Capitulo 15

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La mañana los despertó con el brillo de la aurora que se colaba a través de las ventanas. Trevize fue el primero en levantarse y darse un buen baño para refrescar su cuerpo y terminar de despertar. Salió a caminar por los pasillos del hostal, esperando que sus compañeros se levantasen para ir a tomar el desayuno que estaba seguro le tendrían preparado. Bliss fue la segunda en levantarse y Pelorat los siguió. Una vez los tres estuvieron listos  se dirigieron a la parte baja del hostal y fueron recibidos por una persona que gentilmente los dirigió al comedor en el cual estaba servido el desayuno. Cuando hubieron terminado de tomar todo lo que satisfacía sus necesidades, el alcalde llegaba para continuar con las actividades protocolares. Junto a él llegaba otra persona a quien presentó como el mayor historiador de la ciudad. Al otro lado se apareció una muchacha joven de unos dieciocho años, un poco tímida a quien presentó como su hija.

-Ustedes conocen a los jóvenes. -dijo un poco incómodo el alcalde -Ella quiso conocerlos de más cerca. Casi todos en la ciudad sólo hablan de los visitantes, ustedes son todo un acontecimiento para la ciudad. En un lugar como este que casi nunca pasa algo, excepto la eterna monotonía, su visita causa  mucha expectación y mi niña no es ajena a esta curiosidad. Espero que no les moleste.

-No. -dijo Bliss tomándole de la mano a la recién llegada -Ella nos puede acompañar, va a ser un honor y una alegría compartir con ella. ¿Cómo te llamas preciosa?

-Liliz. -dijo ella tímidamente.

-Tú irás conmigo, yo te acompañaré. -respondió Bliss con la intensión de darle más confianza.

-No sé qué querrán hacer. -dijo el alcalde ya más tranquilo -Podemos dar unas vueltas para que les muestre la ciudad. No sé qué más podemos mostrarles en su visita a nuestra simple ciudad.

-¿Tienen un museo? -consultó Pelorat dirigiendo su mirada alternativamente hacia el alcalde y hacia el historiador.

-En realidad no tenemos nada de eso, -dijo el historiador -pero podemos ir a mi residencia. Allí tengo algunas obras que he podido recopilar a lo largo de mi vida. Podríamos decir que es un museo personal.

-Me encantaría poder visitarlo. -dijo Pelorat ya listo para salir.

-Entonces vamos de una vez. -respondió el alcalde señalando la salida como invitación a la partida.

La casa del historiador no estaba muy lejos, pero tuvieron que caminar algunos minutos antes de llegar finalmente al lugar. El lugar era relativamente grande, considerando que era el domicilio de una sola persona. En él se encontraban, dispersas en el  patio, algunas esculturas o mejor dicho restos de esculturas que mostraban claramente todas las señales de longevidad. Siguieron camino hacia una sala que se encontraba en el segundo piso de su domicilio, la cual estaba llena de viejos documentos en el mismo formato de almacenamiento que habían visto en su visita en uno de los planetas espaciales. En esta oportunidad sin embargo, tenían la ventaja de contar con el equipo que permitía poder ver el documento codificado. Tanta información alegró los ojos de Pelorat, quien no pudo resistir ni un minuto para empezar a curiosear en toda ese mar de documentos en compañía de su colega historiador quien se notaba claramente contento de tener como visita a alguien que compartía el mismo placer por las cosas antiguas. El resto de los presentes, entre los que se encontraban el alcalde y su hija, además del Bliss y Trevize, se quedaron observando las actividades de los historiadores. Un largo rato permanecieron de pie  como testigos silentes de lo que allí sucedía, pero ese silencio fue interrumpido por la voz de alcalde excusándose por abandonarlos allí. Importantes obligaciones exigían su atención, dijo finalmente.

Diciendo eso el alcalde tomó de la mano a su hija y se dirigió a la puerta con la intensión de marcharse tal como lo había dicho, pero algunos comentarios hechos en voz baja por su hija, comentarios que no pudieron ser escuchados por el resto de los presentes, le hicieron desistir en llevarla. Ella contenta permaneció en el lugar acompañando a los huéspedes mientras su  padre se alejaba. Esa situación fue cada vez más absorbente para Pelorat y su nuevo amigo, pero para el resto de los presentes se empezó a tornar demasiado aburrida, por lo que Trevize se disculpó y decidió ir a pasar su aburrimiento dando un paseo por la ciudad. Bliss permaneció en el lugar, desechando la sugerencia de Trevize, pero Liliz siguió tras de Trevize con la excusa de querer guiarlo en su paseo por la ciudad.

El paseo de Trevize se prolongó durante todo el día, cosa que preocupó a Bliss cuando en la hora del almuerzo no los vio llegar. Pelorat y su amigo simplemente no echaron de menos a los ausentes, y menos al alcalde quien en toda la tarde estuvo ausente atendiendo sus obligaciones oficiales. Recién al finalizar la tarde aparecieron Trevize y Liliz, con claras señas de haber estado caminando todo el tiempo. Como si estuviese coordinado, el alcalde se presentó minutos después disculpándose por su prolongada ausencia. Finalmente, o mejor dicho afortunadamente, Pelorat levantó la mirada y pudo notar la presencia de sus amigos y la ausencia de luz en el exterior señalando el fin del día y la hora de irse. Cansado y satisfecho con sus nuevos conocimientos, siguió atrás de sus amigos cuando fueron guiados por el alcalde de nuevo en dirección al hostal donde estaban alojados. Una vez llegaron al lugar, sus anfitriones permanecieron un par de minutos con las actividades protocolares mínimas, hasta que finalmente se despidieron y los dejaron solos para que pudiesen descansar. Por fin, después de mucho tiempo, pudieron estar los tres amigos solos para poder conversar con tranquilidad.

-Es asombroso. -empezó a decir Pelorat cuando ya el silencio se hacía intolerable -La civilización donde nos encontramos, ha permanecido totalmente aislada y sin el mínimo contacto con los otros planetas desde que terminó la guerra con la Tierra. Se ha desarrollado en total independencia y tanto es así que la mayoría de la población no sabe que existen otros planetas.

-Si eso es así, -dijo Trevize sacando sus cálculos mentales -este planeta ha permanecido aislado por casi veinte mil  años, más que el tiempo de existencia del imperio.

-Exactamente. El planeta fue uno de los últimos en ser colonizado por los miembros de la primera ola de viajeros espaciales. Cuando terminó la guerra contra la Tierra, tal como sucediera con los otros planetas de esta primera ola, fueron aislados por los de la segunda ola quienes apoyaron a la Tierra. Eso mismo sucedió con Solaria, si es que no te acuerdas. Como ya sabemos, este planeta fue colonizado por el propio Elijah Baley como una colonia particular una vez se decidió retirar de la vida pública. Sin embargo la guerra planetaria no dejó que se cumpla ese deseo y cuando todos los espaciales se organizaron para atacar la Tierra, fue el único planeta que se opuso por lo que despertó la ira de sus vecinos.

-Hasta ahora está interesante. -dijo Trevize sin mucho convencimiento -¿Qué más encontraste de interés?

-En realidad sólo he tenido la oportunidad de leer algunos documentos históricos. En su sala existen muchos más que no he tenido tiempo de ver y que tomaría muchos meses de labor.

-Que ni se te ocurra la idea de quedarte todo ese tiempo. Esta es una visita de paseo, como dijimos antes de venir, y los paseos son cortos. ¿Entendido?

-No te molestes. -respondió avergonzado por sentir que le habían leído la mente -Simplemente estaba indicando la cantidad de información que existía. No pretendía quedarme todo ese tiempo. -mintió.

-¿Y cuál fue la reacción de los vecinos? -consultó Trevize.

-No lo leí, pero de acuerdo a lo que me contó Albertus, el resto de los planetas atacaron Baleista y destruyeron todas las naves espaciales que habían. Como tenían todos sus recursos dedicados a atacar la Tierra, no hicieron más daño que ese. Luego de concluida la guerra, los ánimos estaban más tranquilos y sólo se dedicaron a bloquearlos durante todo el tiempo que existieron. Por esa razón es que este planeta nunca desarrolló tecnología espacial ni tuvo ningún interés por salir de su superficie. Se dedicaron a vivir tranquilos y aislados del resto de sus vecinos.

-Y eso continúa hasta los tiempos actuales. -concluyó Trevize -Y a pesar de que la amenaza exterior se ha extinguido en veinte mil años, ellos siguen con la tradición de vivir estrictamente en su planeta sin mirar hacia arriba.

-No es una mala forma de vivir. -agregó Bliss -No necesitan nada de los mundos exteriores y está conformes con lo que tienen.

-Como Gaia, ¿no? -le respondió Trevize.

BaleistaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora