En el hostal Bliss ya se encontraba almorzando junto a Pelorat en una pequeña mesa. Como los otros días, muy pocas personas los acompañaban. No era una población muy asidua a los viajes. Solo se veían granjeros entre los huéspedes, que seguramente venían a vender sus productos y regresaban a la mañana siguiente a sus sitios de trabajo.
-Buen provecho -dijo Trevize a modo de saludo.
-Tienes una cara un poco extraña. -contestó Pelorat entre bocado y bocado.
-¿Algo que tenga que ver con Liliz? -preguntó Bliss
-Sí. -confirmó él -Estuvimos conversando.
-Sobre su condición de robot, ¿verdad?
-Sí. En realidad, como dijo Pelorat, ya no son robots. Son humanos como nosotros. Solo que no son libres porque tienen que seguir obedeciendo a las cuatro leyes de la robótica.
-Son humano de cuerpo pero robots de alma. -dijo Pelorat abandonando por momentos su plato.
-Esa es la mejor explicación que alguien pueda dar sobre las personas de este planeta. -dijo Trevize -A veces tienes una excelente capacidad de concentrar ideas complejas en frases simples.
-Estaba pensando, -continuó Trevize- que ya es hora que nos vamos. La hemos pasado muy bien, pero no podemos permanecer eternamente en este lugar. Debo decir que, por el momento, es el mejor planeta que hemos visitado en todo nuestro viaje. Espero que eso no cambie cuando les digamos que nos vamos.
-Acuérdate que son robots, y los robots no pueden hacer daño a un ser humano. -dijo Bliss defendiendo a los habitantes del planeta.
-Por lo menos eso tiene de ventajoso el que tengan un alma de robot. -dijo Pelorat contento de repetir su exitosa idea sobre las almas.
La conversación fue interrumpida por la presencia inesperada del alcalde. Esta vez, a diferencia de todas las anteriores oportunidades, llegó sin la presencia de su hija. Venía acompañado por uno de sus colaboradores, a quién ya habían visto anteriormente en la alcaldía, pero que en todas las ocasiones habían permanecido en silencio.
-Buenos días señores. ¿Cómo la está pasando en nuestro sencillo planeta? -dijo a modo de saludo.
-Muy bien. -respondió Pelorat -Todos han sido muy amables con nosotros, cosa que agradeceremos eternamente.
-Ya hacía tiempo que no los podía visitar, por lo que me disculpo por no ser tan buen anfitrión como debería serlo con visitantes tan poco frecuentes.
-No se preocupe. En realidad nos hemos sentido muy bien, y el resto de sus ciudadanos han cumplido muy eficazmente con las funciones de anfitrión que usted no pudo cumplir.
-Eso me halaga. Y espero que me acepten una invitación a una celebración que tenemos todos los años desde que llegó por primera vez el fundador al planeta. Hoy se celebran veintiún mil cuatrocientos cincuenta y ocho años de existencia.
-Mucho tiempo. -respondió Pelorat tratando de imaginar cuánto sería todo ese tiempo.
-Estamos agradecidos. -dijo Trevize -Solo quedaría que nos indique a qué hora es la celebración, y sobre todo dónde.
-Si podemos ayudar en algo, -agregó Bliss -le rogaría que nos tome en cuenta. Sería un honor poder participar en un acto tan importante.
-El honor sería nuestro. -respondió el alcalde haciendo una reverencia -Pero todo ya está organizado. La celebración será en la plaza a la caída del sol. Ahora, si me disculpan, tengo que dejarlos. Ustedes ya saben cuán atareada es la vida de un alcalde.
-Una última consulta. -dijo Trevize no pudiendo aguantar más la curiosidad -Su hija Liliz, antes solía acompañarlo, ¿le pasa algo?
-Hoy no pudo acompañarme porque está ayudando a su madre a acomodar la casa para la festividad que haremos. Me olvidaba decirles que luego de la festividad, iremos a mi casa para participar de una pequeña fiesta. Ahora si me disculpan, nuevamente me despido.
Diciendo estas últimas palabras, el alcalde se alejó en compañía de su asistente, a quien como en todas las anteriores oportunidades, no se le había podido escuchar su voz.
-Una fiesta de despedida. -dijo alegremente Pelorat -Muy apropiado, ¿no les parece?
-No soy muy amante de las fiestas. -dijo Trevize sin mucho interés -Además tengo malas experiencias.
-Pero eso fue en otro planeta. Además no olvides las leyes de la robótica.
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Baleista
FanfictionContinuación de la saga de LA FUNDACIÓN de Isaac Asimov. Golan Treviez, concejal de Terminus, luego de haber supuestamente concluido su misión de dar inicio al proyecto Galaxia, es guiado por la misma mano invisible que lo ha acompañado toda su vida...
