22. A donde estés tú, iré.

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Guardé silencio sintiendo sus palmas en mis ojos, con electricidad recorriendo todo mi cuerpo al reconocer su suave tacto, y su dulce voz... era ella... era Kara y por primera vez en días me estaba tocando.

- Lo siento - dijo ella cayendo sentada justo detrás de mí sin quitar sus manos de mis ojos - siento ser tan egoísta, pero es que todo esto me sobrepasa, y lo último que quiero es verte sufrir.

Yo seguía en silencio, sin voltear, tan solo esperando que algo o alguien, llegara a despertarme, que se riera de mí por imaginar que Kara saldría de su escondite y vendría hasta la playa no solo para hablarme sino para volver a tocarme. Lo siguiente que sentí fue su frente, reposar en uno de mis hombros y sentía como sus lágrimas mojaban mi espalda, haciéndome percibir por primera vez el frío de la noche.

- Te amo Mike - volvió a hablar segundos después - amo cada cosa de ti, amo tu paciencia, tu entrega y tu fe en mí - empezó a acariciar mis brazos despacio, enchinándome la piel - amo tu voz, y atesoro cada momento que me has regalado y te juro que nada quiero más que seguir construyendo recuerdos a tu lado.

- Entonces no te rindas - dije interrumpiéndola y asimilando que su compañía era real.

- No me rindo Mike, cada segundo, cada respiración es toda una batalla para mí. Pero tengo miedo, miedo de perderte y de dañar aún más esto tan lindo que hemos construido, no quiero que al final de esto salgas herido Mike, no lo mereces y no podría perdonármelo.

- Pero es algo que yo debo y quiero asumir amor, es un riesgo que siempre voy a correr, porque tú haces que todo valga la pena.

- ¿Y si no? ¿Si nunca lo logro? - dijo de nuevo entre lágrimas.

- Pues yo estaré contigo, pase lo que pase y sin importar nada, sin reparos, sin quejas, sin exigencias, solo déjame permanecer, no me alejes más de ti, resolvamos esto juntos - dije con desesperación con la vista en el horizonte que se perdía por completo en la oscuridad de la noche.

- Te amo - dijo poniendo un beso en uno de mis hombros, que significo más para mí, que todas sus palabras - por más que quiera y que crea que estar lejos es lo mejor para los dos, yo te necesito Mike, te necesito a mi lado.

Cuando la escuché decir eso con tanto fervor, no pude más que girarme, ella agachó rápidamente su mirada, yo la tomé por las mejillas sintiendo de inmediato su temblor. Con todas mis fuerzas intenté ignorar ese detalle, mientras notaba como también ella luchaba por resistir mi contacto. Le di un beso en la frente y un pequeño abrazo, y luego la ayudé a poner de pie.

- Vamos a dormir, estoy cansado - dije en un tono dulce, tomando mi guitarra y la delantera rumbo a su habitación.

Ella caminaba en silencio detrás de mí, y yo seguía mi camino a paso firme. Ella estaba tan nerviosa que se podía sentir en el aire, pero aún así no decía nada.

- Me daré un baño ¿está bien? - pregunté, quitándome mi camisa y dejándola a un lado, al tiempo que sacaba ropa limpia y entraba el baño bajo su constante y sigilosa mirada.
Me di un rápido duchazo, solo para quitarme la arena del cuerpo, pensando en salir con la actitud más positiva posible, y lograr estar ambos un poco más tranquilos.

Salí, y me sorprendí al verla sentada en el borde de la cama con sus brazos cruzados, y con nada más encima que la camiseta que me había quitado minutos atrás. Sus largas piernas aparecían en la escena cortando mi respiración, se veía tremendamente sensual. Ella notó mi mirada e intentó cubrirse, mientras yo deseaba volver a la ducha por un poco más de agua pero esta vez más fría.

Contrario a eso me fui directo al closet, y saqué dos frazadas que fui extendiendo paulatinamente en el suelo al lado de su cama.

- ¿Qué estás haciendo? - preguntó.

Libremente tuya (Segunda parte de la serie libre)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora