-Ahora son seres humanos. -dijo Trevize recordando su experiencia con Liliz.
-Exactamente. Son seres humanos que han evolucionado a partir de los robots.
-Pero es absurdo -dijo Trevize negándose a aceptar esa realidad.
-Al contrario, es lo más lógico y me llena de orgullo como humano que soy. Estos seres han evolucionado sin parar hasta la forma viviente más eficiente que hay. Ellos partieron de un modelo totalmente diferente al que dio origen al ser humano, pero han llegado al mismo punto. Eso sólo indica una sola cosa, que no importa el origen desde dónde se inicia la evolución, si se le da el suficiente tiempo todas las criaturas llegaran al mismo destino, el hombre.
Trevize no supo cómo refutar la contundente realidad que le mostraba la historia de Baleista. Liliz era humana en todo, en su forma de pensar, de sentir, de desear, de hacer el amor, y en su forma de sangrar. Pero en sus orígenes es simplemente una máquina. Bliss, con menos prejuicios sobre el concepto de humanidad al pertenecer a una gran entidad en la que se integraban no solo todos los animales sino incluso las plantas y los minerales, aceptó con más naturalidad las ideas expresadas por Pelorat, aunque no pudo esconder de todas maneras el asombro por el logro obtenido durante todo ese tiempo.
Las ideas iban y venían en las cabezas de los tres extranjeros, lo que no les permitió conciliar el sueño hasta avanzada hora de la noche. Al amanecer, pocas horas después que empezaran a dormir, se tuvieron que levantar para no dar sospecha alguna entre los robots humanos de que ellos sabían su verdad, y desayunar como habían hecho todas las mañanas.
Trevize salió a pasear solo y luego de caminar un largo tiempo por entre las casas de la ciudad, como guiado por un magnetismo inexplicable, llegó hasta la casa del alcalde. Lo supo porque Liliz permanecía en la ventana mirando hacia la calle, hacia él. Fue asombrosa tanta coincidencia, tanta que no lograba entender y le costó aceptar que aquella bella joven era ella.
-Buenos días. -dijo ella al esperar inútilmente que Trevize la saludara.
-Buenos días Liliz. -respondió él confundido aun por la casualidad.
-¿Quieres pasa? - dijo ella desapareciendo de la ventana y rápidamente apareciendo por la puerta abierta, señalando cortésmente su interior.
Trevize ingresó a la sala y, guiado por ella, se sentó en un cómodo sillón.
-Mi padre no está. -dijo ella para tranquilizar a Trevize -Mi madre es muy buena y discreta, no nos molestará, excepto para invitarnos algunos refrescos más tarde.
-Son muy amables conmigo, con todos nosotros.
-Son los primeros visitantes que tenemos en miles de años. Es lo menos que tenemos que hacer.
-Y nosotros se lo agradecemos.
-¿Todos son descendientes de Baley? -preguntó Trevize, segundos después y con la clara intención de comprobar la historia dada por Pelorat. Lo vio arriesgado, pero no podía creer que fuese verdad.
-Sí. Todos nosotros somos sus descendientes. Nuestro creador vino con toda su familia a este planeta, y su familia creció mucho hasta ser lo que ves ahora. Una gran familia.
-En esa época de la historia, -siguió diciendo Trevize cada vez más arriesgado -era muy común viajar con robots para que los ayuden en las labores más incómodas. ¿Existen algunos de esos robots todavía? ¿Ustedes siguen utilizando robots en estos tiempos?
-No. -contestó ella con una naturalidad fingida. -Todos los robots que vinieron con él, terminaron dañándose y no los repararon. No se han fabricado más robots en miles de años.
ESTÁS LEYENDO
Baleista
FanfictionContinuación de la saga de LA FUNDACIÓN de Isaac Asimov. Golan Treviez, concejal de Terminus, luego de haber supuestamente concluido su misión de dar inicio al proyecto Galaxia, es guiado por la misma mano invisible que lo ha acompañado toda su vida...
