparado en el porche.
Pocos minutos después, Clara estaba sentada en una mecedora bajo el sol en el precioso porche de la villa, donde una hermosa parra cubría la pared.
Comió ricotta con miel y panforte, una tarta cubierta de canela, fresas y zumo de naranja.
—Jorge, me estás mimando demasiado —dijo, sonriendo y levantando su vaso—. Incluso te has acordado de la leche.
—Te tengo que cuidar por el bien del niño —dijo él, besándole la mano—. Nos casaremos este fin de semana. Mi agente tiene un amigo que es clérigo y vendrá aquí. Me aseguraré de que tus hermanos también vengan. Disfrutaremos de una pequeña luna de miel aquí, en la villa, tras lo cual tú te podrás mudar a mi casa de Buenos Aires y asistir a la escuela de arte.
Pálida debido a la impresión, Clara cambió de posición en la mecedora.
—Espera un momento —jadeó—. ¿Has dicho que nos casaremos?
Ya se es corto pero no tengo mucho tiempo... besos
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Ardiente Deseo
Fanfiction¿Aquel matrimonio sería alguna vez algo más que pasión y deseo? Después de cuidar de sus hermanos pequeños durante años, Clara Anselmo había conseguido por fin la libertad... y tenía intención de disfrutarla. Por eso cuando el millonario Jorge Corre...
