Capitulo 1

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PRIMERA PARTE

Trevize, ahora totalmente seguro de haber tomado la correcta decisión en favor a Galaxia, miró a Bliss y a través de ella a Gaia. Intentó imaginar el resultado de su elección, la creación del súper organismo interplanetario Galaxia del que Gaia era apenas un ejemplo a pequeñísima escala. Bliss era a Gaia como Gaia era a Galaxia. Trevize no lograba hasta ese momento comprender en toda su extensión qué era Gaia, y supo que intentar comprender a Galaxia era una tarea mucho más difícil. Durante todo ese periodo que meditaba sobre este tema, mantuvo la mirada fija en Bliss, cosa que empezó a incomodar a Pelorat.

-¿Preocupado por algo? -dijo Pelorat intentando despertar a Trevize para que quite su mirada de ella.

-En realidad no. Más bien me siento totalmente tranquilo con mi decisión. Simplemente estaba pensando algunas cosas, intentando comprender lo que he escogido.

-Fue para bien -respondió Bliss quien también miraba fijamente a Trevize.

-De eso no tengo duda -contestó Trevize -simplemente estaba intentando adivinar cómo será la Galaxia cuando Galaxia sea conformada como un sólo organismo.

-Será muy grande y donde quiera que estés, siempre estarás en casa.

-Si es como Gaia que incluso los elementos inertes que componen la gran masa planetaria son parte de la conciencia de Gaia, Galaxia comprenderá no sólo los planetas habitados sino incluso todos los planetas y estrellas que están contenidos en la Galaxia. Es una gran masa de conciencia, ¿no te parece?

-Si, es un proyecto a muy grande escala. Incluso yo-nosotros-Gaia no comprendo-comprendemos-comprende el gran resultado de esa unión. Pero comparando nuestra manera de existir con la de ustedes los independientes, podemos deducir rápidamente que el resultado es mucho más ventajoso para todos.

-Para todos en general, pero el individuo desaparece.

-Eso no es cierto -dijo Pelorat -mira a Bliss, es Gaia pero también tiene una vida individual como tú o yo, incluso una vida más feliz.

-Pero es muy dependiente de su comunidad, su separación con Gaia le afecta mucho más que la nuestra con Términus. De hecho, después de mucho tiempo es que me acuerdo que existe un planeta con ese nombre, y sin embargo no por eso me he sentido mal. Eso no ocurre contigo Bliss.

-Pero cuando Galaxia esté conformada, como ya dije, en todos lados estaremos en casa.

-Tienes que reconocer que Bliss tiene razón -siguió diciendo Pelorat como su fuese el abogado de ella -y tú mismo lo has decidido así.

-Otra cosa que me preocupa de Galaxia, es que la pérdida del individuo significa la eliminación de la lucha individual por la superación. Eso es claramente le fin de la evolución.

-Tú mismo has dicho que es la única salvación en caso de un ataque de otra Galaxia más avanzada. En realidad tú tienes razón, al conformarse la conciencia colectiva, tal cual tengo yo con Gaia, todos mis esfuerzos están apuntados a obtener una ventaja para todos los elementos que conforman Gaia. La superación no desaparece, simplemente es una superación más orientada. Pero hay veces que tengo que evitar obtener una ventaja personal debido a que eso perjudicaría a Gaia, y tengo que ceder ante eso.

-Has perdido tu libertad, ¿no es cierto?

-Nunca se recibe algo a cambio de nada. Eso es una ley de la naturaleza. Pierdo algo de mi libertad, pero obtengo algo mucho más importante, un proyecto mucho más grande, Gaia, y ahora Galaxia.

-No sé si estaría dispuesto a ceder algo, aunque sea minúsculo, de mi libertad. Quizá es porque nunca me ha gustado hacer lo que otros dicen que haga. Es por eso que no creo que pueda sobrevivir en un mundo así.

-Pero tú eres consejero de Términus, y sabes que tu objetivo es conocer qué es lo más conveniente para la fundación. Y también existe la segunda fundación, que igualmente está siempre calculando con su psicohistoria lo que conviene a la humanidad en general. Ningún ciudadano de la fundación es totalmente libre de hacer lo que quiera. Ellos obedecen lo que el alcalde de la fundación norma, y el alcalde a su vez, aunque no quiera, obedece lo que la segunda fundación tiene calculado. Nadie es libre, ni tú. La única diferencia es que en Gaia lo sabemos, pero ustedes simplemente viven soñando con una libertad que no tienen. Reconozco que para ustedes debe ser pesado aceptar esa realidad, pero para nosotros que siempre hemos vivido con esa conciencia, nos resulta natural y hasta lógico que sea así.

-Suena lógico mi amigo -dijo Pelorat al ver que Trevize no pronunciaba palabra, clara señal que ella había ganado en la batalla de argumentos -y creo que al final la humanidad se acostumbrará a esa situación y verá tan normal vivir unidos con el resto de la galaxia, como lo que ahora nosotros vemos normal vivir separados. Es una cuestión de costumbre, y el hombre se acostumbra a todo, no lo olvides.

El silencio volvió a hacerse oír después de una intensa conversación, quizá la más importante de todas las que en ese momento se estaban realizando a lo largo y ancho de la galaxia. Por unos momentos, todos los argumentos expuestos recientemente dejaron de tener valor ante la certeza que ya no se podía hacer nada para detener el proceso. La aceptación de esta realidad ineludible cayó como el martillo de un juez, que con su seco golpe indica definitivamente que todo ha terminado, y que a partir de ese momento ya no valen más los argumentos y que el veredicto ha sido decidido. Si fue para bien o para mal, eso ya no importa.

Los pensamientos del futuro que le esperaba a la humanidad rondaron por las cabezas de los tres, y durante un largo tiempo permanecieron en silencio. Cuando sus mentes habían analizado todas las alternativas ante las cuales el mundo se enfrentaba, el tema dejó de tener importancia y el aburrimiento por ese estado inmóvil los despertó de su letargo. Fue Trevize quien rompió la inmovilidad y giró su rostro a su alrededor, tratando de conocer más a fondo el lugar. En su revisión de su entorno se percató de una ausencia que no había percibido durante la conversación, y esa sensación lo incomodó tratando de entender a qué se relacionaba. Después de varios segundos recién logró determinar la fuente de esa sensación y no pudo sino exclamar.

-¡Fallom! ¡No está!

BaleistaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora