El amanecer de un nuevo día en Baleista los encontró despiertos, ansiosos por tener nuevas experiencias y vivencias en este tranquilo y alejado mundo. El alcalde, ya menos curioso por sus visitantes, estuvo con ellos apenas un par de minutos, lo mínimo que exigía las normas de cortesía. Al igual que el día anterior, venía acompañada de Liliz quien se quedó con ellos una vez su padre se hubo marchado. Pelorat, impaciente por continuar sus charlas con Albertus sobre la vieja historia de la humanidad, se despidió de ellos y se dirigió sin demora a la casa-museo de aquel, sin siquiera ponerse a pensar si lo estaban esperando o no. Por su parte Bliss se fue por su lado a pasear por las calles de la ciudad, encontrándose de vez en cuando con habitantes del lugar quienes la miraban con curiosidad, propio de personas que no están acostumbradas a recibir visitas. Trevize, el último en abandonar el hostal, dejó que sea Liliz quien guíe sus pasos en la desconocida ciudad, completando el paseo que realizaran el día anterior. De esta manera, los tres compañeros se separaron disfrutando cada cual de las actividades que más les gustaban. No fue sino hasta el anochecer que todos ellos se volvieron a encontrar en el hostal. Luego de satisfacer su hambre luego de un día agitado, se dirigieron a una de las habitaciones para conversar.
Los días y noches transcurrían sin ninguna novedad, como en unas tranquilas vacaciones. Ya el hecho de ser de otro planeta alejado no despertaba ningún tipo de curiosidad entre la gente, lo que les permitía caminar por la calle como si fueran vecinos del lugar, con absoluta libertad sin tener que estar dando explicaciones ni contando historias a los que se encontraban. La sensación de peligro era cada vez menos intensa y por momentos se olvidaban de los cuidados mínimos que tendrían que tener en una tierra extraña, más considerando las malas experiencias que habían sufrido en sus anteriores viajes.
-No sé si estoy equivocado. -empezó diciendo nerviosamente Pelorat cuando hubo llegado de su cotidiana visita a Albertus -Todavía no lo puedo creer, pero estaba escrito en sus libros antiguos.
-¿De qué hablas? -interrumpió Trevize el monologo, impacientándose por no entender el motivo del nerviosismo de Pelorat.
-Es sobre la historia del Planeta. Cuando fueron atacados por los Espaciales.
-Sí, esa historia ya nos la contaste. Destruyeron todas las naves y estaciones de despegue.
-Eso fue lo que Albertus me dijo. Pero cuando él salió un rato y me dejó solo en su sala, busqué uno de los discos que habían sido retirados de su estante. Yo ya había notado que algunos de los discos habían sido retirados a las apuradas, dejando huecos en los lugares donde estaban. Cuando se fue Albertus, me dediqué a buscarlos por todos lados y finalmente los encontré debajo de su estante. Me costó encontrarlos, a pesar de que estaban muy mal escondidos. Afortunadamente Albertus tardó más de lo esperado y me permitió leer parte de la historia de la fundación de este planeta.
>Como él dijo, Elijah Baley quiso crear un planeta para su uso personal, como una finca en las afueras de la ciudad. Trajo a toda su familia y todos sus robots para atenderlos y durante un tiempo vivieron tranquilos mientras acondicionaban el planeta con la ayuda de sus robots. Debido a la gran capacidad que tenía este genial hombre, y a la capacidad de sus hijos, logró crear un próspero planeta. Lo que empezó como una pequeña finca, bajo la guía de Baley y su familia se convirtió en uno de los más importantes productores de alimentos, comerciando con todos sus vecinos. Eso hizo que su poder comercial fuera muy importante, y le permitiera ser muy influyente con sus socios comerciales. Cuando se enemistaron con el planeta tierra, el único planeta que permaneció fiel a su origen fue Baleista, lo que le hizo perder las buenas relaciones que tenía con sus vecinos. Cuando destruyeron la vida en la Tierra, sintieron temor que la genialidad de Baley y su fidelidad con la tierra se vuelque en contra de ellos, así que decidieron atacar su planeta y destruyeron todo. Solo quedó con vida Elijah Baley y su nieto Zed Baley. Casi todos sus robots y sus instalaciones fueron destruidos sin piedad. Cuando estuvieron satisfechos, abandonaron el planeta en ruinas dejando con vida a Elijah para que viva sus últimos días de vida en la más absoluta soledad, como castigo. La idea de ellos era transformar Baleista en la cárcel privada de Baley. La supervivencia de Zed fue algo inesperada, debido a que en esos momentos él se encontraba jugando en el campo con algunos animales silvestres y no fue asesinado por que no sabían de su existencia. Siendo este su nieto menor y el único nacido en el propio planeta, su existencia era ignorada por el resto de los planetas.
Cuando se hubieron marchado destruyendo todo, no contaron que la genialidad de las personas no se puede destruir, y que más bien los desafíos que ellos necesitan para poder desarrollar aún más su genio. Zed, digno nieto de Elijah, igualó y en algunos casos superó la genialidad de su abuelo. Juntos, sin prisa, construyeron nuevamente todo el planeta, cuidándose esta vez de mantenerse al margen de las relaciones con los otros planetas. Para combatir la soledad, repararon y construyeron una gran cantidad de robots de diversas cualidades. Todos ellos colaboraban en múltiples actividades en el planeta, por lo que nunca se sintieron, ni siquiera un momento, solos. Elijah murió dejando en Zed la responsabilidad de administrar el planeta. Este, conociendo que era el último de su familia y que al no tener posibilidades de salir de allí ni continuar con su estirpe, debía buscar otra manera de hacer perdurar su existencia. Por ese motivo dedicó toda su vida a investigar y crear robots cada vez más perfectos y eternos. En la última etapa de su vida, fue acompañado por uno de sus robots, el que consideraba su mejor creación. En sus últimos días, sabiendo que tenía que dejar en manos de su fiel robot el guiar a sus creaciones hacia un futuro próspero, tuvo que realizar en este una modificación simple pero trascendental.
Al morir él, se acabaría la vida humana en el planeta, eso significaba que no había nadie a quien hacer caso. Eso hacía que las tres leyes de la robótica ya no tengan mucho sentido. Al igual que su abuelo, modificó en este robot, las leyes agregándole la ley cero que decía. «Todo robot deberá realizar las acciones necesarias para garantizar la prosperidad de toda la población de robots y humanas, tanto en el presente como en el futuro más lejano.»
-¿Eso es todo? -preguntó Trevize ante el silencio prolongado de Pelorat.
-Como les dije, sólo estuve un corto tiempo solo. Cuando escuché los pasos de Albertus escondí los discos en el mismo lugar donde él los había escondido.
-Pero eso es absurdo. De dónde viene toda esta gente. De acuerdo a esa historia, Zed fue el último humano, por lo que no deberían existir personas en este lugar. Y como hemos visto, está lleno de humanos. Niños, jóvenes, hasta viejos. Los robots no envejece, simplemente se dañan. Si fuese verdad esa historia, este debería ser un planeta estrictamente poblado de robots.
-Yo tampoco entiendo, pero estoy seguro que si logro leer los otros discos, podremos saber lo que sucedió después.
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Baleista
FanfictionContinuación de la saga de LA FUNDACIÓN de Isaac Asimov. Golan Treviez, concejal de Terminus, luego de haber supuestamente concluido su misión de dar inicio al proyecto Galaxia, es guiado por la misma mano invisible que lo ha acompañado toda su vida...
