¿Se va a poner bien, mamá?

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Emma ya estaba en el hospital, bajo los cuidados del Dr. Whale, no había recuperado la consciencia, pero estaba, dentro de lo malo, estable. El médico no podía afirmar lo que le iba a pasar a la rubia de ahí en adelante, pero avisó que Emma, si despertaba, podría tener algunas secuelas por haber pasado mucho tiempo desmayada sin cuidados médicos.

Regina estaba devastada, su corazón se había partido en millones de pedazos al pensar en la posibilidad de nunca más ver a Emma, o de que la rubia despertase con alguna secuela grave. La morena lamentó no haber tenido la posibilidad de decirle a la rubia lo que sentía y ahora no sabía si algún día podría hacerlo.

Sentada sola en la sala de esperas del hospital, Regina aguardaba noticias del bebé. Emma estaba en estado crítico, pero fueron necesarios exámenes más preciosos para saber el estado de salud del bebé. Regina no sabía si sería capaz de aguantar el dolor de perder a aquel bebé. No era hijo suyo, lo sabía muy bien, pero la morena lo sentía como suyo.

Regina no estaba preparada para una mala noticia, ya amaba al hijo de Emma. Secó las lágrimas con sabor a sal que caían en sus labios y decidió que necesitaba tomar aire mientras esperaba.

Regina trajo a Emma al hospital y estaba completamente destrozada, en un estado de nervios que podría afectar a su salud, e, incluso a regañadientes, el Dr. Whale le recetó un fuerte calmante para que se relajase, pus la noche sería larga y llena de preocupaciones. Le recomendó que esperase a que el remedio hiciese efecto, que tenía que calmarse.

Cuando la morena se levantó para salir del hospital, para tomar algo de aire, sintió un leve mareo causado por la medicación, pero aun así, tuvo que salir a respirar aire puro. Sus piernas estaban pesadas y le fue difícil mantener el equilibrio. Ponía mucho esfuerzo en dar un paso seguido de otro, pero persistió. El suelo bajo sus pies comenzó a cambiar, ya no era un sitio firme sobre el que pisaba con seguridad, se movía e intentaba tirar a la alcaldesa. Se giró hacia un lado para pedir ayuda y se dio de cara con un mono grande dentro de las instalaciones del hospital. Entonces, tuvo certeza de que estaba delirando. Se apretó los ojos con los dedos y se dio cuenta de que solo era un carrito con algunos aparatos médicos. Le estaba siendo difícil discernir qué era realidad y qué creación de su fértil mente.

Regina, con dificultad, se apoyó en una pared, ya no conseguía caminar, soltó su peso y dejó que su cuerpo encontrase el suelo. Se quedó sentada allí mismo. Hundió la cabeza en las manos y se echó a llorar. No tenía nada más que hacer o a donde huir. Regina se dio cuenta de que aquello era real.

Después de largos minutos llorando por el miedo de perder a Emma y al bebé, notó que alguien estaba a su lado en el suelo. No quiso levantar la cabeza para ver de quién se trataba, solo sintió el calor de la otra persona apoyándose en su cuerpo.

«Sabes que no ha sido culpa tuya, ¿no?» dijo la voz «Habría pasado igualmente si no hubieras ido a buscar el regalo al cuarto. Habría pasado igualmente...Debería haber comido, no podías obligarla a comer, ¿no?»

Regina no respondió nada.

«Las cosas estaban yendo bien. Es decir, Emma volvió a hablar con Mary. Pobre Mary, estaba tan contenta en la fiesta y ahora está desesperada viendo a Emma inconsciente a través de un cristal de hospital. No pude quedarme ahí mirando...» suspiró «¿Sabes? Cuando encontramos a Emma, no pensamos que un día podríamos perderla de esa manera, sencillamente, no lo pensamos»

Regina escuchaba todo callada, pero aquellas palabras la dejaron furiosa. Emma no iba a morir, ¡ella no podía morir!

«Sabíamos que Emma se moría de miedo por llevar esto adelante, Regina. Pero apareciste, y...no sé, Emma parecía más segura, incluso está feliz lejos de Hook. Y ahora esto...No puedo pensar que Emma...»

ImagineHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora