Capítulo 24
Mis sentimientos eran totalmente confusos, durante la cena volví a sentir lo mismo que sentía por él hace tan sólo unos meses. Él problema no era que sino quien.
Phoenix.
Nate.
O Damon, un caso aparte.
Prefería apartártalo por el simple hecho de que a pesar de que en el fondo sentía algo pequeño por él, era mi amigo y sólo me complicaría las cosas. Phoenix era atento, dulce y realmente guapo, pero Nate era irresistible y luchador. Phoenix era como otro hermano para mí, pero un hermano del que estaba completamente enamorada.
Apenas había pasado un año desde la primera que vez que vine, pero habían pasado tantas cosas, que eran difíciles de asimilar.
Un par de meses en un alto cargo como este cansaban. Aburrían. No era difícil, pero era aburrido y hasta agotador algunas veces. Ahora este era mi puesto, es como cuanto a algún trabajador lo asienden a jefe de la empresa. Mucho más cansino.
Cuando tenga hijos dejaré mi puesto y viviré feliz toda la vida. Erróneo. Por muchos cargos que dejáse siempre aparecerían nuevos problemas.
Me subí en Tombola, mi coche, y partí rumbo a la casa de mis padres y Bastian. Mi madre me recibió en la puerta:
-Hola cariño, que agradable sorpresa. Ven, pasa. ¿Has desayunado?
-Sí, pero gracias de todos modos.
-Así me gusta, una hija con buenos modales. Tu padre está en la habitación y Bastian está con alguien de tu agrado viendo el fútbol.- Decidí ver quien era esa persona misteriosa, y de paso ver a los chicos con cuerpos macizos de los equipos de fútbol.
-¡Phoenix, no te esperaba por aquí!
-Pues aquí estoy, supuse que ibas a venir. Es sábado por la mañana y no tengo nada que hacer hoy, como no me contestabas al teléfono vine a ver si estabas aquí.
-Es que ayer llegué tarde a casa y me desperté algo más tarde de lo normal.- Y era cierto, me había tomado un par de copas, que conste que no me emborraché. Llegué a casa sobre las tres de la madrugada y me puse a comer helado de chocolate mientras veía Jane Eyre. Supongo que me dormí sobre las cuatro y media o cinco de la mañana.
Subí a la habitación de mis padres, antes de entrar me paré en la puerta.
-Pero cariño, sabes que es una ilusión para ella- musitó mi madre -. No puedes hacerlo. No debes.
-Mi vida está acabada sin eso, ¿comprendes? Hablaremos con ella y reflexionarémos juntos la decisión- mi padre estaba tenso, era el momento justo para entrar -.
Me intrigaba totalmente que era lo que me hacía ilusión. Yo respetaré la decisión de mi padre, pero si pongo algún "pero", lo tendrá que respetar.
-¿Qué sucede?- Según entre en la habitación los dos callaron de golpe y me miraron compasivamente, tristemente, inexpresivamente...
-Cariño, tenemos que hablar. Necesito recuperar el reino- ¿Qué...?-. Es un favor demasiado grande, ¿quieres cumplirlo?
-Yo...- dudé por un segundo, pero lo tuve claro- Por supuesto. De hecho me estaba planteando dejarlo pero pensaba que sólo podía dejarselo a mis hijos.
La sonrisa iluminada de mi padre me hacía sentir refugiada, sabía que no estaba sola. Amor. Eso es lo que necesita cualquier persona, todos tenemos sentimientos e influyen en carácter. Una persona feliz es alegre, pero una persona triste y amargada es despreciable e inaguantable.
Tras haber dejado atrás la casa de mis padres, Phoenix me llevó a dar una vuelta por toda Nueva York. Me llevó a lugares realmente maravillosos. No habían paisajes, pero en millones de cuadros que habían en museos, ví más que eso. Ví historia. Tú historia la formas tú y nadie más. El guía de una vida debe ser el dueño, y no los demás.
Finalmente fuimos a Central Park y nos comprámos un helado. Escuché como gritaban mi nombre a lo lejos y me giré sobre mis pies.
Nate.
Siempre Nate.
Phoenix estaba incómodo. Se notaba en el ambiente. Y lo mejor que pudo hacer es lo que verdaderamente hizo, irse.
Nos quedamos charlando un rato y finalmente fue hora de irse. La charla del parque fue muy extraña. No había confianza. Pero finalmente en el coche me preguntó lo que llevaba toda la tarde queriendome preguntar.
-Tú y ese chico...
-Phoenix.
-Sí, ese. ¿Sois novios?
-¿Qué? ¡No!- Todo volvió a quedar en silencio, pero lo rompí- ¿Por algo en especial?
-No, por supuesto que no. Sólo por preguntar. Y... ¿Te gusta verdad?
-Puede -si el podía preguntar, ¿porqué yo no?-. ¿Celoso?
-¿Celoso, yo? Por favor, que tontería.
-Sí, ya, claro- ironía total-.
Cuando llegamos aparqué el coche y bajamos. Creo que se iba a tener que ir caminando. Da igual, como no soy yo la que tengo que caminar. Igualmente su casa no estaba muy lejos de allí, caminaría cinco minutos y cuando terminasen contaría hasta diez y estaría acostado en su cama.
Me acompaño hasta la puerta y se despidió de mí. Sonrisas dulces y miradas coquetas, eso fue todo. Cerré la puerta, o eso intenté. Cuando me quedaba un poco para terminar de cerrarla Nate la abrió y me besó.
Me olvidé de todo, del día que había pasado hoy Phoenix, de la charla con mi padre, de todo. Sólo pensaba en Nate. Axelia y Nate. Éramos una buena pareja. Todo comenzó cuadi unos labios se juntaron con otros dulcemente. La dueña de los labios enrrolló sus piernas en el cuerpo del chico.
Nate cerró la puerta y se apoyó contra ella conmigo encima. El beso se volvió pasional y caluroso. Tenía calor, mucho calor.
-Me alegro de que no tengas nada con ese- musitó en mi oreja, luego bajó a mi cuello y lo besó con suavidad-. Si no, no sé que hubiese hecho- lo separé de mi cuello e hice que me mirara a los ojos, se iba a decir-.
-Te quiero- sus ojos brillaron como estrellas y sonrió.
-Y yo- me volvió a besar. Sus labios carnosos y suaves creaban un aura estelar que nos unía. Iba a ser mi primera vez-.
Durante toda la noche disfruté como si fuese el último día de mi vida. Estaba enamorada de verdad. De Nate estaba enamorada. A Phoenix lo quería, lo adoraba, pero no era lo mismo que con Nate.
Te quiero. Y yo. Axelia y Nate en un sólo ser.
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Inframundo
De TodoHasta el momento, yo seguía encerrada en aquel tétrico castillo, pero lo que no sabía era que mi vida pudiese dar un giro tan grande en apenas días y luego, mi historia continuaría.
