Capítulo dieciocho

134 5 0
                                        

Capítulo 18

Cogí la mano de P y pensé en estar en mi habitación, junto a él. Salvados. Esto se estaba poniendo difícil.

Finalmente pasaron las dos semanas y retomamos las clases, nada importante mientras tanto. Saludé a mis amigas, Amelia era genial, siempre se preocupaba por mi y se notaba que me quería bastante. Debía pasar más tiempo con ella, era bastante cariñosa y alocada. Esa personalidad hacía que estuviese todo el día tanto abrazos a bor botones. Intenté escabullirme varias veces al sótano pero mi padre pasaba demasiado tiempo allí bajo.

Durante las clases me llamaron varias veces la atención, pero tenía que ponerme al tanto de todas las noticias de estas semanas. Se me pasó muy rápido y cuando me dí cuenta ya teníamos en la palma de la mano la media hora de descanso.

Estaba con mi pandilla de pringados mientras que P (me gusta más llamarle Phoenix, pero ya es tarde para cambiar) estaba junto un grupo de rubias de bote. Ya estaba asumido, estaba completamente loca por ese chico. Cuando estaba junto a él sentía la conexión correr por mi cuerpo. Todos hablaban a mi alrededor, y yo mirando a P mientras matába con la mirada a las rubias teñidas. Me miró y me sonrió. ¿Cómo se atrevía? Hace dos segundos estaba tirándole los cejos a esas, y ahora ¿me sonríe?

-"Está loquito por ti"-. Maldito subconciente, ¿quién lo mandaba a hablar?

-¿Loquito? ¿Por mí? No. ¿Me vas a decir que no he visto eso? Antes de que me sonriera estaba acariciándole el pelo a una. ¡Eso a mí no me lo hace!- No contestó. Necesitaba un psiquiatrico, hablaba sola.

Me rendí, no podía con eso. "Fuí al baño". Iba caminando por el pasillo de las aulas y oí algo. Sonido impactante. ¿Gemidos? Fui hasta la puerta del baño de los chicos. Ni loca abría yo esa puerta. Tristemente había una ranura que dejaba ver lo suficiente como para reconocer a las personas. Nate. Sí, él mismo Nate que hace un par de semanas me había roto el corazón y ahora se encontraba en el baño de los hombres con otro tío. Haciendolo.

-¡Oh Dios mío!- Se me escapó, ¿porqué a mí? ¿Porqué no podía haber retrocedido y haber seguido mi camino? Rapidamente los dos pararon y miraron hacia la puerta, y me vieron por la ranura con los ojos abiertos de par en par. Sobretodo Nate.

-¿Ax... Axelia? ¿Qué haces aquí?- Se ponían la ropa lo más rápido que podían. Retrocedí e hice un gesto en símbolo de despedida, salí de ahí lo más rápido que pude hacia cualquier dirección.- ¡Axelia! ¡Espera!- Se colocó a mi lado e intentó llevar mi ritmo.- No es lo que parece.

Lo escuchana pero no contestaba, estaba totalmente impactada.

Se dio cuenta, y qué mejor forma de hacerme reaccionar pegándome contra la pared. Intenté soltarme pero no había manera.

-Sólo fue una apuesta, si no quería que te hicieran daño debía hacer lo que viste.

-¿Y tienes narices de hacerlo después de todo lo que ha pasado? Me trataste como a una mierda, por si no te acuerdas. Y sigo siendo un ser humano ¿sabes?

-Lo sé y perdón, me porté como un estúpido. Más bien lo soy. Pero yo te quiero Axelia. Y eso no va a cambiar-. Maldito bastardo. Le pegué una cachetada y se acarició la mejilla dandome tiempo a escapar.

Empezé a murmurar cosas para mí misma, enfadada. Me hacía sufrir y después, cuando mi corazón estaba estable, lo quería volver a romper en mil pedazos. Yo era débil, demasiado. Me hacían daño muchísimas cosas, a la mínima. Me trataba como si fuese un bicho raro, me despreciaba, formaba una pelea ¿y se atrevía a decirme "te quiero"?

-Axelia-. Un susurró me sacó de mis pensamientos.

-Si me vas a decir que me qui...- No terminé la frase al girarme y ver a Phoenix ahí parado con una sonrisa de preocupación en la cara.- Perdón, pensaba que eras otra persona.

-No pasa nada, ¿estás bien?

-Sí, sólo que iba por el pasillo porque estaba algo molesta por una cosa que pasó y oí un ruido que procedía del baño. Me encontré a Nate y a otro chico en una situación algo incómoda. Salí de allí lo más rápido que pude pero Nate salió detrás de mí. Decía que todo había sido una apuesta, si perdía me hacían daño y él no quería eso porque aún me quería-. Lo solté todo como si fuése un vomito de palabras. Me sentí aliviada, liberada.

Me abrazó y estuvimos un rato hablando sobre el trauma que me causó y lo enfadada que estaba.

-¿Y porqué estabas molesta cuando oíste el ruido?

-Porque tu también eres un maldito capullo.

-¿Yo? ¿Porqué? ¿Qué demonios hize?

-¿Quieres saberlo? Lo solteré de sopetón, así me serás más fácil. Te pones a acariciarles el pelo al rubias de bote, y eso no me lo haces a mí. Te pones a ligar con ellas. Les sonríes y ellas a ti. Y luego tienes la cara de mirarme y sonreir como un maldito bastardo. Eso es lo que me pasa.

-¿Y te molesta qué este con las rubias de bote?

-Tal vez-. Se acercó a mí, pegó su mejilla contra la mía y susurró <<No te tiene que molestar, eres más especial que ellas y lo sabes>>. Me estremecí. Fue rodando su cara hasta quedar con nuestras frentes juntas, yo esperaba un beso pero en vez de eso sonó el timbre y Amelia que venía en mi busca diciendo "¡Axelia! ¿Dondé estas? ¡Axelia!"

-¿Llegué en mal momento?- Phoenix me sonrió.- ¿Quién es este atractivo joven? No me lo has presentado.

-Phoenix, encantado.- ¡A la mierda P! ¡No me gusta! Sólo le llamó así por acortar pero Phoenix es mucho más bonito y no es tan laaargo.

Las clases siguieron pasando y llegó la hora de la salida. Amelia iba a ir un rato a casa de Bastian después de las clases, queríamos tener una tarde de chicas. Por fin un poco de relajación, pero no sin antes otra mierda en el día.

Cuando salímos estaba Phoenix esperándome, y esto no es lo malo, al contrario. Ibamos caminando juntos, yo me agarraba a su brazo como en las bodas y mientras, hablábamos con Amelia.

-Se ven tan lindos juntos, ¿Son... Algo?

-No, sólo amigos-. Le respondí y ella me soltó una sonrisa pícara.

-Sí, claro, tan acarameladitos-. Soltó irónicamente y de inmediato reímos.

-Soy cariñosa, igual que tú-. Me soltó una sonrisa que decía "eso te lo crees tú sola". Solté una carcajada y le día un beso en la mejilla a Phoenix, yo era cariñosa ¿o acaso no podía serlo?

-Axelia-. La voz de hombre, alta y enfadada pero a la vez débil y sin más palabras que decir resonó en mis oídos.

InframundoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora