Capitulo 8

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SEGUNDA PARTE

-Esta distancia es la más próxima que podemos estar sin ser detectados por los habitantes del planeta -dijo Trevize  ante la mirada expectante de sus pasajeros. -Permaneceremos un tiempo aquí esperando detectar cualquier movimiento. Nuestra situación es ventajosa porque nosotros sí sabemos que ellos están allí, pero ellos no saben siquiera que existimos. Esa es la ventaja de la sorpresa.

-¿Qué podemos ver desde aquí? -consultó Pelorat -Estamos muy lejos. Apenas podemos ver el planeta como un punto.

-Nosotros no podemos ver, pero la Farstar tiene muchos equipos que miden una gran cantidad de señales. Miren las imágenes aumentadas del planeta. Esa coloración azul es la misma que tiene Términus, con lo que podemos sospechar que hay agua. También se puede reconocer abundantes manchas más claras, que me atrevo a apostar son nubes. Para estar más seguros, la nave hará un análisis espectral que estará listo en unos segundos. Pero esa no es la información que

más me preocupa. Son las señales de radio las que deben interesarnos, ya que ellas delatan a una tecnología avanzada y potencialmente peligrosa  para nosotros.

Mientras Trevize daba su clase magistral, los dos únicos que presenciaban el discurso, miraban con curiosidad las imágenes que se presentaban ante ellos y escuchaban con atención todo lo que se decía.

-Efectivamente -siguió diciendo Trevize -El planeta tiene una atmósfera compuesta por Nitrógeno, Oxígeno, Agua y Anhídrido carbónico. En resumen, hay vida. Lo que no logro detectar es algún tipo de señal de radio, pero por más que reviso en todas las frecuencias, no encuentro nada fuera a la señal de estática. ¿Puedes detectar algo Bliss?

-Eso es lo que estoy haciendo y estoy detectando una potente señal de vida. Me parece que está habitada por seres humanos.

-¿Estás segura? -preguntó Trevize -Yo no detecto ninguna señal de radio.

-Sí. Estoy segura. La señal es particularmente intensa.

-Entonces eso puede indicar que no tienen tecnología. Eso nos da una ventaja muy importante, ya que no deben tener naves de transporte que signifiquen una amenaza para nuestra seguridad en esta nave. Debido a la fuerte emisión de señales de vida -siguió exponiendo Trevize -debe estar habitada por una gran cantidad de humanos pero viviendo en una etapa pre-electrónica. Será muy interesante conocer una cultura en ese nivel de evolución Pelorat, ¿no te parece?

-Es un caso muy sui generis en la galaxia -aceptó Pelorat -ya que todos los planetas conocidos tienen cierto nivel de desarrollo tecnológico que le permiten disfrutar de las mínimas comodidades que una persona necesita. Tengo mucho interés en conocer de más cerca lo que nos espera allá. ¿Podemos acercarnos un poco más al planeta? Ya me aburrí de ver ese punto de luz, necesito verlo de más cerca.

-Paciencia Pelorat. Tenemos que tomar las previsiones para no resultar dañados. Todo lo que hemos dicho son sólo conjeturas, no está comprobado que sea cierto lo que dijimos.

-Pero la nave no ha encontrado ninguna señal -dijo impacientándose cada vez más Pelorat -que demuestre algún riesgo. ¿No es eso suficiente para acercarnos con tranquilidad?

-Sin embargo -dijo Bliss que había permanecido inquieta desde que llegaron a ese punto -detecto algo que no sentía desde que abandonamos Gaia. Es esa presencia que emana del planeta y que no logro comprender.

-¡Qué raro! -dijo Trevize nuevamente analizando las señales detectadas por la nave -La Farstar no detecta ninguna señal de radio, por más que lo hace una y otra vez.

-La única manera de saberlo -volvió a insistir Pelorat -es acercándose y conociendo al planeta de manera directa.

Las protestas de Pelorat no tuvieron éxito y la nave permaneció un día galáctico en esa misma posición y con todos los instrumentos de la nave en plena actividad de verificación de cualquier tipo de señal o actividad que se pudiese detectar que provenga del planeta. Durante todo ese tiempo, Trevize permaneció conectado a la nave, pero la falta de actividad hizo que sus compañeros lo abandonaran a las pocas horas, no sin antes reclamar el exceso de miedo. Trevize no hizo caso de los reclamos y permaneció, tal  como dictaba la prudencia, en estado de alerta por el resto del tiempo. Sin embargo una vez sintió que su cuerpo reclamaba un descanso, programó a la nave para que despierte a todos en caso de detectar cualquier tipo de señal. Una vez hubo realizado eso, se recostó en su litera y antes de que se diese cuenta, ya estaba sumido en un profundo sueño.

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