Capitulo 14

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Tal como fuera ofrecido el día anterior, los visitantes se prepararon para ser llevados a la ciudad en los vehículos de transporte que ingresaron silenciosamente en la granja y que en ese momento empezaron a ser cargados con los productos que allí cultivaban. Mientras el personal de la granja realizaba las labores de cargamento, los visitantes del espacio tomaban su fresco y sano desayuno. Ambas labores culminaron simultáneamente y los viajeros fueron invitados a subirse en los vehículos para su viaje. Junto con ellos, y a título de guía turístico, viajó uno de los gentiles anfitriones quien iba animándolos con una conversación amena y contando algunas anécdotas que había tenido en sus pocos viajes a la ciudad. El vehículo, una vez inició su suave y silencioso viaje, no se detuvo en ningún lugar intermedio hasta que finalmente llegó a las afueras de la ciudad donde se realizó la descarga de todos los productos. Desde allí fueron guiados en dirección del centro de la ciudad para lo cual tuvieron que caminar varios cientos de metros sin la ayuda de ninguna maquinaria sino de sus propias piernas. La ciudad que se les presentaba a sus ojos y que tuvieron la oportunidad de observar desde el cielo en su viaje de reconocimiento, no se diferenciaba en nada a cualquier ciudad pequeña de alguno de los planetas agrícolas de la fundación. El estilo de las casas difería levemente dándole un toque personal y que demostraba un nivel de concentración humana no muy elevada comparado con la mayoría de las ciudades de ese mismo tamaño en la fundación.

En su trayecto de reconocimiento fueron dirigidos hacia el mismo centro de la ciudad donde pudieron ver en el medio de una plaza, la presencia de un monumento al fundador de aquél lugar. Era una estatua en tamaño natural de Baley y su hijo, por lo que pudieron leer a un lado de la escultura. Luego de haber realizado el paseo por la plaza, fueron dirigidos al que parecía el edificio más importante del lugar. Como si lo estuvieran esperando, el personal del gobierno del lugar salió a recibir a  los recién llegados quienes quedaron muy contentos con tan importante recibimiento. Sólo Trevize permaneció cauteloso recordando los muchos peligros que había tenido que correr en los otros planetas que tuvo  que visitar.

El alcalde del lugar, como él mismo se presentó, los invitó a pasar a una sala de visitas donde se pudieron sentar a descansar las piernas luego de tan larga caminata. El guía que los había traído hasta ese lugar, sin decir nada ni despedirse simplemente no ingresó a la sala y desapareció, pero esta situación no fue percibida por ninguno de ello debido a la gran pomposidad con que eran tratados por el alcalde y que no les permitía pensar en otras cosas sino en entender lo que este importante funcionario les decía en su idioma.

-Me informaron que vienen de otro planeta. -dijo una vez culminaron todos los temas protocolares.

-Sí. -empezó diciendo Pelorat quien por su mayor facilidad de palabra, se sentía en la obligación de ser el que tome el puesto de interlocutor. -Venimos de la fundación. Así llamamos al conjunto formado por la mayoría de los planetas habitados de la galaxia. Estábamos buscando la Tierra original donde se inició la vida del hombre.

-Después de encontrarla decidimos a visitar los primeros planetas colonizados por la Tierra y por eso estamos aquí.- terminó diciendo Bliss animándose a hablar.

-¿Y por qué eligieron exactamente nuestro planeta? Nunca fuimos muy populares ni en las épocas de esplendor.

-En realidad escogimos al azar. -respondió Bliss con cierto tono de vergüenza -Pero tengo la seguridad de que hemos elegido uno de los mejores.

-Por qué dice eso. -preguntó el alcalde -No tenemos nada que nos haga sobresalir con respecto a planetas más avanzados.

-El mundo ha cambiado algo allí afuera. -dijo Trevize participando de la charla -Hemos tenido la  oportunidad de ver planetas muertos y que reflejaban en sus escombros una grandeza pasada muy superior a varios otros que igualmente pudimos visitar.

-Se nota que sabe bastante de la historia del espacio. -dijo el alcalde dirigiéndose a Trevize.

-En realidad no sé mucho de historia. Solo conozco lo que he visto con mis ojos. Pelorat sabe mucho más. -respondió Trevize al comentario.

-Nosotros hace ya muchos años, tantos que ya no figuran en nuestros registros, dejamos de viajar y recibir visitas del espacio. Eso nos ha aislado un poco del movimiento de la galaxia y sus planetas. Como ve, somos un pueblo agrícola que produce sus alimentos para mantener la vida de nuestras familias y no conocemos mucho de la historia fuera de nuestro planeta. Es por eso que para mí, es un honor poder contar con la presencia de visitantes tan importantes y sobre todo interesantes. No sucede mucho aquí, y cualquier visitante es muy importante, más si tomamos en cuenta que el último visitante vino muchos miles de años atrás.

El alcalde, emocionado por tan extrañas visitas en su ciudad y al saber que venían del espacio y que conocían interesantes historias del pasado, no paró ni un momento de hacer pregunta tras pregunta para poder saciar su curiosidad. Por su parte, Pelorat igualmente emocionado al tener ante sí una persona interesada en escucharlo, contó con lujos de detalles toda la historia antigua de la tierra y de los espaciales. Igualmente contó sobre la guerra con la tierra y no pudo evitar mencionar el estado tan lamentable en el que se encontraba la cuna de la humanidad sumida en una radiactividad tan mortífera no solo para los vivos sino también para la propia nave Farstar. Este resumen de la historia de los inicios de la vida espacial de la humanidad, se extendió durante todo el día y sólo fue interrumpido para almorzar en una sala adyacente a la que se encontraban.

Trevize, quien no había contribuido mucho en la historia que era contada por Pelorat, permaneció alerta durante todo el tiempo que duró la estadía. Afortunadamente para él, el final de la tarde marcaba el final de la extensa exposición del historiador y la hora de marcharse. No tenía mucha idea de qué harían con ellos; si los enviarían de vuelta a la granja o los alojarían en la misma ciudad, pero el sentir sus armas en contacto con sus manos le regresaban cierta tranquilidad.

Finalmente el alcalde, cansado de tan extensa exposición histórica y utilizando como excusa el cansancio de Pelorat, cansancio que no existía porque cuando de historia se trataba él podía permanecer horas de horas hablando sin parar, les indicó que podrían pasar la noche en un pequeño hostal del lugar el cual ya había sido acondicionado para atenderlos con las mayores comodidades que tenían.

Fueron dirigidos al hostal por el mismo alcalde, caminando por las calles ordenadas y limpias hasta que finalmente se encontraron en él. Trevize caminó todo el tiempo con ambas manos en sus diferentes armas, por si la amabilidad del que habían sido objeto, no fuese más que una forma de ganar tiempo para organizar su aprensión. Fueron asignadas habitaciones para cada uno de ellos, cosa que  levantó cierta sospecha en él, pero hasta ese momento, ninguna de las diferentes situaciones imaginadas por su fértil y pesimista mente, se presentaron y pudo recostarse con cierta tranquilidad a descansar.

Una vez se hubo marchado toda la comitiva que los había acompañado, salió de su habitación y se dirigió a la habitación de Pelorat. Tocó la puerta y a los pocos segundos Bliss le abría la puerta.

-Pasa -le dijo ella poniéndose a un lado para permitirle el paso.

-¿Qué les pareció todo? -dijo él como único saludo.

-Que son personas muy amables -respondió Pelorat.

-Los habitantes de alfa también eran muy amables. ¿Te acuerdas? -respondió Trevize

-Pero en esa oportunidad el comportamiento de ellos era sospechoso -dijo Pelorat -Ahora todo está normal y simplemente ellos quieren agradarnos por la curiosidad de tener unos habitantes de otras estrellas a quienes consultarles cosas de otros mundos. Han estado separados del resto de los planetas durante tanto tiempo, que están muy ávidos por saber todo lo que sea posible.

-Eso más bien es sospechoso. Nos mantienen con vida por que nos necesitan por la información que tenemos, pero el rato que hayamos satisfecho su curiosidad no sabemos qué sucederá. -concluyó Trevize

-Siempre pensando mal. -respondió Pelorat

-Eso nos ha salvado la vida en varias oportunidades, ¿no? -dijo como única respuesta.

La charla continuó durante un par de horas más, en la cual cada uno de ellos expuso su apreciación de la situación y sus experiencias, concluyendo que al menos por el momento no corrían peligro alguno, pero que se debería estar en constante alerta. Con esta conclusión, cada uno se dirigió a su respectiva habitación a descansar y prepararse para el día de mañana.

BaleistaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora