Eugenia me miraba expectante, aún no tenía bien claro que haría respecto a todo, pero le quería más de lo que pensaba.
-Te perdono
De inmediato sus labios se unieron a los míos, frenéticamente hasta el punto en donde ambas nos faltaba aire.
-Mi Eva..-acariciaba mi mejilla con su pulgar, cuanto le había extrañado, aún me dolía reiterar esa escena en mi cabeza, Eugenia con esa mugrosa mujer a quien consideraba cercana.
-Eugenia, antes que nada..-se separó un poco de ella- te perdono porque te amo, y porque quiero volver a confiar en ti-pensó unos segundos- pero si esto vuelve a suceder no habrá otra oportunidad.
La mirada dura que le dirigía hizo que Eugenia bajara su mirada, me sentí mal por habérselo dicho, pero era algo que no me atrevería a soportar nuevamente.
-Está bien-se acercó- te prometo que nunca volverá a suceder.
Eugenia aún me tenía prisionera contra la pared, me dio un corto beso y se alejó lo suficiente para dejarme avanzar.
-¿qué hacemos ahora?
El resto del día se la pasaron viendo películas y dándose todo el cariño que en esos días aguantaron febrilmente, llegada la tarde algunos besos desesperados comenzaron a subirse de tono.
-Eugenia..-su cuerpo estaba sobre el de ella- van a llegar mis padres..
De inmediato su profesora se separó y arregló su ropa, con una sonrisa traviesa en su rostro.
-Tranquila, pero no te salvarás de ir este sábado a mi departamento- sonreí abiertamente.
-Me tendrás allí a primera hora- se acercó y le beso dulcemente, pero paró cuando las caricias se le iban de las manos.
-Es difícil poder controlarse-Eugenia se levantó y tomó sus cosas- eres demasiado para mi.
Me sonrojé abiertamente, no quería que se fuese pero si mis padres llegaban sería difícil explicar que hacía mi profesora aquí.
-Nos vemos mañana mi Eva-me da un beso en la frente- te quiero.
-Yo también te quiero- la ví irse.
A pesar de que en pocas horas le vería de nuevo, un sentimiento de tristeza al verle irse me llenó. Decidí que para distraer la mente lo mejor sería leer, hace tiempo que no lo hacía, antes era una comelibros, ahora solo era una comeugenias.
Mi padre llegó con un par de pizzas, ya que ni yo ni mamá sabíamos cocinar bien, así que generalmente mi padre era quien se encargaba de los asuntos culinarios. Comimos en un silencio agradable, mi humor había mejorado considerablemente y mi corazón llameaba nuevamente, un cambio que no pasó desapercibido para padre.
-Veo que te encuentras mejor- ya habíamos terminado de comer- sé que estas cosas no se hablan conmigo, sino con tu madre, pero me preocupas hija, y verte hacha polvo estos días me ha hecho preocuparme en serio por ti, ese chico o novio que tengas quizás en algunas ocasiones sea un completo imbécil, pero se superan- me atraganté ¿en serio mi padre pensaba que estaba con un chico? Bajé la mirada, solo le agradecí que luego de eso no se dijera más del tema.
Por la noche continué leyendo hasta que mis ojos luchaban por estar abiertos, no era mi culpa que el libro fuese tan bueno. Por la mañana me arreglé lo mejor que podía, hoy me tocaba con Eugenia y quería volver a ver esa sonrisa que tanto extrañaba. Dejé mi cabello suelto y me maquillé con un toque de tonos suaves, mis labios los dejé arder en un rojo sangre y salí disparada a tomar el autobús.
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Enamorada de mi alumna
RomansAntes de comenzar, el que quiere puede continuar y leer mis más profundos secretos, hágalo, algunos son perversos y lujuriosos, otros pacifistas y sin sentido, no me responsabilizaré si algún trauma los asecha a lo largo de la historia, mi fin no e...
